PARTE 2 — La verdad que Maris ocultó durante tres años
PARTE 2 — La verdad que Maris ocultó durante tres años
El salón quedó completamente en silencio.
La mujer que acababa de entrar no parecía la misma Catherine que Victor recordaba.
La mujer que una vez llevaba vestidos elegantes y caminaba con confianza ahora tenía el rostro cansado, las manos ásperas y una mirada que parecía haber guardado demasiado dolor durante demasiado tiempo.
Pero era ella.
Su esposa.
La madre de Annie.
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Victor dio un paso hacia adelante.
—Catherine…
Su voz salió quebrada.
Durante tres años había pensado que ella lo había abandonado.
Que había elegido irse.
Que había decidido alejarlo de su hija.
Pero ahora estaba frente a él.
Y no parecía una mujer que hubiera huido.
Parecía una mujer que había sobrevivido.
Catherine miró a Annie.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Annie…
La niña corrió hacia ella.
Y en ese momento, todos en el salón entendieron algo.
Aquella niña no había estado sola porque su madre la hubiera abandonado.
Había estado sola porque alguien había separado a esa familia.
Victor abrazó a su hija mientras miraba a Catherine.
—Me dijeron que te fuiste.
Catherine cerró los ojos unos segundos.
Como si recordar aquellas palabras todavía doliera.
—Eso es lo que ella quería que creyeras.
Todos miraron hacia Maris.
La mujer que minutos antes estaba celebrando su cumpleaños frente a sus invitados ahora permanecía inmóvil.
—Catherine, ten cuidado con lo que dices —respondió Maris con una sonrisa falsa.
Pero esta vez nadie la creyó.
Victor levantó el teléfono.
—Tengo tres años de transferencias.
Miró la pantalla.
—Cada mes envié dinero para mi familia.
Después levantó la mirada.
—Y mi hija estaba recogiendo comida de la basura.
Un murmullo recorrió el salón.
Los invitados comenzaron a mirarse entre ellos.
Los rumores empezaron a crecer.
Maris apretó los labios.
—Victor, estás confundido. Tu esposa tuvo problemas. Ella tomó sus propias decisiones.
Catherine negó con la cabeza.
—No.
Su voz fue baja.
Pero firme.
—Yo no elegí irme.
Un silencio pesado cayó sobre todos.
Catherine respiró profundamente.
—La noche que viajaste para cerrar ese negocio en Europa, Maris vino a verme.
Victor frunció el ceño.
—¿Para qué?
Catherine miró a su antigua suegra.
—Para decirme que tú habías decidido divorciarte.
El rostro de Victor cambió.
—¿Qué?
—Me dijo que estabas cansado de mí. Que querías una nueva vida. Que habías dejado dinero para Annie y que nunca volverías.
Victor negó lentamente.
—Eso es imposible.
Catherine sacó algo de su bolso.
Un sobre viejo.
Arrugado.
Lo dejó sobre la mesa.
—Estas fueron las cartas que supuestamente escribiste.
Victor tomó el sobre.
Reconoció su nombre escrito en la parte frontal.
Pero había algo extraño.
La firma.
No era la suya.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Yo nunca escribí esto.
Catherine bajó la mirada.
—Lo sé.
La sala quedó congelada.
—Intenté llamarte.
—Intenté buscarte.
—Pero cada vez que lo hacía, Maris me decía que tú no querías verme.
Victor miró a su madre.
Por primera vez en su vida, no vio a la persona que lo había criado.
Vio a alguien que había construido una mentira.
—¿Por qué?
La pregunta salió casi en un susurro.
Maris permaneció callada.
—¿Por qué hiciste esto?
La mujer finalmente levantó la mirada.
Y durante unos segundos pareció perder la máscara de elegancia.
—Porque tú estabas destruyendo todo lo que construí.
Victor frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Maris dio un paso adelante.
—Desde que conociste a Catherine, cambiaste.
—Ya no eras el hijo que obedecía.
—Ella te alejaba de tu familia.
Catherine soltó una risa amarga.
—No. Yo solo le enseñé a pensar por sí mismo.
Maris apretó los puños.
—Tú me quitaste a mi hijo.
Victor la miró con incredulidad.
—Mamá…
Pero antes de que pudiera terminar, Annie habló.
Su pequeña voz atravesó el salón.
—La abuela también decía cosas malas de papá.
Todos se quedaron quietos.
Victor se arrodilló frente a ella.
—¿Qué cosas, cariño?
Annie miró al suelo.
—Decía que papá nos había olvidado.
Una pausa.
—Decía que los hombres ricos siempre abandonan a sus familias.
Los ojos de Victor se llenaron de dolor.
Porque de repente entendió algo.
No había perdido tres años.
Se los habían robado.
Tres años de cumpleaños.
Tres años de abrazos.
Tres años viendo crecer a su hija.
Catherine tomó la mano de Annie.
—Yo quería volver contigo.
Miró a Victor.
—Pero cuando intenté hacerlo, alguien se aseguró de que nunca recibieras mis mensajes.
Victor apretó la mandíbula.
—¿Quién?
Catherine miró hacia la mesa.
Hacia el teléfono de Maris.
Y dijo:
—La misma persona que borró todas mis llamadas.
Todos siguieron su mirada.
El teléfono estaba allí.
Sobre la mesa.
Encendido.
Y justo en ese momento…
La pantalla se iluminó.
Apareció una notificación.
Un mensaje enviado hacía pocos minutos.
El remitente era desconocido.
Pero el texto decía:
“Maris, tenemos un problema. Él descubrió a la niña.”
Victor tomó el teléfono.
Y por primera vez esa noche…
Maris pareció tener miedo.
Porque todos acababan de descubrir algo peor.
Ella no había actuado sola.
Y la persona que había ayudado a esconder la verdad durante tres años…
Todavía estaba dentro de la fiesta.