“EL MANTICORE ERA UNA TRAMPA” — LA PILOTO QUE TODOS SUBESTIMARON DESCUBRIÓ AL TRAIDOR DENTRO DE LA BASE – News

“EL MANTICORE ERA UNA TRAMPA” — LA PILOTO QUE TODOS SUBESTIMARON DESCUBRIÓ AL TRAIDOR DENTRO DE LA BASE

“EL MANTICORE ERA UNA TRAMPA” — LA PILOTO QUE TODOS SUBESTIMARON DESCUBRIÓ AL TRAIDOR DENTRO DE LA BASE

“EL MANTICORE ERA UNA TRAMPA” — LA PILOTO QUE TODOS SUBESTIMARON DESCUBRIÓ AL TRAIDOR DENTRO DE LA BASE

PARTE 2

El X-44 Manticore atravesó la tormenta como si el cielo entero estuviera intentando detenerlo.

Cada ráfaga de viento golpeaba el fuselaje blindado.

Cada descarga eléctrica iluminaba las nubes negras alrededor de la aeronave.

Pero dentro de la cabina, todo estaba en calma.

No porque la situación fuera segura.

Sino porque yo sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Mis manos se movían sobre los controles con la misma precisión de años atrás.

El Manticore respondió.

Los motores rugieron.

Los sistemas de navegación se ajustaron.

La aeronave descendió lentamente entre las montañas cubiertas de nieve.

En la pantalla táctica aparecieron los seis puntos azules.

Los seis hombres de Viper Actual.

Seguían vivos.

Pero por poco tiempo.

La radio volvió a activarse.

—Kodiak, aquí Viper Actual.

La voz de uno de los SEAL sonaba agotada.

—No sabemos cuánto tiempo más podremos mantener la posición.

Presioné el comunicador.

—Viper Actual, aquí Manticore.

Hubo silencio.

Después una respuesta confundida.

—¿Manticore?

El comandante Hale intervino desde la base.

—Viper, escuchen con atención. Tenemos extracción en camino.

Otra pausa.

—¿Qué aeronave?

Miré los instrumentos.

—X-44.

Silencio.

Después escuché una respiración.

—Pensé que esa cosa estaba retirada.

Sonreí ligeramente.

—También muchos pensaban que yo lo estaba.

En el centro de operaciones, el comandante Hale observaba la pantalla.

No apartaba la mirada.

El general Sloane estaba a su lado.

Nadie hablaba.

Porque todos entendían algo.

La mujer que habían ignorado durante semanas estaba haciendo algo que nadie más podía hacer.

Pero había una pregunta que seguía en el aire.

¿Cómo sabía el enemigo que el Manticore iba a despegar?

Hale miró al oficial de inteligencia.

—Encuentren la filtración.

El oficial dudó.

—Señor, estamos revisando comunicaciones.

—No.

Hale negó.

—No busquen fuera.

Miró hacia la sala.

—Busquen dentro.

A casi cien kilómetros de distancia, yo descendía hacia la montaña.

La visibilidad era casi cero.

La nieve golpeaba el parabrisas.

Los sensores indicaban múltiples obstáculos.

Pero el Manticore no era una aeronave común.

Era una máquina creada para sobrevivir donde otras fallaban.

Reduje velocidad.

Activé el sistema de vuelo táctico.

Y entonces apareció algo en la pantalla.

Una señal.

Una segunda aeronave.

No estaba registrada.

Fruncí el ceño.

—Kodiak.

—Adelante, Manticore.

—Tengo una aeronave no identificada a cinco kilómetros al oeste.

Silencio.

Después:

—Eso es imposible.

—No.

Observé la pantalla.

—Es real.

El comandante Hale respondió.

—Capitana, abandone la zona si es una amenaza.

Negué.

—No puedo.

—¿Por qué?

Miré los seis puntos azules.

—Porque mis hombres están ahí abajo.

Hubo silencio.

Después Hale respondió:

—Entendido.

Aterrizar el Manticore en aquella montaña era algo que muchos pilotos considerarían imposible.

La superficie era irregular.

El viento cambiaba cada pocos segundos.

