Capítulo 2: El apellido que escondía la verdad – News

Capítulo 2: El apellido que escondía la verdad

Capítulo 2: El apellido que escondía la verdad

Capítulo 2: El apellido que escondía la verdad

Marco cerró la puerta de la habitación antes de hablar.

—El mensaje llegó hace seis minutos.

Me mostró la pantalla de su teléfono.

Era una fotografía tomada desde el estacionamiento del hospital.

Elena aparecía entrando al edificio esa misma noche.

Pero había algo extraño.

No estaba sola.

Un hombre caminaba varios metros detrás de ella.

Llevaba una gorra oscura y una chaqueta gris.

No se le veía el rostro.

—¿Quién es? —pregunté.

Marco amplió la imagen.

—Todavía no lo sabemos.

—Dijiste que llevaba mi apellido.

Marco guardó silencio durante unos segundos.

Después deslizó el dedo por la pantalla.

Apareció una segunda fotografía.

Sentí que el estómago se me cerraba.

El hombre de la fotografía estaba entrando en el antiguo edificio donde Elena había estado viviendo desde nuestro divorcio.

El edificio pertenecía a una empresa que llevaba el apellido de mi familia.

Mercer Holdings.

—Eso no significa que sea alguien de mi familia.

—No —respondió Marco—. Pero encontré algo más.

Abrió un archivo.

Era un registro de visitas del edificio.

Elena había recibido la visita de la misma persona ocho veces durante las últimas seis semanas.

El nombre utilizado para entrar era falso.

Pero el número de identificación del visitante pertenecía a alguien que yo conocía perfectamente.

Nathan Mercer.

Mi hermano menor.

Me quedé mirando el nombre.

Nathan.

Mi hermano.

La persona en quien había confiado durante toda mi vida.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Sentí que una vieja sensación regresaba a mi pecho.

Aquella sensación que había aprendido a reconocer años atrás.

Peligro.

Pero había algo que no encajaba.

Nathan había sido una de las personas que más había insistido en que me divorciara de Elena.

Decía que ella me estaba utilizando.

Que solo quería mi dinero.

Que nuestro matrimonio había sido un error.

Incluso la noche en que firmé los papeles, Nathan estuvo conmigo.

Me había dicho:

—Luke, algún día me agradecerás haber sido sincero contigo.

Yo le creí.

Ahora no sabía qué creer.

Miré a Elena.

Seguía inconsciente.

Su mano descansaba sobre su vientre.

Nuestro hijo.

—Quiero saber todo —dije.

Marco asintió.

—Ya empecé a investigar.

—No.

Lo miré directamente.

—Quiero saberlo todo desde antes del divorcio.

Marco entendió inmediatamente.

Salimos de la habitación y dejamos a Elena bajo vigilancia médica.

En el pasillo, la doctora Bennett se acercó.

—Señor Mercer.

—¿Sí?

—Hay algo más que debería saber.

Me detuve.

—Los hematomas de su muñeca no parecen recientes.

Mi expresión cambió.

—¿Qué quiere decir?

—Hay marcas de distintas edades. Algunas parecen tener varias semanas.

Miré hacia la habitación.

—¿Alguien la estaba lastimando?

La doctora no quiso sacar conclusiones.

—No puedo afirmarlo. Pero cuando despierte, necesitaremos hablar con ella en privado.

Asentí.

—Hágalo.

Regresé junto a Marco.

—¿Qué más encontraste?

Me entregó una carpeta.

—Pagos.

La abrí.

Había transferencias bancarias realizadas desde una cuenta perteneciente a una empresa subsidiaria de Mercer Holdings.

Todas habían terminado en la misma cuenta.

La cuenta de Elena.

Pero Elena nunca había recibido ese dinero.

Las transferencias habían sido retiradas en efectivo.

Casi cuarenta mil dólares en total.

—¿Quién tenía acceso a esta cuenta? —pregunté.

—Tres personas.

Pasó una página.

Mi padre.

Mi hermano Nathan.

Y yo.

Sentí un escalofrío.

—Yo no hice esto.

—Lo sé.

—¿Cómo puedes estar seguro?

Marco me sostuvo la mirada.

—Porque estaba contigo cada vez que aparece una de estas transacciones.

Volví a mirar los documentos.

Entonces encontré algo.

Una firma.

Mi firma.

Pero no era exactamente mi firma.

Era demasiado perfecta.

Alguien había copiado mi rúbrica.

—Falsificación —dije.

Marco asintió.

—Eso parece.

Mi mente comenzó a reconstruir los últimos meses.

Las discusiones con Elena.

Las veces que desaparecía durante horas.

Los mensajes que había recibido desde números desconocidos.

Las fotografías que parecían demostrar que Elena estaba ocultándome algo.

Y, sobre todo, las palabras de Nathan.

“Ella te está engañando.”

Había sido él quien me mostró aquellas fotografías.

Había sido él quien me convenció de que Elena ya no me amaba.

Había sido él quien me dijo que debía divorciarme antes de perderlo todo.

—Marco.

—¿Sí?

—Encuentra a Nathan.

—Ya lo hice.

Levanté la vista.

—¿Dónde está?

Marco tardó unos segundos en responder.

—No está en Nueva York.

—¿Dónde?

—En Boston.

—¿Desde cuándo?

—Desde esta tarde.

Mi teléfono comenzó a vibrar.

Número desconocido.

Contesté.

No escuché ninguna palabra durante los primeros segundos.

Solo respiración.

Después, una voz femenina susurró:

—Luke…

Se me heló la sangre.

Era Elena.

—Elena.

—No confíes en Nathan.

Miré a Marco.

—¿Dónde estás?

—En el hospital.

—No…

Su voz tembló.

—Escúchame. Si desperté aquí, significa que ellos cometieron un error.

—¿Quiénes?

Hubo un silencio.

—Tu hermano no empezó esto.

Mi corazón se aceleró.

—Entonces dime quién.

Elena respiró con dificultad.

—La persona que me obligó a alejarme de ti…

La línea comenzó a cortarse.

—¡Elena!

Su voz llegó una última vez.

—Fue tu padre.

La llamada terminó.

Me quedé inmóvil.

Mi padre llevaba muerto once meses.

O eso era lo que yo había creído.

Marco miró mi rostro.

—Jefe…

Antes de que pudiera terminar, escuchamos pasos apresurados en el pasillo.

Un guardia de seguridad apareció corriendo.

—Señor Mercer, tenemos un problema.

—¿Qué ocurrió?

—Alguien intentó entrar en la habitación de Elena.

—¿Quién?

El guardia tragó saliva.

—Mostró una identificación oficial.

—¿De quién?

El hombre me entregó una fotografía tomada por la cámara de seguridad.

La miré.

El rostro que aparecía allí hizo que todo mi cuerpo se quedara rígido.

Era mi padre.

El hombre que había enterrado once meses atrás.

Y detrás de la fotografía había una frase escrita a mano:

“Luke, si estás leyendo esto, ya es demasiado tarde. Tu padre nunca murió.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles