PARTE 2: La Francotiradora Mexicana Regresó A La Base Como Una Heroína — Pero Descubrió Que La Traición Apenas Había Comenzado – News

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PARTE 2: La Francotiradora Mexicana Regresó A La Base Como Una Heroína — Pero Descubrió Que La Traición Apenas Había Comenzado

PARTE 2: La Francotiradora Mexicana Regresó A La Base Como Una Heroína — Pero Descubrió Que La Traición Apenas Había Comenzado

Durante tres días, nadie en la base militar habló de otra cosa.

La historia de Valeria Castañeda había pasado de ser un informe clasificado a convertirse en un rumor imposible de detener.

Una francotiradora abandonada por su propio equipo.

Una operación que terminó en una traición.

Un capitán condecorado acusado de vender información a mercenarios internacionales.

Y una mujer que, después de recibir una orden que prácticamente era una sentencia de muerte, había regresado sola desde las montañas.

Pero mientras todos hablaban de su supervivencia…

Valeria sabía que la historia no había terminado.

Porque había aprendido algo durante aquella noche:

Cuando alguien intenta destruirte y falla…

la segunda vez no comete el mismo error.


La mañana en que regresó a la base, el cielo estaba gris.

Valeria caminó lentamente por la pista de aterrizaje.

Su pierna todavía estaba vendada.

Cada paso le recordaba la explosión.

El frío.

La traición.

Los rostros de los hombres que habían intentado enterrarla en aquella montaña.

Los soldados que la veían pasar guardaban silencio.

Algunos la saludaban.

Otros simplemente observaban.

Porque ahora sabían algo que antes no sabían.

Valeria no era solamente una francotiradora.

Era alguien que había sobrevivido cuando las probabilidades estaban completamente en su contra.


El General Arturo Salgado la esperaba dentro del edificio de inteligencia.

No sonrió cuando entró.

Eso preocupó a Valeria.

Porque los hombres como Salgado no sonreían cuando tenían buenas noticias.

“Siéntese, Capitán.”

Valeria tomó asiento.

Sobre la mesa había una carpeta.

Gruesa.

Demasiado gruesa.

“¿Qué es eso?”

El general abrió la carpeta.

“Su misión.”

Valeria frunció el ceño.

“Pensé que la investigación había terminado.”

Salgado negó lentamente.

“No investigábamos solamente a Morales.”

Silencio.

“Investigábamos quién estaba detrás de él.”


El general colocó varias fotografías sobre la mesa.

Personas.

Empresas.

Cuentas bancarias.

Rutas de transporte.

Valeria observó los documentos.

“¿Cuánto tiempo lo sabían?”

Salgado tardó en responder.

“Sabíamos que había una filtración.”

“¿Y me enviaron igual?”

Otra pausa.

“Sí.”

Valeria apretó la mandíbula.

“Me usaron como cebo.”

El general no intentó negarlo.

“Necesitábamos saber quién estaba involucrado.”

“Podrían haberme informado.”

“Si lo hubiéramos hecho, la operación habría cambiado.”

Valeria se levantó lentamente.

“Mi equipo me vendió.”

“Lo sé.”

“Intentaron matarme.”

“Lo sé.”

“Y usted esperaba que yo volviera con pruebas.”

El general sostuvo su mirada.

“Esperaba que usted hiciera lo que siempre hace.”

Valeria sonrió sin humor.

“Sobrevivir.”


Esa respuesta la molestó más de lo que quería admitir.

Porque era cierto.

Durante años, el ejército había confiado en ella precisamente por eso.

Porque Valeria era la persona enviada cuando una misión parecía imposible.

Pero había una diferencia entre una misión difícil…

y ser entregada como sacrificio.


Esa noche, Valeria volvió a revisar todos los documentos.

No podía dormir.

Cada vez que cerraba los ojos veía la baliza encendiéndose en su chaleco.

La señal diciendo:

Aquí está.

Aquí está el objetivo.

Mátenla.

Entonces encontró algo.

Un nombre.

Uno que no debería estar allí.

Comandante Esteban Rivas.

Su antiguo instructor.

El hombre que la había reclutado para operaciones especiales.

El hombre que había escrito personalmente la recomendación que permitió que Valeria entrara a la unidad.

Ella se quedó mirando la pantalla.

“No puede ser.”


A la mañana siguiente pidió una reunión.

Pero antes de llegar…

su teléfono recibió un mensaje desconocido.

Solo decía:

“No confíes en la investigación oficial.”

Valeria se quedó quieta.

Después llegó otro mensaje.

“Morales no era el líder.”


La dirección del remitente era imposible de rastrear.

Pero Valeria sabía algo.

Alguien quería que ella encontrara la verdad.

Y alguien más quería que dejara de buscar.


Esa misma tarde fue al antiguo campo de entrenamiento.

Allí encontró al Comandante Rivas.

Un hombre de casi sesenta años.

