Capítulo 3: El secreto de nuestra hija era mucho más profundo – News

Capítulo 3: El secreto de nuestra hija era mucho más profundo

Capítulo 3: El secreto de nuestra hija era mucho más profundo

Capítulo 3: El secreto de nuestra hija era mucho más profundo

Lauren se quedó mirándome como si acabara de dejar de reconocerme.

—¿Qué quieres decir con que hay otro secreto?

No respondí de inmediato.

Miré hacia mi hija.

Estaba sentada sobre una manta junto a sus primos, intentando abrir uno de sus regalos mientras mi madre la ayudaba.

Sonreía.

Completamente ajena a la conversación que podía cambiar su vida.

—No quiero hablar de esto aquí —dije.

Lauren asintió.

Entramos en la casa y cerramos la puerta que daba al patio.

Los sonidos de la fiesta quedaron amortiguados.

Por unos segundos, solo pudimos escuchar las voces lejanas de los niños.

Lauren se abrazó a sí misma.

—Dime la verdad.

Saqué otro documento de mi bolsillo.

—Hace seis meses contraté a un investigador privado.

Ella levantó la mirada.

—¿Para investigar a Ethan?

—No.

—¿Entonces a quién?

—A ti.

Lauren se quedó inmóvil.

—¿A mí?

—Sí.

—¿Por qué?

La miré directamente.

—Porque había demasiadas cosas que no tenían sentido.

Le expliqué que, durante años, había notado pequeños detalles.

Lauren nunca hablaba de su embarazo.

Nunca me enseñaba fotografías de las primeras semanas.

Había evitado que yo buscara los registros médicos antiguos de nuestra hija.

Y, sobre todo, había una contradicción que no podía ignorar.

—¿Recuerdas lo que me dijiste cuando nació?

Lauren bajó la mirada.

—Que había nacido prematura.

—Exactamente.

—¿Y?

—Los registros del hospital dicen otra cosa.

Saqué una copia.

Lauren la tomó.

Sus ojos recorrieron las primeras líneas.

Después palideció.

—No puede ser.

—Sí puede.

—Aquí dice que nació a término.

—Correcto.

Ella comenzó a respirar más rápido.

—Entonces alguien cambió los documentos.

—Eso es lo que parece.

Lauren negó con la cabeza.

—Yo no hice eso.

—Lo sé.

Aquella respuesta pareció desconcertarla.

—¿Entonces quién?

—Eso fue lo que intenté descubrir.

Le mostré otra hoja.

—El investigador encontró algo extraño en los registros de aquella época.

—¿Qué?

—Tu hija no fue registrada inmediatamente con tu nombre completo.

Lauren frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Durante casi cuarenta y ocho horas, el expediente tenía otro apellido.

Ella levantó la mirada.

—¿Cuál?

Le entregué el documento.

Lauren leyó el nombre.

Y se llevó una mano a la boca.

Era el apellido de Ethan.

—No…

—Sí.

Lauren dejó caer el papel.

—Pero eso fue un error del hospital.

—Eso es lo que pensé al principio.

—¿Y ahora?

—Ahora creo que alguien quiso que pareciera un error.

Lauren retrocedió.

—¿Quién?

—No lo sé todavía.

Ella se quedó en silencio.

Entonces preguntó:

—¿Ethan sabía esto?

—Sí.

—¿Cómo?

—Porque fue él quien consiguió una copia de ese expediente.

Lauren cerró los ojos.

—Dios mío…

—Y eso explica por qué regresó.

Ella me miró.

—¿Porque quería reconocerla como su hija?

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué quería?

Saqué mi teléfono.

Había recibido un mensaje esa misma mañana.

Se lo mostré.

Era de Ethan.

Solo decía:

“Pregúntale a Lauren qué ocurrió la noche antes de que naciera la niña.”

Lauren dejó de respirar por un segundo.

—No.

—¿Qué pasó aquella noche?

—No puedo.

—Lauren.

Ella comenzó a llorar.

—Pensé que nunca tendrías que saberlo.

—Ya no puedes protegerme con mentiras.

Se sentó.

Durante varios segundos no dijo nada.

