Parte 3 — La voz detrás de la puerta – News

Parte 3 — La voz detrás de la puerta

Parte 3 — La voz detrás de la puerta

La voz volvió a sonar.

—Ethan… tenemos que hablar.

Reconocí aquella voz.

Daniel.

Mi hermano.

Durante unos segundos nadie se movió.

Lily seguía abrazada a mi cintura.

Marlene tenía una mano sobre su pecho y respiraba con dificultad.

Yo permanecí frente a la puerta.

—¿Daniel?

—Sí.

—¿Qué haces en mi casa?

Silencio.

Después respondió:

—No quería que esto terminara así.

Sentí que la sangre me hervía.

—Aléjate de la puerta.

—Ethan, escucha primero.

—¡Aléjate!

Escuché un paso hacia atrás.

Entonces miré mi teléfono.

El operador del 911 seguía en línea.

—Estoy en mi casa —dije en voz baja—. Hay un hombre dentro. Creo que es mi hermano. Mi esposa está arriba y mi hija está conmigo.

La operadora me pidió que permaneciera en un lugar seguro y que no enfrentara al intruso.

Pero Daniel volvió a hablar.

—No soy yo quien está intentando hacerle daño a Elena.

Miré a Marlene.

Ella bajó la mirada.

—¿Entonces quién? —pregunté.

Daniel tardó unos segundos en responder.

—Tú ya tienes la respuesta.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Qué significa eso?

—Mira la fotografía otra vez.

Saqué la imagen de mi bolsillo.

La observé bajo la luz.

La silueta detrás de la puerta seguía allí.

La camisa era idéntica a una que Daniel había usado durante años.

Pero había algo que no había notado antes.

El hombre de la fotografía llevaba un reloj en la muñeca izquierda.

Daniel siempre llevaba su reloj en la derecha.

Mi respiración se detuvo.

—No eres tú.

—No.

Marlene cerró los ojos.

—Dios mío…

Me giré hacia ella.

—¿Tú sabías esto?

—No sabía quién era.

—¡Pero sabías que alguien estaba entrando!

Marlene comenzó a llorar.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace tres meses.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—¿Tres meses?

—Elena empezó a sospechar antes que nadie.

Recordé todas las conversaciones que había tenido con mi esposa.

Las puertas abiertas.

Las luces encendidas.

Los objetos que desaparecían y luego aparecían en lugares diferentes.

Los pasos durante la madrugada.

Las veces que Elena me había dicho:

«Ethan, alguien estuvo aquí».

Y yo había respondido:

«Amor, probablemente estás cansada».

Me llevé una mano a la cara.

Había estado tan equivocado.

Daniel volvió a hablar desde el otro lado.

—Ethan, abre la puerta.

—No.

—Tengo pruebas.

—Déjalas en el suelo y retrocede.

Escuché algo deslizarse por debajo de la puerta.

Un sobre marrón.

Esperé unos segundos antes de agacharme.

Lo recogí.

Dentro había varias fotografías.

La primera mostraba a Elena entrando a una farmacia.

La segunda mostraba a Marlene hablando con alguien en un estacionamiento.

La tercera me dejó sin palabras.

Era una fotografía de mi propia casa.

Tomada desde el otro lado de la calle.

La fecha era de seis semanas atrás.

—¿Quién tomó estas fotografías?

—Yo —respondió Daniel.

Levanté la cabeza.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Por qué estabas vigilando mi casa?

—Porque alguien más lo estaba haciendo.

Pasé a la siguiente fotografía.

Era una imagen de Elena saliendo del hospital.

La fecha coincidía con el día en que me había dicho que se sentía mareada.

Después apareció otra fotografía.

Mi corazón dio un vuelco.

Era yo.

Entrando en una farmacia.

Pero yo no recordaba haber estado allí.

—¿Qué demonios…?

Daniel habló:

—Ese día no eras tú quien estaba entrando en esa farmacia.

Miré la fotografía nuevamente.

La persona llevaba mi misma chaqueta.

Pero su rostro estaba parcialmente oculto.

—¿Quién es?

—No lo sé.

—Entonces, ¿cómo sabes que no era yo?

Daniel guardó silencio.

—Porque yo estaba contigo ese día.

Recordé entonces algo que había olvidado.

Daniel había venido a verme aquella tarde.

Habíamos almorzado juntos.

Había estado conmigo hasta las seis.

La fotografía estaba fechada a las ocho y veinte.

Dos horas después.

Sentí un escalofrío.

—Alguien estaba usando mi ropa.

—Exactamente.

Marlene dio un paso hacia mí.

—Ethan…

—Todavía no.

Me giré hacia ella.

—Quiero saberlo todo.

—Te lo contaré.

—Ahora.

Marlene respiró profundamente.

