Capítulo 3: La casa de mi madre escondía un secreto familiar
Capítulo 3: La casa de mi madre escondía un secreto familiar
Durante varios minutos, no pude apartar los ojos de aquella nota.
Si quieres saber la verdad, no vayas al hotel.
Ve a casa de tu madre.
No entendía quién había dejado la memoria USB sobre mi escritorio.
Tampoco entendía cómo había entrado en mi despacho sin que yo lo escuchara.
Pero una cosa estaba clara.
La persona que había escrito aquella nota sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Y conocía detalles de mi familia que un extraño jamás habría podido conocer.
Llamé a Marcus.
—¿Sigues ahí?
—Sí.
—No vayas al hotel.
—¿Qué?
—Alguien quiere que yo vaya allí, pero acabo de recibir una nota diciéndome que vaya a la casa de mi madre.
Hubo silencio.
—¿Estás seguro de que es buena idea?
—No.
Miré la memoria USB.
—Pero es la única pista que tengo.
Marcus suspiró.
—Entonces no vayas solo.
Tomé las llaves del automóvil.
Antes de salir, miré hacia el dormitorio.
La cama seguía desordenada.
El perfume de mi esposa todavía flotaba en el aire.
Por unas horas había pensado que nuestra historia estaba terminada.
Ahora ni siquiera sabía si había entendido correctamente el principio.
La casa de mi madre estaba a unos cuarenta minutos de distancia.
Después de su muerte, mi padre había insistido en venderla.
Pero yo me había negado.
Era la única casa donde todavía podía recordar a mi madre exactamente como había sido.
Las paredes del pasillo seguían teniendo pequeñas marcas de cuando yo era niño.
En la cocina todavía había un reloj viejo que nunca funcionaba correctamente.
Y en el dormitorio de mi madre permanecía un pequeño tocador de madera.
Entré con cuidado.
La habitación estaba cubierta de polvo.
Encendí la luz.
Todo parecía exactamente igual que la última vez que había estado allí.
Excepto por una cosa.
El cajón inferior del tocador estaba abierto.
Me acerqué lentamente.
No recordaba haberlo dejado así.
Dentro había varias fotografías antiguas, algunas cartas y una pequeña caja de madera.
La abrí.
Vacía.
Entonces recordé algo.
Cuando era niño, mi madre siempre escondía documentos importantes detrás del espejo del tocador.
Levanté el espejo.
Nada.
Pero cuando pasé los dedos por el borde inferior, sentí una pequeña irregularidad.
Presioné.
Una parte de la madera se movió.
Había un compartimento oculto.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Dentro encontré un sobre amarillento.
En la parte delantera estaba escrito mi nombre.
Daniel.
Me senté en el borde de la cama antes de abrirlo.
La letra era de mi madre.
La reconocería en cualquier lugar.
Abrí el sobre.
La primera hoja decía:
Si algún día encuentras esto, significa que ya no pude protegerte.
Sentí un nudo en la garganta.
Seguí leyendo.
Mi madre hablaba de una cuenta bancaria que nunca había mencionado.
Decía que alguien había utilizado su identidad para mover dinero durante años.
Al principio pensó que se trataba de un error.
Después descubrió que no.
Había transferencias relacionadas con una empresa llamada North Ridge.
El mismo nombre que había aparecido en los documentos que encontré semanas atrás.
Seguí leyendo.
Entonces apareció un nombre.
Richard.
Mi padre.
Me quedé inmóvil.
Durante toda mi vida había creído que mi padre no tenía nada que ver con aquello.
Pero mi madre había escrito claramente:
Richard sabe que alguien está utilizando mi nombre. Le pedí que me ayudara a descubrir quién era.
Pasé a la siguiente página.
Mi madre había escrito algo todavía más extraño.
Si algo me sucede, no confíes en nadie que diga que lo hizo por protegerte.
Sentí un escalofrío.
Porque aquella frase parecía estar escrita para mí.
Justo entonces escuché un automóvil detenerse frente a la casa.
Apagué la luz.
Me acerqué a la ventana.
Un vehículo oscuro estaba estacionado frente a la propiedad.
No reconocía el automóvil.
Alguien bajó.
Era una mujer.
La misma mujer de la fotografía del hotel.
La mujer que llevaba el colgante de mi madre.
Mi respiración se detuvo.
¿Cómo había encontrado aquella casa?