Finalmente susurró:

—Entré en trabajo de parto antes de tiempo.

—¿Y?

—Ethan estaba allí.

La miré.

—¿En el hospital?

Ella asintió.

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque no quería que supieras que él había estado conmigo.

—¿Qué más ocurrió?

Lauren se cubrió el rostro.

—Antes de que naciera nuestra hija, Ethan discutió con el médico.

—¿Sobre qué?

—Sobre los documentos.

Fruncí el ceño.

—¿Qué documentos?

—Los registros de nacimiento.

Mi estómago se revolvió.

—¿Qué quería hacer?

—Quería que la niña apareciera registrada con su apellido.

—¿Y el médico aceptó?

Lauren negó con la cabeza.

—No.

—Entonces, ¿quién lo hizo?

Ella no respondió.

Me levanté.

—Lauren, necesito la verdad.

—No lo sé.

—¿No lo sabes?

—No.

Sus lágrimas continuaron cayendo.

—Cuando desperté después del parto, Ethan ya no estaba. Me dijeron que había habido un problema administrativo y que los documentos serían corregidos.

—¿Y tú simplemente aceptaste eso?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque tenía miedo.

La miré.

—¿De Ethan?

Lauren negó lentamente.

—De la persona que estaba con él.

Aquella frase cambió completamente el ambiente.

—¿Quién estaba con él?

Lauren me miró.

—Tu padre.

Sentí que el suelo desaparecía debajo de mí.

—¿Mi padre?

Ella asintió.

—Sí.

—Mi padre murió dos años antes de que naciera nuestra hija.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo pudo estar allí?

Lauren se quedó callada.

Yo no podía apartar los ojos de ella.

—Lauren, mi padre estaba muerto.

—Lo sé.

—Entonces dime cómo pudo haber estado en ese hospital.

Ella respiró profundamente.

—Porque no era tu padre quien estaba allí.

—¿Quién era?

Lauren abrió la boca, pero no consiguió hablar.

Finalmente, dijo:

—Su hermano.

Me quedé completamente inmóvil.

Mi padre tenía un hermano del que nunca hablábamos.

Había muerto cuando yo era pequeño.

O al menos eso era lo que toda mi familia me había contado.

—Eso es imposible.

—No lo es.

—Mi madre me dijo que no existía.

Lauren negó con la cabeza.

—Tu madre sabía que existía.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—¿Y Ethan?

—Lo conocía.

—¿Cómo?

Lauren bajó la mirada.

—Porque Ethan no volvió únicamente por nuestra hija.

—Entonces, ¿por qué?

Ella levantó los ojos.

—Porque descubrió que tu padre tenía una identidad secreta.

Me quedé sin palabras.

Lauren continuó:

—Y esa identidad estaba relacionada con una cuenta bancaria, varios documentos y una herencia que nunca llegó a tus manos.

Todo comenzó a encajar.

Las fotografías.

Los documentos.

La obsesión de Ethan.

La mentira de Lauren.

La aparición de aquel apellido en el registro de nacimiento.

Pero había algo que todavía no entendía.

—¿Qué tiene que ver nuestra hija con todo eso?

Lauren no respondió.

Su silencio fue suficiente.

—Lauren.

Ella cerró los ojos.

—Ethan cree que la niña es la heredera legítima.

Sentí que mi corazón se detenía.

—¿Heredera de qué?

Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta principal.

Tres golpes.

Lauren levantó la cabeza.

Yo caminé hacia la entrada.

—¿Quién es?

No hubo respuesta.

Abrí la puerta.

Un hombre desconocido estaba de pie en el porche.

Llevaba un traje oscuro y sostenía un pequeño maletín.

Me miró directamente.

—¿Es usted el padre de la niña?

—Sí.

El hombre respiró profundamente.

—Entonces tenemos que hablar.

Miró por encima de mi hombro hacia Lauren.

—Y ella también.

Lauren palideció.

Porque aparentemente reconocía al hombre.

Y su reacción me dejó claro que la historia que yo creía conocer desde hacía cinco años era mucho más peligrosa de lo que jamás había imaginado.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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