Capítulo 4: El documento que mi padre mantuvo oculto – News

Capítulo 4: El documento que mi padre mantuvo oculto

Capítulo 4: El documento que mi padre mantuvo oculto

Capítulo 4: El documento que mi padre mantuvo oculto

Me quedé mirando la firma de Dominic.

No podía entender por qué aparecía en un documento relacionado con el apartamento que mi padre me había regalado antes de nuestra boda.

—Papá, ¿qué significa esto?

Charles Brooks respiró profundamente.

—Cuando decidiste casarte con Dominic, quise asegurarme de que tuvieras un lugar propio. Por eso compré el apartamento a través de una sociedad familiar y después lo transferí legalmente a tu nombre.

—Eso ya lo sabía.

—Lo que no sabes es que, antes de la transferencia, una empresa vinculada a Dominic intentó adquirir una participación en el edificio.

Sentí un escalofrío.

—¿Dominic conocía el apartamento antes de conocerme?

—No puedo asegurarlo. Pero su nombre aparece en una propuesta comercial presentada varios meses antes de vuestra boda.

Margaret tomó el documento.

—Aquí hay una cláusula que debemos revisar. La sociedad de Dominic intentó negociar con la empresa que administraba el inmueble. Sin embargo, la operación nunca se completó.

—¿Y por qué aparece su firma?

Mi padre me miró con tristeza.

—Porque Dominic conocía la existencia del proyecto. Cuando te conoció, no sabía quién era yo realmente, pero parece que descubrió quién era tu familia más adelante.

Me llevé una mano a la frente.

—¿Cuándo?

Margaret revisó los documentos.

—Tenemos que reconstruir las fechas. Pero lo importante es que el apartamento fue transferido legalmente a usted y que Dominic no obtuvo ningún derecho de propiedad por aquella negociación.

Mi padre cerró la carpeta.

—No quería contarte esto durante tu matrimonio porque esperaba que Dominic te quisiera por quien eras. Pero ahora necesitamos conocer toda la verdad.

Sentí que las lágrimas comenzaban a acumularse.

—¿Crees que me utilizó desde el principio?

—No lo sé, hija. Pero sé que no voy a permitir que siga utilizando tu nombre para sus negocios.

A la mañana siguiente, Margaret recibió una respuesta del banco.

La solicitud para modificar los datos de contacto había sido presentada utilizando documentos que Dominic había obtenido durante nuestro matrimonio.

Además, la entidad confirmó que alguien había intentado realizar una operación que requería mi autorización expresa.

El banco la había rechazado.

—Eso significa que no consiguieron acceder a sus bienes —me explicó Margaret—. Pero debemos presentar una denuncia formal para que se investigue el intento.

—Hagámoslo.

Mi padre asintió.

—Y quiero que se revise cualquier documento en el que aparezca mi nombre.

Margaret tomó nota.

En ese momento, recibí un mensaje de Victoria.

Audrey, tu marido está pasando por un momento terrible. Si tienes algo de decencia, retirarás tus acusaciones. No olvides que Dominic es el padre de tu hijo.

Le mostré el mensaje a Margaret.

—Guárdelo también —me aconsejó.

Después llegó otro.

Además, deberías preguntarte por qué tu padre nunca te contó toda la verdad sobre el apartamento. Quizá no es tan generoso como pretende.

Miré a Charles.

Él no dijo nada.

Pero su silencio me hizo comprender que todavía existían cosas que necesitaba saber.

Esa tarde, Dominic apareció en la entrada de la residencia.

El personal de seguridad me avisó antes de permitirle acercarse. Margaret me recomendó que no hablara con él a solas.

Acepté recibirlo en una sala común, con mi padre y la abogada presentes.

Dominic entró con un ramo de flores.

Rosas amarillas.

Las mismas que Ethan había comprado con sus últimos doce dólares en el cumpleaños de mi madre… No. No eran las mismas flores ni la misma historia; eran simplemente las que Dominic había elegido para intentar recuperar mi confianza.

Las dejó sobre la mesa.

—Audrey, sé que las cosas se han complicado.

No respondí.

—He cometido algunos errores con los documentos, pero nunca quise perjudicarte.

—¿Por qué utilizaste mi apartamento para conseguir financiación?

—Era una operación temporal.

—¿Por qué presentaste una autorización con mi firma?

—Mi asistente preparó los documentos. Yo pensé que estaban en orden.

Margaret intervino.

—Entonces podrá proporcionar la identidad de esa persona y toda la correspondencia relacionada con la operación.

Dominic la miró con desprecio.

—No estoy hablando con usted.

—Está hablando delante de mi abogada —respondí—. Si tiene algo que decir, puede decirlo con claridad.

Él se pasó una mano por la cara.

—Necesitaba cerrar el acuerdo. Mi empresa tenía problemas de liquidez y los inversores exigían garantías adicionales.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Porque sabía que tu padre se opondría.

Mi padre se inclinó hacia delante.

—¿Y eso te dio derecho a falsificar mi firma?

Dominic se quedó callado.

—No falsifiqué tu firma —murmuró finalmente—. Alguien se encargó de esos documentos.

—¿Quién? —pregunté.

Dominic miró hacia la puerta.

—Victoria.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Mi suegra preparó los documentos?

—Ella tenía contactos en la empresa que gestionaba la operación. Me dijo que podía conseguir las autorizaciones necesarias.

