Capítulo 3: Las cuentas secretas revelaron quién intentaba destruirme – News

Capítulo 3: Las cuentas secretas revelaron quién intentaba destruirme

Capítulo 3: Las cuentas secretas revelaron quién intentaba destruirme

Capítulo 3: Las cuentas secretas revelaron quién intentaba destruirme

La sala quedó en silencio después de las palabras del juez.

Ryan permanecía sentado, mirando los documentos como si esperara que desaparecieran.

Vanessa lloraba en silencio.

Y yo seguía con una mano sobre mi vientre.

Mi bebé acababa de moverse otra vez.

Ese pequeño movimiento me recordó por qué debía mantenerme fuerte.

No estaba luchando solamente por mí.

Estaba luchando por el futuro de mi hija.

El juez levantó la mirada.

—Quiero que ambas partes entreguen todos los registros financieros relacionados con la empresa durante los últimos tres años.

El abogado de Ryan se levantó inmediatamente.

—Señoría, consideramos que esta solicitud es excesivamente amplia.

—¿Excesivamente amplia? —preguntó el juez.

—Sí.

El juez sostuvo la mirada sobre él.

—Después de escuchar una grabación en la que una mujer embarazada es agredida y después de encontrar transferencias hacia empresas relacionadas con una de las personas presentes en esta sala, creo que la solicitud es bastante razonable.

El abogado volvió a sentarse.

Ryan me miró.

Por primera vez desde que había comenzado el divorcio, pude ver miedo en sus ojos.

Se inclinó hacia mí cuando el juez empezó a revisar otros documentos.

—Claire, tenemos que hablar.

No respondí.

—Por favor.

Giré lentamente la cabeza.

—¿De qué quieres hablar?

—De nosotros.

Casi me reí.

—Hace meses que dejaste de hablar de nosotros.

—Puedo explicarlo.

—Ya no necesito explicaciones.

Ryan apretó los labios.

—Vanessa fue un error.

—No.

Lo miré fijamente.

—Vanessa no fue el error. El error fue pensar que yo nunca descubriría la verdad.

Él bajó la voz.

—No sabes todo lo que estaba pasando.

—Entonces cuéntamelo.

Ryan permaneció callado.

—Eso pensé.

Me levanté lentamente.

Mi abogado me sostuvo el brazo.

El dolor en el abdomen todavía estaba allí, pero podía soportarlo.

Salimos al pasillo.

Mi padre nos esperaba.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—No tienes que fingir conmigo.

Sonreí débilmente.

—No estoy fingiendo.

Mi padre miró hacia la puerta de la sala.

—Tengo algo que enseñarte.

Sacó su teléfono.

Había recibido un correo electrónico de un antiguo contador de la empresa de Ryan.

El hombre quería hablar con nosotros.

Aceptamos.

Una hora después, estábamos en una pequeña oficina cercana al tribunal.

El contador parecía nervioso.

—Necesito que entiendan algo —dijo—. No quería involucrarme.

—Entonces, ¿por qué lo haces ahora? —pregunté.

Él respiró profundamente.

—Porque me di cuenta de que iban a culparla a usted.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Sacó una memoria USB.

—Durante meses, Ryan me pidió que preparara informes que hicieran parecer que usted autorizaba ciertos pagos.

Mi padre se inclinó hacia adelante.

—¿Pagos hacia dónde?

El contador abrió su computadora.

Aparecieron docenas de transferencias.

—Estas empresas recibieron dinero de la compañía.

Reconocí algunos nombres.

No eran proveedores habituales.

—¿Quién las controlaba?

El contador señaló una de las cuentas.

—No puedo probarlo directamente, pero todos los pagos terminaban vinculados a personas cercanas a Vanessa.

Mi abogado comenzó a revisar los documentos.

Entonces encontró algo.

—Aquí.

Todos nos acercamos.

Había una transferencia realizada tres meses antes.

El importe era enorme.

Pero lo que llamó nuestra atención fue la autorización.

Aparecía mi firma digital.

Fruncí el ceño.

—Yo nunca aprobé esto.

El contador asintió.

—Lo sé.

—¿Cómo?

Señaló una línea en el documento.

—La firma digital fue utilizada desde un dispositivo que no estaba registrado a su nombre.

Mi padre cerró los puños.

—¿Desde dónde?

El contador abrió otro archivo.

—Desde la oficina privada de Ryan.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

Durante unos segundos, nadie habló.

Entonces comprendí el plan completo.

Ryan no solamente había estado robando dinero.

Había preparado una historia.

Quería que pareciera que yo había utilizado mi autoridad como cofundadora para transferir dinero de la empresa.

Después podría acusarme de malversación.

Yo perdería mis acciones.

Perdería mi reputación.

Y probablemente tendría que entregarle el resto de mis bienes para evitar consecuencias legales.

Él quería destruirme antes de divorciarse.

Mi propio esposo.

Mi padre golpeó la mesa con la palma.

—Ese hombre pensaba que podía encarcelar a mi hija para quedarse con todo.

Lo miré.

—No lo consiguió.

Mi abogado sonrió ligeramente.

—Y ahora tenemos pruebas.

Regresamos al tribunal.

Ryan estaba hablando con Vanessa en voz baja.

Cuando nos vio entrar, dejó de hablar.

El juez pidió que todos tomaran asiento.

Mi abogado se levantó.

—Señoría, tenemos nueva evidencia.

Ryan inmediatamente negó con la cabeza.

—Esto es absurdo.

El juez levantó una mano.

—Déjelos presentar la evidencia.

Mi abogado entregó la memoria USB.

Los archivos fueron proyectados en la pantalla del tribunal.

Una transferencia.

Otra.

Otra.

Decenas.

Todas vinculadas a las empresas sospechosas.

Después apareció el registro de la firma digital.

El nombre de Ryan estaba asociado al dispositivo desde el cual se habían autorizado las operaciones.

La sala quedó en completo silencio.

Ryan miró la pantalla.

—Eso no significa nada.

El juez preguntó:

—¿Entonces puede explicar por qué una firma perteneciente a su esposa fue utilizada desde su oficina privada?

Ryan no respondió.

—Señor Carter, le hice una pregunta.

—No lo sé.

El contador habló desde la parte posterior de la sala.

—Yo sí lo sé.

Ryan giró la cabeza.

Su rostro cambió completamente.

—Tú…

El contador tragó saliva.

—Me pediste que preparara los informes.

—¡Estás mintiendo!

—Tengo copias de todos los correos.

Mi abogado colocó los correos sobre la mesa.

El juez comenzó a leer.

Uno de ellos decía claramente que Ryan quería que determinadas pérdidas parecieran haber sido provocadas por mí.

Ryan dejó caer la cabeza entre las manos.

Vanessa lo miró.

—Me dijiste que nunca descubrirían nada.

Ryan levantó la cabeza lentamente.

—Cállate.

—Me dijiste que Claire se quedaría sin nada.

El juez golpeó la mesa.

—¡Silencio!

Vanessa se quedó inmóvil.

Yo cerré los ojos durante unos segundos.

No sentía satisfacción.

Sentía tristeza.

Había amado a ese hombre.

Había confiado en él.

Había construido una vida con él.

Y todo había sido una mentira.

El juez finalmente habló.

—A partir de este momento, queda prohibido que el señor Carter transfiera, venda o retire fondos de cualquiera de los activos bajo disputa.

Ryan levantó la cabeza.

—Pero…

—No he terminado.

El juez continuó:

—Los documentos serán remitidos para una investigación financiera independiente.

Ryan miró a su abogado desesperadamente.

—Haz algo.

Su abogado no respondió.

Entonces el juez se volvió hacia mí.

—Señora Claire, ¿hay alguna otra información que el tribunal deba conocer?

Respiré profundamente.

Había una última cosa.

Algo que Ryan jamás había imaginado que yo conservaría.

Saqué una carpeta de mi bolso.

La coloqué sobre la mesa.

—Sí, señoría.

Ryan me miró.

—¿Qué es eso?

Lo miré directamente.

—El acuerdo que firmamos antes de casarnos.

Su rostro perdió todo el color.

Había olvidado aquella cláusula.

Yo no.

Mi padre tampoco.

El juez abrió la carpeta.

Leyó durante varios segundos.

Después levantó lentamente la mirada.

—Señor Carter…

Ryan no respondió.

—Creo que debería escuchar con mucha atención lo que dice este documento.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

Porque sabía que, a partir de ese momento, Ryan ya no estaba luchando por quedarse con mis bienes.

Estaba luchando por evitar perder los suyos.

Y yo acababa de recuperar la pieza que faltaba para poner fin a su plan.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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