—Hace tres meses, Elena encontró una pequeña cámara escondida en el dormitorio.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Una cámara?

—Sí.

—¿Dónde?

—Dentro del detector de humo.

Lily comenzó a llorar otra vez.

—Yo la vi.

Me agaché junto a ella.

—¿Viste qué, cariño?

—Vi a alguien quitarla.

—¿Quién?

Lily miró hacia la puerta.

—No pude verle la cara.

Daniel habló desde el pasillo.

—Porque llevaba una gorra.

Marlene negó con la cabeza.

—No sabemos quién era.

—Pero sabes quién tenía acceso a la casa —dije.

Ella no respondió.

Y entonces entendí.

—Daniel.

Mi hermano respondió:

—Sí.

—¿Quién tiene llave de nuestra casa?

Silencio.

—Ethan…

—¿Quién?

Marlene bajó la mirada.

—Tu hermano.

Me quedé inmóvil.

Daniel habló:

—Yo tenía una llave. Pero la devolví hace seis meses.

—¿A quién?

No contestó.

—Daniel.

Finalmente respondió:

—A Elena.

Miré a Marlene.

Su rostro había cambiado.

—¿Qué?

—Elena me pidió que se la diera.

—¿Por qué?

—Porque sospechaba que alguien de tu familia estaba entrando.

Sentí que todo encajaba demasiado rápido.

Elena no estaba imaginando cosas.

Había estado investigando.

Había encontrado una cámara.

Había descubierto que alguien tenía acceso.

Y después había comenzado a tomar medicamentos que quizá ni siquiera le habían sido recetados.

—La receta —dije.

Marlene asintió.

—La falsificaron.

—¿Quién?

—No lo sabemos.

Daniel golpeó suavemente la puerta.

—Ethan, hay algo que todavía no te he contado.

Me levanté.

—¿Qué?

—Encontré al médico que aparece en la receta.

Mi corazón se aceleró.

—¿Y?

—Dice que nunca atendió a Elena.

El silencio fue absoluto.

—Entonces alguien falsificó la receta —dije.

—Sí.

—Y consiguió el medicamento.

—Sí.

—Y se lo puso en una taza.

—Sí.

Miré a Lily.

—¿Cuándo empezó esto?

Daniel respondió:

—Hace tres meses.

—¿Y por qué?

Esta vez nadie contestó.

Entonces se escuchó un sonido.

Un teléfono vibrando.

Todos miramos hacia la cama.

No era mi teléfono.

Tampoco el de Marlene.

Lily señaló debajo de la mesita.

—Papá…

Me acerqué lentamente.

Había un teléfono negro escondido debajo.

Lo recogí.

La pantalla estaba encendida.

Tenía una sola notificación.

«Deja de buscar.»

Sentí un frío recorrerme la espalda.

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez apareció otro mensaje.

«Si quieres que Elena despierte, ven solo.»

Marlene se llevó una mano a la boca.

—Ethan…

Miré hacia la puerta.

—Daniel.

—¿Sí?

—¿Dónde está Elena?

No respondió inmediatamente.

—Ethan…

—¿Dónde está mi esposa?

Silencio.

Entonces Daniel dijo algo que hizo que se me helara la sangre.

—No está en el hospital.

—¿Qué?

—La saqué de la casa esta mañana.

—¿Dónde está?

—En un lugar seguro.

—¡Dime dónde!

—No puedo.

—¡Daniel!

—Porque si te digo dónde está, ellos sabrán que todavía está viva.

Sentí que el mundo desaparecía bajo mis pies.

—¿Ellos?

Daniel respondió en voz baja:

—Sí.

—¿Quiénes son «ellos»?

Antes de que pudiera contestar, escuchamos un golpe en la ventana.

Todos nos giramos.

La ventana estaba cerrada.

Pero algo había caído afuera.

Me acerqué lentamente.

Aparté la cortina.

Había una pequeña caja negra sobre el alféizar.

La abrí.

Dentro había una fotografía.

Mi esposa.

Elena estaba sentada en una silla.

Tenía los ojos cerrados.

Pero estaba viva.

En la esquina inferior de la fotografía había una frase escrita a mano:

«Tu hermano te está mintiendo.»

Levanté la mirada hacia Daniel.

—¿Qué significa esto?

Por primera vez, mi hermano no respondió.

Y entonces escuchamos sirenas acercándose a la casa.

La policía finalmente había llegado.

Pero antes de que alguien pudiera abrir la puerta, el teléfono negro volvió a vibrar.

Un último mensaje apareció en la pantalla.

«Llegaron demasiado tarde.»

Debajo había una segunda línea.

«Ahora mira quién está detrás de ti.»

Me quedé completamente inmóvil.

No quería girarme.

Pero Lily comenzó a gritar.

—¡Papá!

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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