Capítulo 4: La verdad sobre mi padre salió finalmente a la luz – News

Capítulo 4: La verdad sobre mi padre salió finalmente a la luz

Capítulo 4: La verdad sobre mi padre salió finalmente a la luz

Capítulo 4: La verdad sobre mi padre salió finalmente a la luz

No podía apartar los ojos de la pantalla.

Alguien estaba intentando entrar en los archivos privados de la empresa de mi padre.

Y la detective Ortiz acababa de decir que Daniel no estaba huyendo solamente por el dinero.

Tenía miedo de que descubriéramos lo que realmente había ocurrido con mi padre.

—¿Podemos rastrear el acceso? —pregunté.

Marcus asintió.

—El sistema registró el dispositivo.

La detective se acercó.

—¿De quién es?

Marcus tardó unos segundos en responder.

—Todavía no lo sabemos.

Entonces apareció otro intento de acceso.

Esta vez, el sistema lo bloqueó.

Marcus miró la pantalla.

—Está intentando entrar desde otro dispositivo.

La detective tomó su teléfono.

—Necesitamos preservar esos registros.

Marcus comenzó a copiar la información.

Yo permanecí inmóvil.

Durante diez años había creído que mi padre había muerto en un accidente.

Ahora estaba empezando a preguntarme si alguna vez había sido realmente un accidente.

—Quiero saber qué hay en esos archivos —dije.

Marcus me miró.

—Claire, quizá no sea buena idea hacerlo ahora.

—Es mi padre.

—Lo sé.

—Entonces quiero saber la verdad.

La detective asintió.

—Podemos hacerlo de manera segura.

Marcus abrió un archivo antiguo.

Era un informe interno.

La fecha era de tres días antes de la muerte de mi padre.

Leí las primeras líneas.

Mi padre había descubierto una serie de transferencias sospechosas.

El dinero salía de una de sus empresas y terminaba en varias cuentas relacionadas con una compañía de consultoría.

La empresa tenía un nombre que no reconocía.

Pero el nombre de su director sí.

Daniel Mercer.

Sentí que se me revolvía el estómago.

—No puede ser.

Marcus no dijo nada.

La detective continuó leyendo.

—¿Qué cantidad?

Marcus revisó el documento.

—Cerca de ochocientos mil dólares.

Me quedé mirando la pantalla.

—¿Y mi padre lo descubrió?

—Sí.

—¿Qué hizo?

Marcus abrió otro archivo.

—Programó una reunión con su abogado y con el consejo.

La fecha era el día después de su muerte.

Sentí un escalofrío.

—Entonces nunca llegó a esa reunión.

—No.

La habitación quedó en silencio.

La detective encontró otro documento.

Era una nota escrita por mi padre.

No era una carta formal.

Parecía una anotación personal.

Decía:

“Daniel sabe que lo descubrí.”

Me cubrí la boca.

—Dios mío…

Debajo había otra frase.

“Si me pasa algo, revisen todas las transferencias relacionadas con la Fundación Bennett.”

Mi madre.

La fundación.

Daniel.

Todo estaba conectado.

—¿Por qué la policía nunca encontró esto?

Marcus negó con la cabeza.

—Porque estos archivos nunca formaron parte de la investigación original.

—¿Por qué?

La detective respondió:

—Probablemente porque alguien los ocultó.

Miré hacia la puerta.

—Mi madre.

Nadie respondió.

No necesitaba que lo hicieran.

La detective llamó a uno de sus investigadores.

—Necesito que revisen nuevamente el expediente original de la muerte de Richard Bennett.

Mi padre.

Richard.

Hacía años que no escuchaba su nombre en una conversación relacionada con algo que no fuera un recuerdo.

Mientras esperábamos, Marcus recibió una llamada.

—¿Sí?

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió.

—¿Estás seguro?

Puso el teléfono en altavoz.

Una voz respondió:

—Encontramos una copia de seguridad.

Marcus se quedó inmóvil.

—¿Dónde?

—En un servidor antiguo que no estaba conectado a la red principal.

Marcus miró hacia mí.

—¿Qué contiene?

Hubo una pausa.

—Un video.

Sentí que el corazón me golpeaba contra el pecho.

—¿Un video de qué?

—De la noche en que murió Richard Bennett.

Nadie respiró.

