Capítulo 3: La heredera que ellos intentaron fabricar – News

Capítulo 3: La heredera que ellos intentaron fabricar

Capítulo 3: La heredera que ellos intentaron fabricar

Capítulo 3: La heredera que ellos intentaron fabricar

No le conté a Grant lo que había descubierto.

Tampoco llamé a Vivian.

Y mucho menos enfrenté a Celeste.

Daniel me había enseñado a no mover una pieza hasta saber qué había detrás del tablero.

Así que hice lo único que Grant nunca esperaría de mí.

Esperé.

A la mañana siguiente, Daniel llegó a la casa de huéspedes con dos investigadores de su bufete.

Rebecca también estaba allí.

Había pasado toda la noche revisando los documentos que había llevado de la clínica.

—Hay algo que no entiendo —dijo Daniel—. Si ese embrión era de ustedes, ¿cómo pudieron transferirlo a otra mujer?

Rebecca negó con la cabeza.

—No podían hacerlo sin autorización.

—Entonces alguien falsificó documentos.

Rebecca asintió.

—Eso creemos.

Daniel tomó el formulario.

—¿Y la firma de Claire?

Rebecca señaló la parte inferior.

—Aquí.

Miré el papel.

La firma se parecía a la mía.

Pero no era mía.

Daniel la observó durante varios segundos.

—Es una falsificación bastante buena.

Sentí un nudo en el pecho.

—¿Quién tenía acceso a mi firma?

Daniel levantó la mirada.

—Grant.

Pensé en todos los documentos que había firmado durante nuestro matrimonio.

Contratos.

Papeles bancarios.

Documentos relacionados con la empresa.

Autorizaciones médicas.

De repente, comprendí algo.

Grant no había necesitado robar mi firma.

Solo necesitaba copiarla.

—¿Y quién es “C. Mercer”? —pregunté.

Rebecca abrió otro documento.

—La mujer que recibió el embrión aparece registrada como Claire Mercer.

Me quedé inmóvil.

—Pero yo nunca recibí ese embrión.

—Lo sé.

Daniel frunció el ceño.

—Entonces utilizaron tu identidad.

La habitación quedó en silencio.

Lily comenzó a llorar desde la habitación contigua.

Me levanté inmediatamente.

La tomé entre mis brazos y la acerqué a mi pecho.

Mientras la calmaba, pensé en algo que Grant había dicho en el hospital.

“Necesito un hijo.”

No había dicho:

“Quiero otro hijo.”

Había dicho que lo necesitaba.

Como si fuera un objetivo.

Como si Lily no fuera suficiente.

Como si hubiera estado esperando a alguien que pudiera ocupar su lugar.

—Daniel —dije.

—¿Sí?

—Quiero saber qué tiene que ver mi fideicomiso con esto.

Daniel se quedó callado.

Después tomó su teléfono.

—Voy a llamar al administrador actual.

Dos horas más tarde, teníamos la respuesta.

El fideicomiso de mi madre contenía una cláusula que yo nunca había leído personalmente.

Una cláusula relacionada con los herederos.

Los bienes familiares no podían ser transferidos simplemente al esposo de una beneficiaria.

Pero existía una excepción.

Si la beneficiaria fallecía o era declarada legalmente incapaz, sus hijos podían convertirse en beneficiarios principales.

Daniel dejó el documento sobre la mesa.

—Claire, si Grant consiguiera que un tribunal te declarara incapaz…

No terminó la frase.

No necesitaba hacerlo.

Lo entendí.

Si conseguía controlar mis bienes, podría intentar controlar también el futuro de Lily.

Pero entonces apareció otra pregunta.

—¿Qué tiene que ver el supuesto hijo de Celeste?

Daniel me miró.

—Eso es lo que debemos descubrir.

Esa misma tarde, Daniel recibió una llamada.

Era del centro de fertilidad.

Habían encontrado más documentos.

Y esta vez, aparecía el nombre de Vivian.

La madre de Grant había firmado como testigo en una de las autorizaciones.

También aparecía el nombre de una clínica privada donde Celeste había recibido tratamiento.

Pero había algo extraño.

La fecha de transferencia del embrión no coincidía con la fecha de concepción que Celeste había anunciado públicamente.

Daniel calculó las fechas.

Luego volvió a calcularlas.

—No puede ser.

—¿Qué?

—Si Celeste está embarazada de doce semanas, la transferencia que aparece aquí ocurrió demasiado tarde.

Rebecca asintió.

—Eso significa que el embarazo de Celeste no proviene de ese embrión.

Sentí que todo se volvía todavía más extraño.

—Entonces, ¿por qué compraron el embrión?

Rebecca me miró.

—Para tener una segunda opción.

Daniel se quedó pensativo.

—Una segunda opción para qué.

Rebecca bajó la voz.

