La mujer a la que nadie respetó hasta que descubrieron quién era
La mujer a la que nadie respetó hasta que descubrieron quién era

Parte 2 — La misión que nadie esperaba
Tres semanas después de aquella conferencia, el nombre de Valeria Mendoza había dejado de ser completamente desconocido dentro del Centro de Liderazgo Militar.
Pero ella seguía comportándose como siempre.
Llegaba temprano.
Se sentaba al fondo.
Escuchaba más de lo que hablaba.
Y nunca utilizaba su rango para conseguir un trato especial.
Sin embargo, había algo que los demás no sabían.
La conferencia no había sido solamente una evaluación.
Había sido una prueba.
Y alguien, desde mucho antes de aquel día, había estado observando a Valeria.
La mañana comenzó con una llamada inesperada.
Eran las 05:40.
Valeria estaba revisando informes en su oficina cuando sonó el teléfono seguro.
—Mendoza.
—Teniente coronel, preséntese en la sala de operaciones inmediatamente.
—¿Motivo?
Hubo una pausa.
—Clasificado.
Valeria cerró el expediente.
No hizo preguntas.
Cinco minutos después caminaba por un pasillo prácticamente vacío.
Al entrar en la sala de operaciones, encontró al comandante Salgado, al capitán Torres y a otros cuatro oficiales.
Pero algo era diferente.
Nadie estaba hablando.
En la pantalla principal aparecía un mapa del norte de México.
Una zona montañosa estaba marcada en rojo.
Salgado la miró.
—Gracias por venir.
—¿Qué ocurrió?
El comandante señaló la pantalla.
—Una unidad de reconocimiento perdió comunicación hace seis horas.
Valeria observó el mapa.
—¿Cuántos elementos?
—Ocho.
—¿Última posición?
Salgado señaló un punto.
Valeria se acercó.
—¿Eso es exacto?
—Es la última coordenada confirmada.
Ella permaneció en silencio.
—¿Qué había allí?
—Una carretera secundaria, una estación de comunicaciones abandonada y varios kilómetros de terreno montañoso.
Valeria amplió el mapa.
—¿Por qué estaba la unidad allí?
Salgado dudó.
—Estaban verificando una posible ruta utilizada por una organización criminal.
Valeria lo miró.
—¿Posible?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué enviar ocho hombres?
—Porque recibimos información de que había actividad.
Valeria volvió a mirar el mapa.
—¿De quién?
Salgado no respondió inmediatamente.
—De una fuente local.
—¿Confiable?
Otra pausa.
—Hasta ahora.
Valeria entendió el problema.
—¿Cuándo desaparecieron?
—A las 23:17.
—¿Y ahora quieren enviar una unidad de rescate?
—Sí.
Valeria negó con la cabeza.
—No.
El capitán Torres la miró sorprendido.
—¿No?
—No todavía.
Salgado cruzó los brazos.
—Explícate.
Valeria señaló el mapa.
—Si ocho hombres experimentados desaparecieron aquí, enviar otra unidad por la misma ruta sin saber qué ocurrió sería cometer el mismo error dos veces.
—Tenemos que encontrarlos.
—Sí.
—Entonces debemos actuar.
—Pero no debemos actuar ciegamente.
Salgado guardó silencio.
Valeria pidió las últimas imágenes satelitales.
El operador las mostró.
Ella observó la pantalla durante casi un minuto.
Después preguntó:
—¿Qué es eso?
Todos miraron.
En una pequeña zona cercana a la estación abandonada aparecía una estructura metálica.
—Un depósito antiguo —respondió un oficial.
Valeria negó con la cabeza.
—No estaba ahí en la imagen anterior.
El operador comprobó los archivos.
Tenía razón.
La estructura había aparecido recientemente.
—¿Cuándo fue construida? —preguntó.
—Hace aproximadamente diez días.
Valeria respiró profundamente.
—Entonces nuestra unidad no estaba buscando una carretera.
Salgado entendió.
—Estaban buscando esto.
Valeria asintió.
—Y alguien sabía que vendrían.
La sala quedó en silencio.
El comandante miró al equipo.
—Preparen una operación de recuperación.
Valeria lo interrumpió.
—No.
Salgado se volvió hacia ella.
—¿Otra vez?
—No sabemos si están retenidos, escondidos o muertos.
—Precisamente por eso necesitamos entrar.
Valeria señaló otra parte del mapa.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—La estación.
—¿Qué pasa con ella?
—Tiene una sola entrada visible.
—Sí.
—Demasiado conveniente.
Torres se acercó.
—¿Crees que hay otra?
—No creo.
Valeria hizo una pausa.
—Estoy segura.
Pidió que trajeran los planos antiguos.
Después de varios minutos, apareció una copia de un mapa militar de décadas atrás.
Valeria señaló una línea.
—Aquí.
Salgado se inclinó.
—¿Un túnel?
—Una conexión subterránea.
—¿Hasta dónde llega?
Valeria siguió la línea con el dedo.
—Hasta este valle.
El comandante la miró.
—Eso está a casi cuatro kilómetros.
—Exactamente.
Salgado entendió finalmente.
—Podrían entrar por el túnel y salir detrás de la estación.
—Sí.
—Y nosotros podríamos no verlos.
—Exactamente.
Valeria se volvió hacia los demás.
—Si la unidad desapareció sin enviar una señal de emergencia, quizá no tuvieron oportunidad.
Torres preguntó:
—¿Crees que siguen vivos?
Valeria lo miró.
—No lo sé.
—Pero quieres averiguarlo.
—Sí.
Salgado tomó una decisión.
—Mendoza dirigirá el análisis.