Las condiciones eran peores de lo que indicaban los informes.

Pero había una razón por la que el programa Manticore había existido.

Para hacer lo imposible.

La aeronave descendió.

Los motores cambiaron de configuración.

El enorme cuerpo metálico se estabilizó.

Y finalmente tocó tierra.

Los SEAL salieron de sus posiciones.

Uno de ellos miró la aeronave.

Después miró alrededor.

No podía creerlo.

La compuerta se abrió.

—¡Suban!

Los seis hombres corrieron.

Dos ayudaban a los heridos.

Uno de ellos entró y se detuvo al verme.

—¿Usted está pilotando?

No respondí.

Solo miré los instrumentos.

—Si quiere seguir vivo, cierre la puerta.

El SEAL reaccionó.

—Sí, señora.

Pero no todos estaban felices de vernos escapar.

La aeronave no identificada apareció en el radar.

Más cerca.

Demasiado cerca.

—Manticore, tenemos contacto.

La voz de Hale llegó por radio.

—Capitana, salga de ahí.

Miré los datos.

No era una aeronave cualquiera.

Tenía tecnología similar.

Demasiado similar.

—General.

—¿Sí?

—Esa aeronave tiene sistemas del proyecto Manticore.

Silencio.

—Eso es imposible.

La misma frase.

Otra vez.

Pero yo sabía que no lo era.

Porque había pasado años dentro de ese programa.

Conocía cada diseño.

Cada modificación.

Cada secreto.

—No es una copia.

Dije lentamente.

—Es una versión anterior.

El comandante Hale entendió.

—¿Alguien robó tecnología del proyecto?

No respondí.

Porque la respuesta era peor.

Alguien que conocía el proyecto.

Alguien con acceso.

Alguien de dentro.

La aeronave enemiga se acercó.

No atacó.

Simplemente se mantuvo junto a nosotros.

Como si quisiera que supiéramos que estaba allí.

Entonces una transmisión apareció.

Una voz.

—Capitana Fisher.

Mi cuerpo se tensó.

Hacía años que nadie usaba ese nombre en una misión.

—¿Quién habla?

La respuesta llegó con una calma aterradora.

—Alguien que pensó que nunca volvería a escuchar su voz.

Reconocí la voz.

No podía ser.

No después de tanto tiempo.

—Derek.

Silencio en la cabina.

Los SEAL me miraron.

—¿Quién es Derek?

No respondí.

Porque Derek Rowan estaba muerto.

O eso decía el informe oficial.

El piloto principal del Manticore.

Mi compañero.

Mi rival.

La persona que había desaparecido después del accidente.

La persona que todos creían perdida.

La voz volvió.

—Pensé que tú eras la única que entendería por qué tuve que hacerlo.

Apreté los controles.

—¿Por qué estás vivo?

Una risa baja llegó por radio.

—Porque alguien necesitaba cargar con la culpa.

—¿Qué hiciste?

Silencio.

Después:

—La misión de hace siete años no fue un accidente.

El aire dentro de la cabina pareció congelarse.

—Derek.

—Tú siempre fuiste demasiado honesta para este mundo, Mara.

Mi nombre.

No “capitana”.

Mara.

Como antes.

—¿Fuiste tú?

No respondió.

Pero el silencio fue suficiente.

En la base, Hale escuchaba la transmisión.

Su expresión cambió.

El general Sloane también.

—¿Derek Rowan?

Hale asintió lentamente.

—Pensábamos que había muerto.

El oficial de inteligencia abrió una carpeta.

—Señor.

—¿Qué?

—Encontramos algo.

Hale giró.

—¿Qué?

El oficial estaba pálido.

—La autorización que permitió retirar a la capitana Fisher del programa Manticore hace tres años.

Hale tomó el documento.

Leyó.

Después levantó la mirada.

—Esto tiene la firma del general Sloane.

Todos miraron al general.

Sloane quedó inmóvil.

—Eso no es posible.

Hale no respondió.

Porque otra cosa apareció en la pantalla.

Una transferencia.

Un pago.

Una cuenta extranjera.

A nombre de una empresa relacionada con…

El general Victor Sloane.