Cabello gris.

Mirada dura.

Él la vio acercarse y suspiró.

“Sabía que vendrías.”

Valeria no perdió tiempo.

“¿Por qué estaba su nombre en los archivos?”

Rivas no respondió.

“Comandante.”

Él miró hacia el campo vacío.

“Porque yo ayudé a crear la unidad.”

“Eso no responde mi pregunta.”

Rivas bajó la mirada.

“También ayudé a crear el sistema que ahora está intentando destruirla.”


El silencio entre ellos fue pesado.

“Explíquese.”

Rivas caminó lentamente.

“Hace cinco años, un grupo dentro de la organización comenzó a vender información.”

“¿Quién?”

“No importa.”

“Sí importa.”

El viejo comandante la miró.

“Porque si te digo el nombre, dejarás de investigar.”

Valeria dio un paso adelante.

“Entonces ya lo sabe.”

Rivas no respondió.

Y eso fue suficiente.


Horas después, Valeria recibió una llamada.

Era Gabriel Morales.

La prisión militar.

Ella contestó.

Durante unos segundos solo hubo silencio.

Entonces escuchó su voz.

“Valeria.”

Ella cerró los ojos.

“¿Qué quieres?”

“Advertirte.”

Una pequeña risa salió de ella.

“¿Advertirme?”

“Escúchame.”

“No tengo nada que escuchar de ti.”

“Hay personas que quieren que muera antes de hablar.”

Valeria permaneció callada.

Porque sabía que podía estar mintiendo.

Pero también sabía algo.

Un hombre como Morales no llamaría si no tuviera miedo.


“¿Quién?”

Silencio.

Después respondió:

“Los mismos que ordenaron mi operación.”

Valeria sintió un escalofrío.

“Pensé que tú estabas al mando.”

“No.”

La voz de Morales cambió.

“Yo solo era una pieza.”


Esa noche, Valeria tomó una decisión.

No iba a investigar desde una oficina.

No iba a esperar órdenes.

Porque si alguien dentro de su propia organización había creado una red de traición…

necesitaba verlo con sus propios ojos.


Su objetivo era una instalación secreta utilizada para almacenar información operativa.

Oficialmente, nadie podía entrar.

Pero Valeria conocía cada protocolo.

Cada punto débil.

Cada error humano.

Porque durante años había sido la persona enviada para encontrar esos errores.


A las 03:00 de la madrugada llegó al lugar.

Sin apoyo.

Sin equipo.

Sin autorización.

Solo ella.

Como en la montaña.


Dentro encontró algo que nunca esperaba.

Una sala llena de archivos.

Misiones.

Operaciones.

Nombres.

Pero había un documento destacado.

Una lista.

Una lista de agentes considerados “prescindibles”.

Valeria comenzó a leer.

Y entonces vio su propio nombre.

Fecha.

Código.

Observación:

“Alta capacidad operativa. Difícil control. En caso de exposición, considerar eliminación.”

Se quedó completamente inmóvil.

No había sido una decisión de última hora.

No había sido una emergencia.

La habían marcado desde antes.


Entonces escuchó un sonido.

Un arma siendo cargada.

Valeria cerró lentamente el archivo.

Una voz apareció detrás de ella.

“Siempre fuiste demasiado inteligente para tu propio bien.”

Ella reconoció la voz.

Comandante Rivas.


Valeria se giró.

Pero algo estaba diferente.

Rivas no parecía enemigo.

Parecía cansado.

“¿Usted?”

Él negó.

“No vine a detenerte.”

“Entonces ¿por qué está armado?”

Porque segundos después…

las luces del edificio se apagaron.

Y desde afuera comenzaron a escucharse vehículos acercándose.

Muchos vehículos.

Rivas miró hacia la puerta.

“Porque ahora vienen por los dos.”


Valeria tomó su arma.

Por primera vez en mucho tiempo…

no estaba cazando.

No estaba escapando.

Estaba descubriendo que la guerra real nunca había sido contra mercenarios en una montaña.

La verdadera guerra estaba dentro.

Y alguien había construido todo un sistema para borrar a personas como ella.


Rivas la miró.

“Valeria.”

“¿Sí?”

“Si quieres sobrevivir esta noche…”

Ella levantó el rifle.

“¿Qué?”

El viejo comandante respiró profundamente.

“Vas a tener que confiar en alguien.”

Valeria miró la puerta.

Escuchó los pasos acercándose.

Luego respondió:

“Ese ha sido mi problema desde el principio.”


Las puertas comenzaron a abrirse.

Las luces rojas de emergencia iluminaron el pasillo.

Y Valeria Castañeda entendió algo:

La montaña no fue el final de su misión.

Fue solamente la primera prueba.

Porque ahora no estaba luchando contra un ejército.

Estaba luchando contra una organización que conocía todos sus movimientos.

Y esta vez…

el enemigo sabía exactamente quién era el fantasma.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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