Margaret anotó la declaración.

—¿Está afirmando que su madre participó en la preparación de una autorización no consentida?

Dominic bajó la mirada.

—Estoy diciendo que ella se encargó de los trámites.

No era una confesión completa, pero era la primera vez que Dominic reconocía que alguien de su familia había intervenido.

—¿Y el número de teléfono que aparece en los documentos? —pregunté.

Él no respondió.

—Dominic, ¿de quién es?

Finalmente, susurró:

—De un asesor financiero que trabaja con mi madre.

Margaret cerró su carpeta.

—Necesitaremos esa información por escrito.

Dominic se levantó.

—No voy a permitir que destruyas a mi familia.

Lo miré directamente.

—No estoy destruyendo nada. Estoy intentando proteger a mi hijo y recuperar el control de mi propia vida.

Se marchó sin tocar las flores.

Dos días después, la situación dio un giro inesperado.

El abogado de Dominic contactó con Margaret para informar que su cliente estaba dispuesto a entregar los correos electrónicos y los registros de las operaciones financieras.

A cambio, quería que yo retirara cualquier reclamación contra él.

Margaret rechazó la propuesta.

—La investigación no depende de un acuerdo privado —me explicó—. Y usted no tiene obligación de renunciar a sus derechos para que alguien colabore.

Mientras tanto, mi recuperación avanzaba lentamente. Podía caminar distancias cortas sin tanto dolor y empezaba a disfrutar de los momentos tranquilos con Leo.

Una tarde, mientras lo alimentaba, mi padre entró con una expresión seria.

—Audrey, han localizado al asesor financiero.

—¿Quién es?

Me entregó una fotografía.

Reconocí inmediatamente al hombre.

Era Robert Hayes, el hermano mayor de Victoria.

El mismo hombre que había asistido a nuestra boda y que, durante años, había presumido de conocer a importantes inversores.

—¿Él también está involucrado?

—Su nombre aparece en los correos relacionados con la solicitud de financiación —respondió mi padre—. Y hay algo más.

Sacó una hoja impresa.

Era un mensaje enviado desde la cuenta de Robert a Dominic tres semanas antes de mi cesárea.

Decía:

«Cuando Audrey esté en el hospital, tendremos una oportunidad para terminar la operación. No podrá intervenir inmediatamente y tú podrás presentar los documentos sin tantas preguntas».

Sentí que se me helaba la sangre.

No solo habían utilizado mi recuperación como una oportunidad.

Habían esperado deliberadamente a que estuviera vulnerable.

Mi padre apretó los labios.

—Esto es exactamente lo que quería evitar.

Tomé el documento con las manos temblorosas.

—¿Qué vamos a hacer?

—Margaret ya ha entregado la información a las autoridades competentes. Ahora debemos dejar que investiguen.

Esa misma noche recibí una llamada de Dominic.

Su voz sonaba desesperada.

—Audrey, por favor, escucha. No sabía que Robert había escrito eso.

—Pero sabías que estaban intentando utilizar mis bienes.

—Yo solo quería salvar mi empresa.

—¿Y pensaste que podías hacerlo poniendo en peligro el futuro de nuestro hijo?

Hubo un largo silencio.

Después dijo:

—Victoria está furiosa. Dice que Robert tiene documentos que pueden perjudicar a tu padre.

Miré hacia Charles.

Mi padre permaneció inmóvil.

—¿Qué documentos? —pregunté.

Dominic bajó la voz.

—Una antigua operación financiera relacionada con una empresa que trabajó con el Ejército. Robert cree que puede utilizarla para presionar a tu padre.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Estás amenazando a mi padre?

—No. Solo te estoy advirtiendo.

La llamada terminó.

Margaret, que había escuchado la conversación, me pidió que le enviara inmediatamente todos los detalles.

Mi padre se levantó y caminó hacia la ventana.

—Robert está intentando mezclar una disputa comercial con asuntos de mi antiguo servicio militar. No voy a permitir que utilice información fuera de contexto para intimidar a mi familia.

—Papá, ¿qué puede hacer?

Él se volvió hacia mí.

—Lo que corresponda por la vía legal. Pero hay algo que debes saber: no todas las personas que aparecen en esos documentos trabajaron para mí. Algunas solo intentan aprovecharse de mi antiguo cargo.

Entonces Margaret recibió un correo urgente.

Lo abrió y leyó en silencio.

Su expresión cambió.

—Audrey, Robert acaba de presentar una reclamación contra la propiedad del apartamento.

—¿Qué?

—Afirma que existe un acuerdo privado anterior a su matrimonio con Dominic que le concede derechos económicos sobre el inmueble.

Miré a mi padre.

Él permaneció en silencio unos segundos.

Después dijo:

—Ese acuerdo no existe.

Margaret levantó la vista.

—Entonces tendremos que demostrarlo.

Y mientras Leo dormía en mis brazos, comprendí que aquella batalla ya no se trataba solamente de mi matrimonio.

Alguien estaba intentando convertir un regalo de mi padre en una herramienta para extorsionar a nuestra familia.

Pero todavía no sabían que Charles Brooks había guardado todos los documentos originales.

Y que, entre ellos, existía una prueba capaz de desmontar toda la mentira.

Continuará en el capítulo 5…

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles