“Llama a la policía, papá”: La tarjeta Micro-SD oculta en el medallón y la cruel traición de Navidad. – News

“Llama a la policía, papá”: La tarjeta Micro-SD oculta en el medallón y la cruel traición de Navidad.

“Llama a la policía, papá”: La tarjeta Micro-SD oculta en el medallón y la cruel traición de Navidad.

Parte 2: El secreto del medallón

El frío de la noche en Monterrey se colaba por las ventanas de la sala de urgencias, pero yo sentía un fuego abrasador recorriendo mis venas.

Con los dedos aún rígidos por la tensión, introduje la diminuta Micro-SD en el lector de tarjetas de mi teléfono celular. La pantalla parpadeó un momento antes de desplegar una lista de archivos de video fechados durante los últimos meses.

Seleccioné el más reciente, titulado “Mamá y el tío Rodrigo”.

En la pantalla apareció la sala de nuestra casa. Nora, mi esposa, aparecía sonriendo con frialdad mientras ajustaba el candado del corsé ortopédico de Maya.

“Quédate ahí hasta que regrese tu padre”, le decía Nora a mi hija, quien apenas podía respirar. “Y ni se te ocurra llorar, o la próxima vez le pondré algo más pesado en la comida a tu queridísimo papá.”

El audio continuó. Los pasos de Nora se alejaron, y segundos después se escuchó la voz de un hombre que entraba a la casa. Era Rodrigo, el socio de Nora en el negocio de bienes raíces.

“¿Todo marcha según lo planeado?”, preguntó Rodrigo con una risa cínica.

“Todo va sobre ruedas”, respondió Nora. “El estúpido de Julián firmó los documentos de la póliza de seguro de vida la semana pasada. Con un millón de dólares y la propiedad de Monterrey a mi nombre, solo nos falta deshacernos de él.”

“¿Y el veneno para el café de Navidad?”, inquirió Rodrigo.

“Ya está listo. Cuando regrese de su viaje de trabajo esta noche, tomará la taza especial. Los médicos dirán que fue un infarto fulminante debido al estrés militar. Nadie sospechará nada.”

El teléfono temblaba en mi mano. El veterano de las Fuerzas Especiales que había sobrevivido a misiones imposibles en la sierra estaba temblando no de miedo, sino de una furia ciega y absoluta.

Miré a Maya. Ella yacía en la camilla del hospital, con su manita sosteniendo la mía con fuerza.

“Hiciste bien, campeona”, le susurré, besando su frente mientras una lágrima solitaria recorría mi mejilla. “Salvaste nuestra vida.”

Me puse de pie con una calma mortal. Saqué mi teléfono secundario, un aparato encriptado que conservaba desde mis años en servicio activo, y marqué un número directo con la Comisaría General de Policía de Nuevo León.

“Comandante Garza”, contestó una voz ronca al otro lado de la línea. “Dígame, Sargento.”

“Necesito una orden de cateo inmediata y un equipo táctico en mi domicilio en San Pedro Garza García”, dije, con la voz tan fría como el hielo. “Tengo pruebas en video de un intento de homicidio premeditado, conspiración y envenenamiento contra un menor y contra un servidor. Van a intentar matarme esta misma noche.”

Al otro lado de la línea hubo un silencio de dos segundos antes de que el comandante respondiera con firmeza:

“En diez minutos estamos afuera de tu casa, Julián. Que comience la cacería.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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