En la montaña, yo seguía frente a Derek.

La aeronave enemiga estaba junto a nosotros.

Esperando.

—¿Sloane?

Pregunté.

Silencio.

Derek respondió:

—Ahora entiendes.

—¿Él organizó el accidente?

—Sí.

Sentí rabia.

Pero no sorpresa.

Porque una parte de mí siempre había sabido que algo no encajaba.

—¿Por qué?

—Porque el Manticore era demasiado poderoso.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Su voz era fría.

—Una aeronave capaz de entrar en cualquier territorio cambia las reglas.

—¿Y qué querían?

—Controlarla.

—¿Y tú?

Silencio.

—Yo intenté detenerlos.

Miré la otra aeronave.

—¿Entonces por qué estás trabajando con ellos?

Derek tardó.

Demasiado.

Y ahí entendí.

—No estás trabajando con ellos.

Dije.

—Estás huyendo de ellos.

Por primera vez, Derek no respondió.

Entonces apareció otra señal.

Una tercera.

Otra aeronave.

Pero esta vez no era enemiga.

Era de Kodiak.

Hale estaba enviando apoyo.

La voz del comandante llegó:

—Mara.

Fue la primera vez que usó mi nombre.

No mi rango.

—Sí.

—Tenemos una orden de emergencia.

Esperé.

—Regresa.

Miré el radar.

Tres aeronaves.

Una misión.

Una traición.

Y demasiadas preguntas.

—No puedo todavía.

—¿Por qué?

Observé la montaña.

Luego la aeronave de Derek.

—Porque si vuelvo ahora, nunca sabremos quién inició todo esto.

Silencio.

Después Hale respondió:

—Entonces no vuelvas sola.

Sonreí.

Porque finalmente lo entendía.

Ya no me veía como una capitana de logística.

Ya no como alguien que simplemente estaba ahí.

Me veía como una compañera.

Regresamos a Kodiak una hora después.

El aterrizaje fue recibido con decenas de soldados esperando.

Los seis SEAL estaban vivos.

Los heridos fueron trasladados inmediatamente.

La misión fue considerada un éxito.

Pero nadie estaba celebrando.

Porque todos sabían que algo mucho más grande acababa de comenzar.

Derek había desaparecido antes de que los equipos llegaran.

Sloane había sido detenido para interrogatorio.

Y yo tenía una pregunta que no podía ignorar.

¿Por qué alguien había intentado mantener mi identidad oculta durante tantos años?

Esa noche, el comandante Hale me encontró en el hangar.

El Manticore estaba apagado.

Silencioso.

Como una bestia dormida.

—¿Por qué nunca dijiste quién eras?

No lo miré.

—Porque nadie necesitaba saberlo.

—Yo necesitaba saberlo.

Sonreí ligeramente.

—No.

Hale se quedó callado.

—¿No?

—Necesitabas una piloto.

Pausa.

—No una leyenda.

Él miró la aeronave.

—Supongo que estaba equivocado sobre ti.

—La mayoría lo está al principio.

Hale sonrió.

Pero desapareció rápidamente cuando vio algo sobre la mesa.

Una carpeta.

Negra.

Sin nombre.

La misma marca que había visto antes.

CLASIFICADO.

La abrió.

Dentro había una fotografía.

Derek.

Sloane.

Y otra persona.

Una persona que hizo que mi sangre se congelara.

Porque era alguien que yo conocía.

Alguien que había estado en la base esa misma noche.

Alguien que había visto despegar al Manticore.

Hale levantó la mirada.

—Mara…

—¿Qué?

Me entregó la fotografía.

La observé.

Y sentí que todo cambiaba.

Porque debajo de la imagen había una fecha.

Una fecha imposible.

Después de la muerte oficial de Derek Rowan.

Y una frase escrita a mano:

“El primer Manticore falló. El segundo acaba de despertar.”

Miré hacia la aeronave.

Y comprendí que la misión de rescate nunca había sido el objetivo.

Había sido una prueba.

Alguien quería saber si yo todavía podía pilotar la bestia.

Y ahora que lo sabían…

Iban a venir por mí.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles