PARTE 3: Culparon a la pobre, pero el ladrón era de la familia.
Parte 3: Voces en la Oscuridad
La presión sobre los Montenegro aumentaba. El banco había dado su ultimátum, y la boda con Daniela Cárdenas se perfilaba como el único salvavidas financiero. Sin embargo, en las sombras de la ambición, otros planes se estaban fraguando. Una tarde, mientras Lupe buscaba a una yegua pinta cerca del lindero, el eco de unas voces la hizo detenerse en seco. Oculta tras unos matorrales, divisó una camioneta desconocida y reconoció la voz arrogante de Daniela, acompañada por Anselmo, un hombre de reputación dudosa.
Estaban negociando el precio de Sultán. El plan era escalofriante: venderían al semental esa misma noche y culparían a la muchacha del pueblo, a Lupe. El corazón de la joven latió desbocado. Tenía que advertir a Diego, tenía que detener aquella locura antes de que el orgullo de la hacienda desapareciera para siempre. Corrió a buscar a don Pancho, solo para enterarse de que Diego había viajado a la ciudad y no volvería hasta el día siguiente. Estaba sola.
Decidida a proteger al caballo con su vida, Lupe juró no separarse de la cuadra en toda la noche. Pero los hilos de la trampa ya estaban tendidos. Mauricio, el hermano menor y eterno envidioso de Diego, apareció en las caballerizas con una orden inquebrantable. Con el pretexto de que una yegua necesitaba medicina urgente, obligó a Lupe a ir al pueblo en medio de la noche. “O vas ahorita o mañana te largas”, sentenció con frialdad. Sin más opciones y con el corazón en un puño, Lupe cabalgó hacia el pueblo, dejando a Sultán vulnerable en la oscuridad.