Capítulo 2: La llamada que hizo temblar a mi padre
Capítulo 2: La llamada que hizo temblar a mi padre
—Samantha, soy Victoria —dije, intentando controlar mi respiración—. Mi padre acaba de echarme de mi propia casa. Me ha arrastrado por el pelo y creo que estoy de parto.
Al otro lado de la línea hubo un silencio de apenas un segundo.
—Victoria, escúchame. ¿Estás herida? ¿El bebé se mueve?
—No lo sé. Se me ha roto la bolsa. Estoy en el porche y apenas puedo levantarme.
Su voz cambió inmediatamente.
—Voy a llamar a emergencias. No te muevas más de lo necesario. Y escucha con atención: no firmes absolutamente nada. ¿Me has entendido?
Miré hacia la puerta.
Mi padre seguía allí, con los brazos cruzados, observándome como si yo fuera una intrusa que acababa de sacar de su propiedad.
—Charles dice que Lucas dejó deudas y que tiene que vender la casa.
Samantha soltó una respiración profunda.
—¿Tu padre te ha dicho eso?
—Sí. Trajo una carpeta con documentos.
—Victoria, esa casa no puede venderse sin tu autorización. Lucas y tú figuráis como copropietarios en la escritura. Además, hay algo que todavía no te he contado porque estábamos esperando el momento adecuado.
Antes de que pudiera preguntarle qué significaba aquello, Courtney apareció en la entrada.
—¿Sigues hablando por teléfono? —se burló—. Deberías preocuparte por encontrar dónde vivir antes de que nazca ese bebé.
Mi padre soltó una carcajada.
—Déjala. En unos minutos entenderá que aquí ya no tiene nada.
Samantha escuchó aquellas palabras.
—¿Está tu padre ahí?
—Sí.
—Pon el teléfono en altavoz.
Obedecí.
La voz firme de la abogada llenó el porche.
—Señor Baldwin, soy Samantha Vance, representante legal de la herencia de Lucas Gallagher. Le recomiendo que se aleje inmediatamente de mi clienta.
Mi padre frunció el ceño.
—No sé quién es usted, pero esta es una cuestión familiar.
—No, señor. Es una cuestión legal. Y acaba de cometer una agresión contra una mujer embarazada de ocho meses.
Courtney dejó de sonreír.
—¡Ella está exagerando! Solo hubo una discusión.
—Tenemos motivos para creer que existen pruebas suficientes para investigar lo ocurrido. Además, cualquier intento de retirar bienes de la propiedad será documentado.
Mi padre soltó una carcajada nerviosa.
—¡Esta casa es mía ahora! ¡Lucas está muerto y alguien tiene que hacerse cargo!
Entonces Samantha pronunció unas palabras que cambiaron completamente su expresión.
—Señor Baldwin, Lucas dejó instrucciones muy claras. Victoria no solo es propietaria de la vivienda. También es la beneficiaria principal de su patrimonio.
Charles se quedó inmóvil.
—¿Qué patrimonio?
—Eso no es asunto suyo.
En ese momento, escuché sirenas a lo lejos.
Una ambulancia apareció frente a la casa. Dos paramédicos corrieron hacia mí con una camilla.
Mientras me ayudaban a levantarme, Samantha continuó hablando.
—Victoria, voy a reunirme contigo en el hospital. Hay documentos que necesito entregarte personalmente. Lucas me pidió que solo los abriera si ocurría algo como esto.
Sentí un escalofrío.
—¿Lucas sabía que mi padre intentaría quitarme la casa?
—No exactamente. Pero conocía muy bien a Charles y tomó precauciones.
Los paramédicos me colocaron en la ambulancia.
Antes de que cerraran las puertas, vi a mi padre acercarse.
—¡Victoria! ¡No puedes hacerme esto! ¡Soy tu padre!
Lo miré desde la camilla.
—Tú dejaste de comportarte como mi padre cuando me arrastraste por el pelo mientras llevaba a tu nieto en el vientre.
Courtney apareció detrás de él.
—Charles, vámonos. Esto se está complicando.
Pero mi padre no se movió.
Por primera vez, parecía tener miedo.
Dos horas después, estaba en una habitación del hospital, conectada a varios monitores.
Los médicos me habían confirmado que el parto había comenzado y estaban vigilando cuidadosamente al bebé.
Afortunadamente, su corazón latía con fuerza.
Yo no dejaba de pensar en Lucas.
Ojalá hubiera estado allí para tomarme la mano.
Entonces, Samantha entró en la habitación llevando un maletín negro.
—Victoria, antes de hablar de tu padre, necesito que veas esto.
Sacó un sobre grueso con el nombre de Lucas escrito a mano.
Reconocí inmediatamente su letra.
En la parte delantera había una frase:
«Para Victoria, si algún día Charles intenta quedarse con lo que es nuestro».
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Qué es esto?
Samantha se sentó junto a mi cama.
—Tu marido vino a verme dos meses antes del accidente. Había descubierto algo preocupante sobre tu padre y quería protegerte a ti y al bebé.
Abrió el sobre y colocó varios documentos sobre la mesa.
Había una copia de la escritura de nuestra casa, extractos bancarios y un contrato de fideicomiso.
Pero lo que más me sorprendió fue una fotografía.
En ella aparecían mi padre y Courtney entrando juntos en una oficina inmobiliaria.
La fecha era tres semanas antes de la muerte de Lucas.
Miré a Samantha.
—¿Por qué estaban allí?
La abogada bajó la voz.
—Porque alguien había intentado vender tu casa antes de que tu marido muriera.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
—¿Qué?
Samantha sacó otro documento.
—Y hay algo todavía más grave, Victoria. Lucas descubrió que tu padre estaba utilizando tu identidad para realizar operaciones financieras sin tu consentimiento.
Me quedé sin palabras.
En ese instante, mi teléfono comenzó a vibrar.
Era un mensaje de un número desconocido.
Solo contenía una fotografía y una frase:
«Si quieres saber por qué murió realmente Lucas Gallagher, pregúntale a tu padre qué hizo la noche del accidente».
Levanté lentamente la mirada hacia Samantha.
Ella observó la fotografía y perdió el color del rostro.
—Victoria… —susurró—. Creo que acabamos de descubrir algo mucho peor de lo que imaginábamos.
Y justo entonces, un médico entró apresuradamente en la habitación.
—Señora Gallagher, necesitamos prepararla. El bebé está llegando.
Pero antes de que pudiera cerrar los ojos, Samantha me hizo una última promesa: nadie volvería a tocar mi casa ni a mi hijo sin enfrentarse a las consecuencias.