Algunos oficiales se sorprendieron.
Valeria no.
—Necesito seis horas.
—Tienes cuatro.
—Entonces necesito cuatro.
La operación comenzó antes del amanecer.
Valeria no lideraba una gran columna.
No había helicópteros sobrevolando la zona.
No había vehículos entrando por la carretera principal.
Todo era discreto.
Un pequeño equipo avanzó hacia el valle.
Mientras tanto, otra unidad observaba la estación desde una posición distante.
Durante dos horas no ocurrió nada.
Luego apareció un vehículo.
Después otro.
Y finalmente un tercero.
Valeria observaba las imágenes desde el centro de mando.
—No son vehículos civiles —dijo.
Torres preguntó:
—¿Cómo lo sabes?
—Llegaron separados por exactamente siete minutos.
—¿Y?
—Nadie conduce así por casualidad.
Amplió la imagen.
—Están comprobando si alguien los observa.
Torres sonrió.
—Entonces alguien está esperando algo.
Valeria respondió:
—O a alguien.
A las 07:26, el equipo que había entrado por el valle informó:
—Tenemos una entrada.
Valeria se inclinó hacia la pantalla.
—Confirmen.
—Es un túnel.
—¿Profundidad?
—No sabemos.
—¿Señales?
El operador dudó.
—Sí.
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Qué tipo?
—Una señal de radio débil.
Torres se acercó.
—¿Podría ser nuestra unidad?
Valeria cerró los ojos durante un segundo.
—Es posible.
Entonces escucharon algo.
Tres golpes.
Pausa.
Tres golpes.
Pausa.
Tres golpes.
Torres miró a Valeria.
—Eso es una señal.
Ella asintió.
—Sí.
Era una señal de auxilio.
Y provenía del interior del túnel.
El equipo avanzó.
Después de casi treinta minutos encontraron a uno de los soldados desaparecidos.
Estaba herido, pero consciente.
—¿Dónde están los demás? —preguntó el rescatista.
El hombre señaló hacia el interior.
—Más adelante.
—¿Cuántos?
—Seis.
—¿Y el octavo?
El soldado negó con la cabeza.
—No lo sé.
La información llegó al centro de mando.
Valeria inmediatamente preguntó:
—¿Qué ocurrió?
El soldado explicó que habían sido sorprendidos durante la noche.
No por un ataque frontal.
Habían escuchado movimientos alrededor de la estación y decidieron investigar.
Después descubrieron que la estación estaba vacía.
Pero cuando intentaron regresar, las entradas habían sido bloqueadas.
Los habían encerrado.
Valeria frunció el ceño.
—No estaban intentando matarlos.
Torres la miró.
—¿Qué quieres decir?
—Si hubieran querido eliminarlos, lo habrían hecho.
—Entonces, ¿qué querían?
Valeria observó el mapa.
—Querían que encontráramos la estación.
—¿Por qué?
Ella señaló el túnel.
—Porque necesitaban que alguien entrara aquí.
Salgado apareció detrás de ellos.
—¿Una trampa?
—Sí.
—Entonces debemos retirarnos.
Valeria negó.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque la trampa ya fue activada.
Salgado comprendió.
—¿Nuestros hombres?
—No.
Valeria miró el mapa.
—Nosotros.
En ese momento, todas las pantallas se apagaron.
La comunicación se perdió.
Durante cinco segundos no hubo sonido.
Después regresó una señal.
Pero no era del equipo.
Era una transmisión desconocida.
Una voz masculina habló por el canal.
—Sabíamos que vendrían.
Todos quedaron inmóviles.
La voz continuó:
—Y sabíamos quién estaría al mando.
Salgado miró a Valeria.
Ella no dijo nada.
La transmisión terminó.
Torres preguntó:
—¿Cómo sabían tu nombre?
Valeria permaneció mirando la pantalla.
—No lo sé.
Salgado se acercó.
—¿Estás segura?
Valeria tardó unos segundos en responder.
—No.
—¿Qué significa eso?
Ella tomó su carpeta.
—Significa que esto ya no es una misión de rescate.
—¿Entonces qué es?
Valeria levantó la mirada.
—Es una operación diseñada específicamente para nosotros.
Nadie respondió.
Porque todos entendieron la gravedad de aquellas palabras.
Alguien había estudiado sus procedimientos.
Alguien conocía sus rutas.
Alguien sabía cómo pensaban.
Y, lo más preocupante de todo…
Alguien parecía conocer personalmente a Valeria.
Pero antes de que pudieran reaccionar, una nueva imagen apareció en la pantalla.
Era una fotografía.
Una fotografía tomada muchos años atrás.
Valeria la reconoció inmediatamente.
Era una imagen de su padre.
El hombre que le había enseñado que el uniforme no hacía superior a nadie.
El hombre que había muerto durante una operación cuando Valeria todavía era joven.
Debajo de la fotografía apareció un mensaje:
“Tu padre también creyó que podía anticiparse a nosotros.”
Valeria sintió que el aire de la sala desaparecía.
Salgado la observó.
—Valeria…
Ella levantó una mano.
—No.
Todos guardaron silencio.
Valeria miró nuevamente la pantalla.
Sus ojos ya no mostraban sorpresa.
Mostraban determinación.
—Ahora sí sé quién está detrás de esto.
Torres preguntó:
—¿Quién?
Valeria respondió lentamente:
—El hombre que mi padre pasó veinte años intentando encontrar.
La pantalla volvió a apagarse.
Y por primera vez desde que había comenzado aquella operación, Valeria comprendió que no estaba persiguiendo a un enemigo desconocido.
El enemigo la había estado esperando.
Durante años.