—Para utilizarlo si el embarazo de Celeste fracasaba.

Sentí frío.

—¿Y si el embarazo continúa?

Rebecca no respondió.

Pero Daniel sí.

—Entonces ese embrión probablemente estaba destinado a otra persona.

Miré nuevamente la fotografía.

La mujer mayor estaba detrás de Grant, Celeste y Vivian.

La antigua administradora del fideicomiso.

Su nombre era Margaret Collins.

Cinco años antes, mi madre la había despedido después de descubrir varias irregularidades en las cuentas.

Margaret había desaparecido poco después.

Siempre pensé que simplemente había conseguido otro trabajo.

Ahora entendía que quizá nunca había sido así.

Daniel encontró su dirección actual.

Vivía a casi cuatro horas de distancia.

Fuimos allí esa misma noche.

Margaret abrió la puerta después del tercer golpe.

Cuando me vio, su rostro perdió el color.

—Claire…

—Necesito respuestas.

Miró a Daniel.

—No deberían haber venido.

—¿Conoces a Grant? —pregunté.

Margaret bajó la mirada.

—Sí.

—¿Conoces a Vivian?

—Sí.

—¿Sabes qué hicieron con nuestro embrión?

Margaret cerró los ojos.

Durante unos segundos no dijo nada.

Luego abrió la puerta.

—Entren.

Su casa estaba llena de carpetas.

Cajas.

Documentos.

Fotografías.

Y en una pared había algo que me hizo detenerme.

Una fotografía de mi madre.

—¿Por qué tienes esto?

Margaret respiró profundamente.

—Porque tu madre descubrió lo que estaban haciendo.

Sentí que el corazón se me aceleraba.

—¿Quiénes?

—Grant no fue el primero.

Daniel se acercó.

—Explíquese.

Margaret se sentó.

—Hace seis años, Vivian comenzó a preguntar por el fideicomiso de tu madre. Quería saber cuánto dinero había, quién podía heredarlo y qué ocurriría si tú tenías un hijo.

—¿Por qué?

—Porque Grant tenía deudas.

Sentí que algo se rompía dentro de mí.

Yo siempre había pensado que Grant había empezado a tener problemas económicos después de nuestra boda.

Pero no.

Los problemas habían comenzado antes.

Margaret continuó:

—Tu madre sospechaba que alguien intentaba utilizarte para acceder al patrimonio familiar.

—¿Y nunca me lo dijo?

—Intentó hacerlo.

Margaret abrió una caja.

Dentro había cartas.

Una de ellas llevaba el nombre de mi madre.

La abrí con manos temblorosas.

Solo había unas pocas líneas.

Pero fueron suficientes.

Mi madre había escrito que desconfiaba de Grant.

Había escrito que alguien estaba intentando convencerlo de que un hijo varón podía cambiar la línea de sucesión del fideicomiso.

Pero eso no tenía sentido.

Yo ya tenía a Lily.

Entonces leí la última parte.

Y comprendí.

El fideicomiso no distinguía entre hijos varones y mujeres.

Pero Grant sí.

Porque él había encontrado otra cláusula.

Una que decía que cualquier heredero nacido de una unión posterior podría recibir ciertos beneficios si se demostraba que el matrimonio anterior había terminado legalmente.

Daniel tomó la carta.

—Dios mío.

—¿Qué? —pregunté.

—El divorcio.

Lo miré.

—¿Qué pasa con él?

—Grant necesita divorciarse de ti antes del nacimiento de ese supuesto hijo para construir la historia que necesita.

Me quedé mirando a Daniel.

—Pero Celeste todavía está embarazada.

—Exactamente.

De repente, todo encajó.

El divorcio no era simplemente para deshacerse de mí.

Era parte de un plan.

Grant quería presentarse como un hombre que había terminado un matrimonio “fallido” y había formado una nueva familia.

Quería que Celeste tuviera un hijo.

Un supuesto heredero.

Y quería que Lily pareciera irrelevante.

Pero había cometido un error.

Uno enorme.

Había olvidado que Lily no era una niña cualquiera.

Era mi hija.

Y era la heredera legítima de todo aquello que mi madre había protegido.

Entonces mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Grant.

“Tenemos que hablar. Celeste y yo hemos decidido adelantar la boda.”

Leí el mensaje dos veces.

Después llegó otro.

“Quiero que firmes el acuerdo de divorcio antes de la ceremonia.”

Miré a Daniel.

Él entendió inmediatamente.

—No respondas.

Pero sonreí.

Porque por primera vez sabía exactamente lo que Grant quería.

Y también sabía algo que él todavía ignoraba.

Yo no iba a impedir su boda.

Iba a dejar que ocurriera.

Porque si Grant quería construir su nueva vida sobre una mentira…

Yo quería que todos sus invitados estuvieran presentes cuando esa mentira se derrumbara.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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