—¿Puedes abrirlo? —preguntó Marcus.

—Estoy intentando.

La conexión se cortó.

Esperamos.

Un minuto.

Dos.

Cinco.

Finalmente, el teléfono volvió a sonar.

—Lo tenemos.

Marcus abrió el archivo.

La imagen era borrosa.

Era una cámara de seguridad de un estacionamiento.

Reconocí el automóvil de mi padre.

La grabación mostraba a Richard entrando en el estacionamiento.

Después apareció otro vehículo.

Se detuvo cerca de él.

Una persona salió.

La imagen no era lo suficientemente clara para ver su rostro.

Pero pude reconocer el vehículo.

Era de Daniel.

Sentí que las piernas me temblaban.

—No…

La grabación continuó.

Mi padre habló con el hombre.

Después comenzaron a discutir.

La persona levantó un brazo.

La imagen se congeló.

El video terminó.

Me quedé mirando la pantalla.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo lo que tenemos —dijo Marcus.

La detective se acercó a la pantalla.

—No es suficiente para demostrar exactamente qué ocurrió.

Lo sabía.

Pero era suficiente para cambiar la investigación.

Entonces llegó otro detalle.

Marcus abrió los registros del vehículo.

—Espera.

—¿Qué?

—El auto de Daniel fue registrado entrando al estacionamiento esa noche.

—¿A qué hora?

Me dijo la hora.

Coincidía con la última llamada de mi padre.

Sentí que me faltaba el aire.

—¿Mi madre sabía que Daniel estaba allí?

La detective abrió la información financiera.

—Vamos a averiguarlo.

Horas después, encontramos la respuesta.

Mi madre había recibido una transferencia de Daniel.

La fecha era el día después de la muerte de mi padre.

La cantidad era de cincuenta mil dólares.

No había ninguna descripción.

Solo una referencia.

“Por la ayuda.”

Me quedé mirando esas tres palabras.

Por la ayuda.

Sentí lágrimas en los ojos.

—Ella lo sabía.

La detective fue cuidadosa.

—Esto demuestra que recibió dinero, pero todavía necesitamos establecer exactamente por qué.

—¿Y qué hay de los 2.8 millones?

—Eso también forma parte de la investigación.

Entonces mi teléfono vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

Solo decía:

“Deja de buscar.”

Mi sangre se heló.

La detective tomó el teléfono inmediatamente.

—No respondas.

—¿Es Daniel?

—No lo sabemos.

Otro mensaje llegó.

Esta vez decía:

“Tu padre cometió el mismo error que tú.”

Miré la pantalla.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Qué error?

La detective levantó la mirada.

—Confiar en las personas equivocadas.

El teléfono vibró una tercera vez.

“Si quieres saber la verdad, pregunta dónde estaba tu madre aquella noche.”

Miré a la detective.

—¿Podemos comprobarlo?

Ella ya estaba tomando su teléfono.

—Sí.

Esa misma noche descubrieron que mi madre había mentido sobre dónde se encontraba cuando murió mi padre.

Había dicho que estaba en casa.

Pero los registros mostraban que había salido.

Y no había ido sola.

Había estado con Daniel.

Diez años.

Diez años creyendo que mi madre había perdido a su esposo aquella noche.

Ahora sabía que ella había estado con el hombre que podía haber sido responsable de su muerte.

Y entonces entendí algo todavía peor.

Daniel no había entrado en mi vida por casualidad.

Mi madre tampoco había elegido simplemente al hombre equivocado.

Ambos habían construido una mentira alrededor de mi padre.

Y durante diez años habían esperado que yo nunca hiciera las preguntas correctas.

Pero ahora tenía las pruebas.

Tenía los registros.

Tenía las grabaciones.

Y tenía una razón para seguir adelante.

La detective Ortiz cerró su carpeta.

—Claire, mañana vamos a hablar con tu madre.

La miré.

—¿Y si vuelve a mentir?

La detective sostuvo mi mirada.

—Entonces dejaremos que los documentos hablen por ella.

Por primera vez desde la muerte de mi padre, sentí que la verdad estaba realmente cerca.

Pero todavía no sabía que mi madre guardaba una última pieza de evidencia.

Una pieza que podía cambiarlo todo.

Y estaba escondida en un lugar que yo había visitado cientos de veces.

Sin sospechar absolutamente nada.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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