Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido – News

Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido

Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido

Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido

El objeto descansaba entre nosotros, bajo la luz tenue del restaurante.

Era un reloj de bolsillo plateado, con una pequeña abolladura en la esquina y unas iniciales grabadas en la parte posterior: J. M.

Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.

No podía ser.

Aquel reloj había pertenecido a mi hermano Daniel, quien desapareció veinticinco años atrás. La policía encontró su automóvil abandonado cerca de un río, pero nunca hallaron su cuerpo. Durante meses buscamos respuestas. Después, las investigaciones se enfriaron y nuestra familia tuvo que aprender a vivir con una ausencia que nunca dejó de doler.

Yo había conservado una fotografía de aquel reloj durante años. Recordaba perfectamente la abolladura que se había producido cuando Daniel se cayó de una bicicleta siendo adolescente.

Pero había algo todavía más inquietante.

Yo misma había entregado aquel reloj a la policía la noche en que mi hermano desapareció.

—¿Dónde lo conseguiste? —pregunté, apenas capaz de pronunciar las palabras.

El desconocido no apartó la mirada.

—Me llamo Thomas. Y antes de que hagas más preguntas, necesito que escuches toda la historia.

—¡Ese reloj pertenecía a mi hermano! ¡Desapareció hace veinticinco años!

—Lo sé.

—¿Cómo puedes saberlo?

Thomas respiró profundamente y miró hacia las mesas cercanas. Luego sacó un sobre amarillento de su chaqueta y lo deslizó hacia mí.

—Porque conocí a Daniel. Y porque tu marido también lo conocía mucho mejor de lo que jamás te contó.

Sentí un escalofrío.

David, mi exmarido, había conocido a mi hermano durante los primeros años de nuestro matrimonio. Los dos habían trabajado juntos en un proyecto empresarial. Sin embargo, cuando Daniel desapareció, David me aseguró que apenas habían tenido contacto durante los meses anteriores.

¿Me había mentido?

Abrí el sobre con dedos temblorosos. Dentro había una fotografía antigua de Daniel junto a dos hombres. Reconocí a mi hermano inmediatamente. El otro era Thomas.

Pero el tercer hombre…

Era David.

Mi exmarido aparecía mucho más joven, con una expresión seria y una mano apoyada sobre el hombro de Daniel.

En el reverso de la fotografía había una fecha escrita a mano: tres días antes de la desaparición de mi hermano.

—¿Por qué nunca vi esta fotografía? —susurré.

Thomas juntó las manos sobre la mesa.

—Porque Daniel me pidió que la guardara. Temía que alguien estuviera vigilándolo.

—¿Quién?

Thomas tardó en responder.

—Había descubierto irregularidades financieras en una empresa para la que trabajábamos. Al principio pensó que se trataba de simples movimientos sospechosos. Después encontró documentos que demostraban que se estaban desviando grandes cantidades de dinero mediante cuentas ocultas.

Miré de nuevo la fotografía.

—¿Y David estaba involucrado?

—Tu marido sabía que Daniel había descubierto algo. No puedo asegurarte que participara directamente en aquellas operaciones, pero sí puedo decirte que tuvo acceso a información que nunca reveló a la policía.

Sentí náuseas.

Durante veintidós años había compartido mi vida con un hombre al que creía conocer. Habíamos criado a nuestra hija, comprado una casa y superado juntos momentos difíciles. Y ahora un desconocido me estaba diciendo que quizá una parte fundamental de nuestro matrimonio se había construido sobre una mentira.

—¿Por qué me cuentas esto ahora?

Thomas bajó la voz.

—Porque tu divorcio no fue una casualidad. Hace unos meses, David recibió una amenaza. Le dijeron que, si seguía viviendo contigo, tú terminarías involucrada en algo que podía destruirte.

Me quedé inmóvil.

—¿Y por eso me dejó? ¿Sin explicaciones? ¿Sin darme la oportunidad de decidir por mí misma?

—Creo que intentaba protegerte. Pero hay algo que debes entender, Laura: protegerte no significa que te haya contado toda la verdad.

Apreté la fotografía contra mi pecho.

—Necesito hablar con él.

Thomas negó con la cabeza.

—Todavía no. Si David descubre que te he encontrado, podría desaparecer antes de que consigamos demostrar lo que ocurrió.

—¿Demostrar qué? ¿Que mi hermano está muerto?

Thomas me miró de una manera que no olvidaré jamás.

—No estoy seguro de que Daniel esté muerto.

El restaurante pareció quedarse en silencio a mi alrededor.

—¿Qué acabas de decir?

Thomas abrió un pequeño bolsillo del sobre y sacó otra fotografía. Esta era reciente. Se veía a un hombre de cabello gris entrando en una farmacia, captado desde el otro lado de la calle.

El rostro estaba parcialmente oculto, pero había algo inconfundible: una pequeña cicatriz junto a la oreja izquierda.

Daniel tenía esa misma cicatriz desde un accidente de infancia.

—Esta fotografía fue tomada hace once días —dijo Thomas—. En una ciudad a la que Daniel nunca habría tenido motivos para ir, al menos según la vida que todos creíamos que llevaba.

Sentí que las lágrimas me nublaban la vista.

Veinticinco años preguntándome qué le había ocurrido a mi hermano. Veinticinco años imaginando su último momento, preguntándome si había sufrido, si había pensado en nosotros.

Y ahora existía la posibilidad de que siguiera vivo.

—¿Dónde está? —pregunté.

Thomas guardó la fotografía antes de responder.

—No lo sé. Pero creo que David podría saberlo.

Se levantó de la silla y se abrochó la chaqueta.

—Hay una última cosa que debes saber, Laura. La noche en que Daniel desapareció, tu marido fue una de las últimas personas que vio su automóvil.

Me quedé helada.

—¿Cómo lo sabes?

Thomas sacó una tarjeta de visita y escribió algo en el reverso.

—Porque fue David quien identificó el vehículo cuando la policía se lo pidió. Y hay un detalle en su declaración que nunca encajó con los hechos.

Me entregó la tarjeta.

—Mañana, a las diez de la mañana. Ven a esta dirección. Trae la fotografía y no le digas a nadie dónde vas.

—¡Espera! ¿Qué detalle?

Thomas ya se alejaba entre las mesas.

Se detuvo una última vez y volvió la cabeza.

—La policía encontró el automóvil de Daniel con las puertas cerradas y las llaves dentro. Pero David afirmó haberlo visto conducir hacia el río aquella noche.

Su mirada se endureció.

—Si el coche ya estaba abandonado cuando David lo vio, Laura… entonces tu exmarido estaba mintiendo.

Y justo cuando Thomas desapareció entre los pasajeros, mi teléfono vibró sobre la mesa.

Era un mensaje de David.

Solo contenía una frase:

«Laura, si un hombre llamado Thomas se ha acercado a ti, aléjate de él. No sabes lo que le hizo a tu hermano».

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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