Capítulo 4: La Verdad Que Descubrí Cinco Años Demasiado Tarde
Capítulo 4: La Verdad Que Descubrí Cinco Años Demasiado Tarde
No podía apartar los ojos de la pantalla.
El correo llevaba cinco años guardado en aquella carpeta.
Cinco años.
Y durante todo ese tiempo había creído que Daniel había aparecido en mi vida por casualidad.
Que me había conocido cuando mi empresa apenas comenzaba a crecer.
Que se había enamorado de mí.
Que su familia simplemente tenía una forma extraña y anticuada de entender el matrimonio.
Todo era mentira.
Leí el correo una segunda vez.
Después una tercera.
Daniel le había escrito a Lorraine poco después de conocerme.
No hablaba de sentimientos.
No hablaba de nuestra relación.
Hablaba de mi empresa.
De mis propiedades.
De mis cuentas.
Y, sobre todo, de mi futuro.
“Creo que Elena puede ser exactamente lo que necesitamos.”
Eso era lo primero que había escrito.
Sentí un vacío en el pecho.
Seguí leyendo.
“Su empresa está creciendo rápidamente. Todavía confía demasiado en la gente que tiene cerca y no conoce todos los detalles financieros. Si me gano su confianza, podremos entrar poco a poco.”
Cerré los ojos.
Durante cinco años había compartido mi vida con un hombre que me había estudiado como si yo fuera una oportunidad de negocio.
Victoria permaneció en silencio mientras yo seguía leyendo.
Entonces apareció una frase que me hizo dejar de respirar.
“No quiero apresurar las cosas. Si todo sale bien, me aseguraré de que el matrimonio ocurra cuando sea más conveniente para nosotros.”
Samuel levantó la mirada.
—¿Dice eso literalmente?
Asentí.
—Sí.
Victoria extendió la mano.
—Déjame verlo.
Le pasé el portátil.
Ella leyó el correo con atención.
Después revisó la fecha.
—Esto es importante.
—¿Por qué?
—Porque demuestra intención previa.
Sentí que la rabia comenzaba a reemplazar la tristeza.
—¿Y qué más?
Victoria siguió leyendo.
—Hay una parte que menciona a tu padre.
Mi corazón se detuvo.
—¿A mi padre?
Me incliné hacia la pantalla.
Daniel había escrito:
“Su padre dejó algunos activos a nombre de Elena. Cuando llegue el momento adecuado, será mucho más sencillo moverlos.”
Me quedé completamente inmóvil.
Mi padre había fallecido años atrás.
Cuando murió, dejó algunos bienes a mi nombre.
Yo nunca había permitido que Daniel administrara directamente aquella herencia.
Pero sí había hablado con él sobre algunos de esos activos.
Confiaba en él.
Demasiado.
—Dios mío…
Victoria cerró lentamente el portátil.
—Elena, necesito que recuerdes algo.
—¿Qué?
—No eres responsable de lo que ellos hicieron.
La miré.
—Pero fui yo quien confió en él.
—Confiar en alguien no es un delito.
Hizo una pausa.
—Falsificar tu firma sí puede serlo.
Aquellas palabras cambiaron algo dentro de mí.
Hasta ese momento me había sentido humillada.
Había sentido que había sido una idiota.
Pero ahora comprendía que el problema nunca había sido confiar.
El problema era que ellos habían convertido mi confianza en una herramienta para manipularme.
Victoria llamó a un investigador financiero que conocía.
Durante las siguientes horas revisamos documentos antiguos.
Cada vez aparecía una pieza nueva.
Una empresa creada por un conocido de Daniel.
Una transferencia que había desaparecido de mis registros.
Un contrato firmado sin que yo supiera que existía.
Una propiedad que había sido utilizada como garantía.
Y finalmente encontramos algo todavía peor.
Una transferencia de mi cuenta personal.
La cantidad era enorme.
Y el destinatario era una empresa registrada a nombre de Lorraine.
—Yo nunca autoricé esto —dije.
Victoria revisó la documentación.
—Aquí aparece tu firma digital.
—No fui yo.
—Entonces necesitamos demostrar quién la utilizó.
Samuel se inclinó hacia la pantalla.
—¿Cuándo se hizo esta transferencia?
Leí la fecha.
Mi estómago se revolvió.
—El día que estuve ingresada en el hospital.
Todos quedaron en silencio.
Había sufrido una fuerte infección aquel año.
Estuve varios días hospitalizada.
Durante ese tiempo Daniel se había ocupado de mis asuntos.
Me había dicho que estaba pagando facturas y gestionando algunas operaciones de mi empresa.
Yo le había agradecido.
Ahora entendía lo que realmente había hecho.
