PARTE 2: REGRESÉ COMO WRAITH — PERO DESCUBRÍ QUE EL ACCIDENTE DEL VUELO 408 ERA SOLO EL PRINCIPIO – News

PARTE 2: REGRESÉ COMO WRAITH — PERO DESCUBRÍ QUE EL ACCIDENTE DEL VUELO 408 ERA SOLO EL PRINCIPIO

PARTE 2: REGRESÉ COMO WRAITH — PERO DESCUBRÍ QUE EL ACCIDENTE DEL VUELO 408 ERA SOLO EL PRINCIPIO

PARTE 2: REGRESÉ COMO WRAITH — PERO DESCUBRÍ QUE EL ACCIDENTE DEL VUELO 408 ERA SOLO EL PRINCIPIO

Durante años pensé que mi peor enemigo era el cielo.

Me equivoqué.

El cielo nunca me traicionó.

El cielo siempre fue honesto.

Cuando una tormenta se acercaba, lo anunciaba.

Cuando un avión estaba en peligro, daba señales.

Cuando una máquina fallaba, mostraba sus heridas.

Los verdaderos enemigos eran diferentes.

No hacían ruido.

No aparecían en un radar.

Llevaban uniforme.

Tenían rangos.

Y sabían exactamente cómo esconder sus huellas.


La mañana después del incidente del vuelo 408, regresé a la Base Aérea Militar de Santa Lucía.

La misma base que había abandonado seis años antes.

La misma pista donde alguna vez había aterrizado después de misiones que nunca llegaron a los periódicos.

El lugar donde nació Wraith.

Y también donde murió.

O eso había pensado.

Cuando bajé del vehículo, varios soldados dejaron de caminar.

Algunos me reconocieron.

Otros solo miraron mi rostro intentando recordar de dónde me conocían.

Pero hubo uno que no necesitó pensar.

El capitán Diego Morales estaba esperándome al final de la pista.

Seguía usando el mismo uniforme.

La misma mirada seria.

La misma forma de quedarse quieto cuando tenía demasiadas preguntas.

—Pensé que nunca volvería a verte aquí.

Lo miré.

—Yo también.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Porque ambos sabíamos que había demasiadas cosas sin decir.

Finalmente Diego miró hacia los hangares.

—Tenemos un problema.

Suspiré.

—¿Más grande que un Boeing cayendo sobre el Pacífico?

No sonrió.

Y eso me confirmó que sí.


Entramos en una sala de inteligencia.

Las paredes estaban cubiertas con pantallas.

Mapas.

Fotografías.

Informes.

En el centro había una imagen del vuelo 408.

Mi vuelo.

Mi accidente.

Mi regreso.

Pero había algo extraño.

Una línea roja cruzaba el informe.

CAUSA DEL INCIDENTE: FALLA TÉCNICA.

La señalé.

—Eso es mentira.

Diego me miró.

—Lo sabemos.

Tomó otro documento.

—Porque encontramos esto.

Era una fotografía del dispositivo encontrado dentro del avión.

El mismo módulo que había alterado los sistemas.

Pero ahora estaba acompañado de un análisis.

Y una marca.

Un símbolo pequeño.

Casi invisible.

Una sombra negra.

Mi antiguo símbolo.

El símbolo de Wraith.

Sentí un frío en el pecho.

—¿Quién tiene acceso a eso?

Diego respondió:

—Solo alguien que estuvo en tu escuadrón.


Me quedé mirando la pantalla.

Eso era imposible.

Mi escuadrón había terminado después del accidente que destruyó mi carrera.

El informe decía que había sido una misión fallida.

Una pérdida.

Un error.

Pero ahora alguien estaba usando tecnología relacionada con nosotros.

Alguien conocía los códigos.

Los procedimientos.

Las frecuencias.

Alguien conocía a Wraith.


—¿Por qué me enviaron el mensaje? —pregunté.

Diego bajó la mirada.

—Porque alguien quiere que regreses.

—¿Quién?

Silencio.

Después colocó una carpeta sobre la mesa.

La abrí.

Y vi un nombre.

Coronel Esteban Velasco.

Mi antiguo comandante.

El hombre que había firmado mi retiro.

El hombre que dijo que mi carrera había terminado.


Seis años atrás.

Yo era una de las mejores pilotos de combate de México.

Había acumulado miles de horas de vuelo.

Mis compañeros decían que podía sentir un avión antes de tocar los controles.

Pero durante una misión de entrenamiento ocurrió algo.

Mi aeronave perdió sistemas.

El motor falló.

La comunicación desapareció.

Y tuve que eyectarme.

Sobreviví.

Pero mi compañero no.

El informe dijo que fue un accidente.

Yo nunca lo creí.

Porque antes de perder comunicación escuché algo.

Una voz.

Una orden.

Alguien diciendo:

“Eliminen la unidad Wraith.”


Nunca pude probarlo.

Y poco después me retiraron.

Mi nombre desapareció.

Mis archivos fueron cerrados.

Wraith murió oficialmente.

