PART 2 — SEIS SOLDADOS DEL SAS CONTRA NOVENTA ENEMIGOS: LA MANIOBRA IMPOSIBLE QUE ROMPIÓ EL CERCO – News

PART 2 — SEIS SOLDADOS DEL SAS CONTRA NOVENTA ENEMIGOS: LA MANIOBRA IMPOSIBLE QUE ROMPIÓ EL CERCO

PART 2 — SEIS SOLDADOS DEL SAS CONTRA NOVENTA ENEMIGOS: LA MANIOBRA IMPOSIBLE QUE ROMPIÓ EL CERCO

PART 2 — SEIS SOLDADOS DEL SAS CONTRA NOVENTA ENEMIGOS: LA MANIOBRA IMPOSIBLE QUE ROMPIÓ EL CERCO

El amanecer todavía no había llegado.

Pero el desierto ya estaba cambiando.

La oscuridad absoluta de la madrugada comenzaba a perder fuerza y, poco a poco, una línea gris aparecía en el horizonte.

Para la mayoría de las personas, la llegada del sol significaba seguridad.

Para los seis soldados del SAS atrapados en aquel desierto…

significaba el final de su ventaja.

La noche era su aliada.

La oscuridad ocultaba sus movimientos.

El enemigo podía tener más hombres.

Más vehículos.

Más armas.

Pero ellos tenían algo que el enemigo no tenía.

Experiencia.

Y la capacidad de desaparecer.

Pero cuando saliera el sol…

Todo cambiaría.


El sargento Daniel Mercer estaba arrodillado detrás de una formación rocosa mientras observaba el terreno.

Su equipo había cambiado de posición tres veces en la última hora.

No porque estuvieran retrocediendo.

Porque estaban preparando algo.

Los enemigos creían que los seis soldados estaban intentando sobrevivir.

Pero Mercer sabía que sobrevivir no era suficiente.

Necesitaban escapar.

Y para escapar tenían que hacer algo que nadie esperaba.

Atacar.

Fletcher se arrastró hasta él.

“¿Cuál es el plan?”

Mercer señaló una zona al sur.

Un estrecho paso entre dos paredes de roca.

“Por ahí.”

Fletcher miró la zona.

Luego volvió a mirar a Mercer.

“Eso está demasiado expuesto.”

“Exacto.”

“Entonces ellos también lo saben.”

Mercer asintió.

“Por eso no estarán preparados.”

Fletcher soltó una pequeña risa.

“Siempre haces que las peores ideas suenen como buenas ideas.”

Mercer revisó su cargador.

“No son buenas ideas.”

Pausa.

“Son las únicas.”


A unos cientos de metros, la fuerza enemiga comenzaba a moverse.

Habían esperado toda la noche.

Habían mantenido el cerco.

Sabían que los soldados británicos estaban cansados.

Heridos.

Con poca munición.

Para ellos era cuestión de tiempo.

El comandante enemigo observaba desde una posición elevada.

Seis hombres.

Contra casi noventa.

No había posibilidad.

O eso creía.


Dentro del pequeño grupo del SAS, Mercer revisó a cada hombre.

“Estado.”

“Kerr.”

“Listo.”

“Fletcher.”

“Listo.”

“Cole.”

“Listo.”

Miró a Shaw.

El hombre herido intentó levantarse rápidamente.

“Estoy bien.”

Mercer lo miró.

“No te pregunté eso.”

Shaw suspiró.

“Puedo moverme.”

Eso era suficiente.

Luego miró al más joven.

“Walsh.”

El operador de radio ajustó su rifle.

“Estoy aquí.”

Mercer sostuvo su mirada durante un segundo.

“Quédate cerca de mí.”

Walsh entendió lo que significaba.

No era protección.

Era responsabilidad.


La primera parte del plan era crear una falsa impresión.

Cole sacó una pequeña carga de distracción.

No era grande.

No era suficiente para causar mucho daño.

Pero no necesitaba hacerlo.

Solo necesitaba crear una pregunta.

La guerra muchas veces se ganaba obligando al enemigo a pensar.

Cole colocó la carga en una posición abandonada.

Luego regresó.

Mercer miró su reloj.

Cinco segundos.

Diez.

Quince.

Nada.

Fletcher susurró:

“¿Falló?”

Mercer negó.

“Espera.”

Entonces ocurrió.

Una explosión seca rompió el silencio.

No fue enorme.

Pero fue suficiente.

Desde las posiciones enemigas llegaron voces.

Movimiento.

Órdenes.

Hombres desplazándose.

Mercer esperó.

Tres segundos más.

Luego levantó la mano.

“Ahora.”


Los seis soldados comenzaron a moverse.

No hacia atrás.

No alejándose.

Hacia el enemigo.

La primera línea enemiga no esperaba eso.

Habían preparado posiciones para detener una fuga.

No un avance.

Los británicos cruzaron la zona rocosa en silencio.

Rápidos.

Organizados.

Precisos.

Dos enemigos aparecieron delante.

Kerr disparó.

Uno cayó.

Fletcher eliminó al segundo.

No hubo gritos.

No hubo celebración.

Solo movimiento.

Siempre movimiento.


Pero el enemigo reaccionó rápido.

Demasiado rápido.

Una ametralladora comenzó a disparar desde la izquierda.

Las balas golpearon las rocas.

El grupo tuvo que detenerse.

Mercer observó la posición.

Era demasiado fuerte para atacarla directamente.

Entonces miró a Cole.

Cole entendió.

“No me gusta esa mirada.”

Mercer señaló la posición.

Cole suspiró.

“Claro que no.”

Sacó una granada.

Esperó.

Corrió.

La lanzó.

La explosión obligó a la ametralladora a detenerse.

Los seis cruzaron.


Durante los siguientes minutos, el desierto se convirtió en caos.

Los enemigos intentaban reorganizarse.

Pero cada vez que encontraban una posición…

Los soldados del SAS ya no estaban allí.

Cada movimiento parecía imposible.

Un grupo pequeño moviéndose contra una fuerza mucho mayor.

Pero esa era precisamente la ventaja.

Los noventa hombres necesitaban coordinarse.

Los seis solo necesitaban sobrevivir.


Entonces ocurrió algo que cambió todo.

Walsh escuchó algo.

No un disparo.

No una orden enemiga.

La radio.

La tomó rápidamente.

La golpeada unidad todavía tenía una pequeña luz.

Una frecuencia.

Un mensaje.

“Sunray…”

Todos se detuvieron.

Era una voz débil.

Pero era una voz amiga.

Walsh ajustó el equipo.

“Sunray, aquí Nomad Two. Responda.”

Unos segundos.

Luego:

“Nomad Two, recibimos parte de su transmisión. Confirme situación.”

Walsh casi no podía creerlo.

“Estamos bajo contacto. Seis efectivos. Necesitamos extracción.”

Silencio.

Luego la respuesta:

“Nomad Two, su ubicación fue comprometida.”

Mercer escuchó.

Algo no estaba bien.

“Repita.”

La voz volvió.

“Su ruta fue entregada antes de la operación.”

El grupo quedó inmóvil.

Fletcher miró a Mercer.

“¿Entregada?”

Mercer tomó la radio.

“¿Quién tenía acceso a nuestra ruta?”

La respuesta tardó.

Demasiado.

Finalmente:

“Estamos investigando.”

Mercer sintió una presión en el pecho.

Esto no era una emboscada casual.

Alguien sabía dónde estarían.

Alguien había hablado.


La información cambió todo.

Ahora no solo tenían que escapar del enemigo.

Tenían que preguntarse si podían confiar en alguien.

Porque si la misión había sido revelada…

El enemigo no estaba improvisando.

Los estaban esperando.


Un nuevo sonido apareció.

Motores.

Vehículos acercándose.

Más enemigos.

Más rápido de lo esperado.

Mercer miró hacia el horizonte.

El sol estaba a minutos de aparecer.

Ya no tenían tiempo.

Guardó la radio.

“Nos movemos.”

Fletcher lo miró.

“¿Hacia dónde?”

Mercer señaló una antigua ruta de suministro marcada en el mapa.

Una ruta que parecía no llevar a ninguna parte.

Una ruta que incluso el enemigo probablemente había ignorado.

“Al norte.”

Kerr frunció el ceño.

“Pero dijiste que el norte era terreno abierto.”

Mercer respondió:

“Exacto.”

“Entonces nos verán.”

Mercer cargó su arma.

“Sí.”

Pausa.

“Pero también ellos pensarán que nadie sería tan estúpido como para ir allí.”


Los seis comenzaron a avanzar.

Detrás de ellos, los enemigos cerraban el espacio.

Delante…

Solo había kilómetros de arena.

Sin cobertura.

Sin refugio.

Sin ayuda visible.

Parecía una locura.

Parecía un suicidio.

Pero después de años de combate, Mercer había aprendido algo:

El enemigo esperaba que pensaras como él.

Y a veces…

La única forma de sobrevivir era hacer exactamente lo contrario.


Cuando el primer rayo de sol apareció sobre el desierto…

Los noventa hombres encontraron las huellas.

Encontraron las posiciones abandonadas.

Encontraron los rastros.

Pero no encontraron a los seis soldados.

Porque Mercer y sus hombres ya estaban varios kilómetros adelante.

Heridos.

Cansados.

Con poca munición.

Pero avanzando.


Horas después, una señal apareció en el horizonte.

No era enemiga.

Era británica.

Un helicóptero.

La extracción.

Pero justo cuando pensaban que habían sobrevivido…

La radio volvió a sonar.

Una última transmisión.

Una voz desconocida.

“Mercer.”

El sargento se quedó quieto.

Porque esa voz no pertenecía al enemigo.

Tampoco a sus superiores.

Era alguien que conocía.

Alguien que había participado en la misión.

Alguien que dijo una frase que cambiaría todo:

“Daniel… nunca estuvimos buscando una salida.”

Pausa.

“Estábamos intentando descubrir quién nos traicionó.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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