PARTE 4: Culparon a la pobre, pero el ladrón era de la familia.
Parte 4: El Corral Vacío y el Exilio
El amanecer trajo consigo el caos que Lupe tanto temía. Los gritos resonaron en la hacienda: Sultán no estaba. Cuando Lupe regresó, exhausta y cubierta del rocío matinal, se encontró con un tribunal implacable esperándola. Mauricio, con una sonrisa cínica apenas disimulada, la acusó directamente. Daniela, fingiendo horror, aseguró haberla visto con Anselmo abriendo el corral, aprovechando que Lupe era la única con la llave además de los patrones.
Amparo rugía, exigiendo que echaran a la ladrona. Lupe buscó desesperadamente la mirada de Diego, quien acababa de llegar. Le suplicó que le creyera, que todo era una trampa tejida por su propia familia y su prometida. Pero la presión, las “pruebas” y el agotamiento mental quebraron la confianza de Diego por un instante letal. “Ya no sé qué creer, Lupe”, murmuró él, bajando la mirada.
Esa duda fue suficiente para que Lupe sintiera que el alma se le partía en dos. Recogió sus pocas pertenencias, se despidió de un entristecido don Pancho y abandonó la hacienda con la frente en alto, pero con lágrimas de impotencia quemándole las mejillas. Al llegar a su humilde casa, su madre intentó consolarla, recordándole que los ricos nunca daban nada sin cobrarlo caro. Sin embargo, el fuego en los ojos de Lupe no se había extinguido. No iba a quedarse llorando; iba a encontrar a Sultán y a limpiar su nombre.