Había utilizado mi ausencia para mover dinero.
Victoria tomó una fotografía del documento.
—Esto puede ser suficiente para abrir una investigación formal.
—Hazlo.
—¿Estás segura?
Miré todas las pruebas sobre la mesa.
—Nunca he estado tan segura de nada.
Pero antes de que pudiéramos continuar, mi teléfono comenzó a sonar.
Número desconocido.
Contesté.
—¿Sí?
No hubo respuesta durante unos segundos.
Después escuché la voz de Daniel.
—Elena.
Su tono era diferente.
Ya no sonaba arrogante.
Sonaba nervioso.
—¿Qué quieres?
—Quiero verte.
—No.
—Solo cinco minutos.
—No tenemos nada que hablar.
—Sí tenemos.
Su voz se quebró ligeramente.
—Porque no sabes toda la verdad.
Solté una pequeña risa.
—Creo que sé bastante más de lo que tú crees.
Hubo silencio.
—¿Encontraste el correo?
No respondí.
Daniel suspiró.
—Entonces escucha antes de hacer algo estúpido.
—¿Estúpido?
—Si entregas esos documentos, no solo me destruirás a mí.
Mi expresión cambió.
—¿Qué significa eso?
—Significa que algunas de las operaciones también aparecen a tu nombre.
Victoria hizo un gesto para que pusiera el teléfono en altavoz.
Lo hice.
—¿Me estás amenazando? —pregunté.
—No.
—Entonces, ¿qué haces?
—Intento protegerte.
Victoria escribió rápidamente en una hoja:
“Haz que hable.”
Seguí la conversación.
—¿Protegerme de qué?
Daniel tardó unos segundos.
—De Lorraine.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué tiene que ver mi suegra con esto?
—Todo.
—Entonces explícame.
Silencio.
—Daniel.
Finalmente respondió.
—Lorraine no comenzó este plan.
Me quedé helada.
—¿Qué?
—Ella recibió instrucciones de alguien más.
Victoria y Samuel se miraron.
—¿De quién? —pregunté.
Daniel respiró profundamente.
—De alguien que tú conoces.
—Dime el nombre.
—No puedo.
—Entonces no tenemos nada más que hablar.
—¡Elena, espera!
Colgué.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Victoria fue la primera en hablar.
—Está intentando dividirnos.
—Lo sé.
—Pero hay algo interesante.
—¿Qué?
—Ha confirmado que Lorraine no actuaba sola.
Miré la pantalla del teléfono.
—Entonces necesitamos encontrar quién está detrás.
Aquella noche regresé a casa.
No encendí las luces.
Me senté junto a la ventana y observé las calles.
Por primera vez en años, repasé mentalmente cada etapa de mi relación con Daniel.
El día que nos conocimos.
La primera cena.
La primera vez que conoció a mi padre.
La primera vez que me habló de invertir en bienes raíces.
El día que me convenció de confiarle algunos documentos.
La primera vez que conocí a Lorraine.
Todo parecía diferente ahora.
Entonces recordé algo.
Una persona había estado presente durante casi todos esos momentos.
Una persona a la que nunca había considerado peligrosa.
Mi antiguo socio.
Michael.
Cinco años atrás, antes de que mi empresa creciera, Michael había intentado convencerme de vender parte de mis acciones.
Me negué.
Poco después abandonó la empresa.
Y Daniel apareció.
Abrí los archivos antiguos de mi ordenador.
Busqué su nombre.
Apareció una conversación.
La fecha coincidía con el primer correo que Daniel había enviado a Lorraine.
Sentí un escalofrío.
Abrí el archivo.
Michael había escrito:
“Ella no venderá mientras confíe en nosotros. Necesitamos otra estrategia.”
Mi respiración se aceleró.
Luego encontré una segunda conversación.
Esta vez entre Michael y Daniel.
“Haz que se enamore de ti. El resto será fácil.”
Me llevé una mano a la boca.
Durante cinco años había pensado que Daniel había sido el cerebro de todo.
No lo era.
Era solo una pieza.
Y entonces comprendí por qué Daniel estaba tan desesperado por detenerme.
Porque si yo seguía investigando, no solo caería su empresa.
Caería toda la red.
Y quizá el hombre que realmente había estado moviendo los hilos desde el principio.
Mi teléfono vibró.
Un nuevo mensaje.
No era de Daniel.
Era de un número desconocido.
Solo decía:
“Deja de investigar o la próxima vez no será tu boda la que termine en lágrimas.”
Miré el mensaje.
Después miré la memoria USB sobre la mesa.
Ya no tenía miedo.
Tenía algo mucho más peligroso.
Pruebas.
Y al día siguiente iba a descubrir exactamente quién había enviado aquel mensaje.