Pero ahora…

alguien había usado mi nombre para atacar un avión civil.


—¿Dónde está Velasco? —pregunté.

Diego tardó en responder.

—Desapareció hace tres semanas.

Sentí que todo encajaba.

El accidente.

El mensaje.

El dispositivo.

El vuelo 408.

Todo era una cadena.


Esa noche revisamos las grabaciones del avión.

Encontramos algo que nadie había visto.

Un pasajero.

Fila 14.

Un hombre que abordó el vuelo treinta minutos antes del cierre.

No apareció en ningún registro.

No tenía equipaje.

No tenía destino confirmado.

Solo una cosa.

Un dispositivo militar antiguo.

Diego amplió la imagen.

Y entonces lo reconocí.

—No puede ser.

Diego me miró.

—¿Lo conoces?

No respondí inmediatamente.

Porque había pasado años intentando olvidar ese rostro.

El teniente Marco Salas.

Mi antiguo compañero.

Mi amigo.

El piloto que todos creían muerto.


La habitación quedó en silencio.

—Marco murió en aquella misión.

Diego negó lentamente.

—Eso pensamos.

Miré la pantalla.

El hombre aparecía caminando por el aeropuerto antes del vuelo.

Vivo.

Tranquilo.

Como si nunca hubiera desaparecido.


Fuimos a buscar más información.

Pero alguien llegó antes.

Los archivos fueron eliminados.

Otra vez.

Las cámaras fueron borradas.

Otra vez.

Y entonces entendí.

No estábamos persiguiendo una conspiración.

Estábamos dentro de ella.


A medianoche recibimos una transmisión.

Una frecuencia antigua.

La misma que usábamos durante misiones de combate.

La voz apareció.

—Hola, Wraith.

Me quedé congelada.

Porque reconocí la voz.

Marco.

—Pensé que estabas muerto.

Una risa baja respondió.

—Eso era exactamente lo que necesitaba que todos pensaran.

Diego tomó el arma que llevaba en la cintura.

Yo levanté una mano.

Todavía no.

Necesitaba respuestas.

—¿Tú causaste el accidente?

Silencio.

Después:

—No.

Pausa.

—Yo intenté detenerlo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

Marco continuó.

—El vuelo 408 no era el objetivo.

Miré a Diego.

—Entonces, ¿qué era?

La respuesta llegó lentamente.

—Una prueba.


Sentí un peso en el estómago.

—¿Una prueba de qué?

—De quién sigue obedeciendo órdenes.

La comunicación comenzó a cortarse.

Antes de desaparecer, Marco dijo:

—Nora, escucha.

—¿Qué?

—Nunca te retiraron porque fallaste.

Silencio.

—Te retiraron porque descubriste algo.


La señal terminó.


Durante los siguientes días investigamos en secreto.

Descubrimos algo que nadie esperaba.

El accidente del vuelo 408 no fue un intento de destruir un avión.

Fue una demostración.

Alguien quería demostrar que podía controlar sistemas militares desde dentro.

Y necesitaba una prueba real.

Una aeronave civil.

Una emergencia.

Una situación donde nadie sospechara.


Pero había algo peor.

El dispositivo encontrado en el avión tenía una fecha.

Una fecha futura.

No era una operación terminada.

Era el primer paso.


El siguiente objetivo apareció tres días después.

Una aeronave militar mexicana desapareció durante un vuelo de rutina.

Sin señal.

Sin comunicación.

Sin explicación.

Exactamente como el vuelo 408.

Diego me miró.

—Esto comenzó otra vez.

Me puse el uniforme que había guardado durante seis años.

No porque quisiera volver.

Sino porque alguien había obligado a Wraith a despertar.


Antes de subir al avión, miré mi antigua insignia.

La misma que pensé que nunca volvería a usar.

Wraith.

La sombra.

La piloto que desapareció.

La mujer que todos creían retirada.

Pero la verdad era diferente.

Nunca había dejado de ser quien era.

Solo estaba esperando una razón para regresar.


Subí al caza.

Los motores comenzaron a rugir.

La torre dio autorización.

Y mientras la aeronave despegaba hacia el cielo mexicano, recibí un último mensaje.

No era de Diego.

No era de Marco.

Era de un número desconocido.

Solo decía:

“Bienvenida de vuelta, Mayor Salazar.”

Me quedé mirando la pantalla.

Porque había una cosa que nadie sabía.

Ese no era mi nombre oficial.

Mi apellido había sido cambiado después de mi retiro.

Pero alguien acababa de usar mi verdadero nombre.

El nombre enterrado.

El nombre que solo unas pocas personas conocían.

Y eso significaba una cosa.

La persona detrás de todo esto…

no solo conocía a Wraith.

Me conocía a mí.


El avión atravesó las nubes.

Debajo estaba México.

Arriba estaba la misión.

Y por primera vez en seis años…

volví a escuchar aquella palabra en la radio.

“Wraith, objetivo localizado.”

Sonreí.

Porque la sombra había regresado.

Pero esta vez…

no iba a desaparecer.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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