Retrocedí lentamente.
Entonces escuché tres golpes en la puerta principal.
No abrí.
Los golpes volvieron a sonar.
Tres veces.
Después escuché una voz.
—Daniel.
Era una voz femenina.
—Sé que estás ahí.
Miré nuevamente el sobre.
—¿Quién eres? —pregunté desde el pasillo.
La mujer respondió:
—Mi nombre es Laura.
Ese nombre apareció inmediatamente en una de las cartas de mi madre.
Laura Bennett.
La hermana de mi padre.
Mi tía.
La mujer que, según mi familia, había muerto antes de que yo naciera.
Abrí la puerta lentamente.
La mujer me miró.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.
Después señaló el colgante que llevaba.
—Esto pertenecía a tu madre.
—Lo sé.
—No.
Negó con la cabeza.
—No sabes nada.
Sentí que la rabia comenzaba a crecer.
—Mi familia me dijo que habías muerto.
Laura soltó una sonrisa triste.
—Tu familia te dijo muchas cosas.
—¿Por qué llevas el colgante de mi madre?
Laura entró lentamente en la casa.
—Porque tu madre me lo dio la última vez que la vi.
Sentí que el suelo parecía moverse bajo mis pies.
—¿Cuándo fue eso?
Laura me miró directamente.
—Tres días antes de su muerte.
Me quedé sin palabras.
—Eso es imposible.
—No.
Su voz era tranquila.
—Lo imposible es lo que te hicieron creer durante doce años.
Entonces sacó un sobre de su bolso.
—Tu esposa me encontró hace tres semanas.
La miré fijamente.
—¿Natalie?
Laura asintió.
—Ella fue quien me pidió ayuda.
Mi corazón se aceleró.
—¿Por qué?
—Porque descubrió que alguien estaba utilizando tus cuentas para mover dinero.
—¿Y Ethan?
—También descubrió parte de la verdad.
Sentí que todas las piezas comenzaban a encajar.
—Entonces mi esposa no estaba teniendo una aventura.
Laura negó con la cabeza.
—No.
—¿El hotel?
—Era una reunión.
—¿Con Ethan?
—Sí.
—¿Y la habitación?
Laura me miró durante unos segundos.
—No era para ellos.
—Entonces, ¿para quién?
No respondió.
En lugar de eso, sacó una fotografía de su bolso.
La colocó sobre la mesa.
Era una fotografía de un hombre entrando en un edificio.
Lo reconocí inmediatamente.
Era mi padre.
Pero había algo que no podía ser.
La fecha estaba impresa en la parte inferior.
Hace seis meses.
—Mi padre murió hace doce años —susurré.
Laura me sostuvo la mirada.
—Eso es lo que te dijeron.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
—¿Quieres decir que está vivo?
Laura no respondió.
Solo deslizó otra fotografía hacia mí.
En ella aparecía mi padre sentado frente a una mesa.
Y junto a él estaba Ethan.
Pero eso no era lo más extraño.
En la mesa había una carpeta.
La misma carpeta que yo había preparado aquella semana.
La misma que contenía las pruebas sobre las transferencias.
—¿Cómo puede tener eso? —pregunté.
Laura respondió en voz baja:
—Porque tu padre lleva doce años intentando descubrir quién destruyó a nuestra familia.
Mi teléfono vibró.
Era Natalie.
Había enviado un solo mensaje.
Daniel, por favor, no confíes en Laura.
Levanté lentamente la mirada.
Laura estaba observando mi teléfono.
Y entonces dijo algo que hizo que mi corazón se detuviera.
—Tu esposa acaba de cometer el mismo error que cometió tu madre.
—¿Qué error?
Laura se acercó a la ventana.
—Confiar en la persona equivocada.
En ese instante, las luces de un automóvil iluminaron la casa.
Laura miró hacia afuera.
Su expresión cambió por completo.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
Se volvió hacia mí.
—Porque encontraron esta casa.
—¿Quiénes?
Laura no respondió.
Solo tomó el sobre de mi madre y la memoria USB.
Después apagó todas las luces.
Y, en la oscuridad, escuché el sonido de otro automóvil deteniéndose frente a la casa.
Había alguien más afuera.
Y por la manera en que Laura estaba temblando, comprendí que aquella persona era mucho más peligrosa que cualquiera de nosotros había imaginado.
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