CAPÍTULO 2: EL SECRETO QUE MI HERMANA NUNCA DEBIÓ DESCUBRIR
CAPÍTULO 2: EL SECRETO QUE MI HERMANA NUNCA DEBIÓ DESCUBRIR
Al entrar en la sala, encontré a Tessa sentada en el sofá, con el teléfono apretado entre las manos. Su rostro estaba pálido y tenía los ojos enrojecidos. Ya no quedaba ni rastro de la sonrisa arrogante que había mostrado en su video.
Los dos agentes se levantaron cuando me vieron.
—¿Lauren Bell? —preguntó uno de ellos.
Asentí.
—Soy el oficial Daniel Harris. Estamos aquí para documentar una denuncia relacionada con el acceso no autorizado a un dispositivo corporativo y la divulgación de información privada.
Miré a Tessa.
—¿Qué les has contado?
Mi hermana abrió la boca, pero no consiguió pronunciar una palabra.
Papá estaba de pie junto a la chimenea, con una expresión que jamás le había visto.
—Lauren, tu hermana dice que todo fue una broma. Que tú le has prestado el ordenador muchas veces y que no sabía que estaba haciendo algo malo.
Solté una risa amarga.
—Nunca le he prestado mi ordenador de trabajo.
Tessa levantó la cabeza inmediatamente.
—¡Pero estaba abierto! ¡No tenía contraseña!
—Eso no significa que tengas permiso para utilizarlo.
—¡Solo quería enseñar cuánto ganas! ¡No he robado nada!
El segundo agente intervino con calma.
—Señorita, el problema no se limita a la cifra que aparece en pantalla. El video muestra información procedente de un portal corporativo protegido, incluyendo identificadores internos y datos relacionados con la estructura de compensación de una empleada.
Tessa tragó saliva.
—Pero ya lo borré.
—Hemos recibido copias del video antes de que desapareciera —respondió el agente—. Además, la empresa ha presentado una notificación formal del incidente.
Mi hermana me miró como si yo hubiera organizado personalmente todo aquello.
—Lauren, haz algo. Diles que somos hermanas. Diles que no quiero perjudicarte.
La miré fijamente.
—Yo tampoco quería perjudicarte. Por eso te dije que no podía darte veinte mil dólares.
Su rostro se endureció.
—¡Esto no tiene nada que ver con el dinero!
—Entonces explícame por qué entraste en mi ordenador, fotografiaste mi información y la publicaste para que miles de desconocidos se burlaran de mí.
No respondió.
Uno de los agentes sacó una libreta.
—Necesitamos saber quién tuvo acceso al dispositivo y si alguien más participó en la publicación.
—Solo fui yo —murmuró Tessa.
Papá se acercó lentamente.
—Tessa, ¿de verdad no lo sabes?
Ella frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Papá miró al agente y después a mí.
—Lauren no gana lo que tú crees que gana. Esa cantidad que publicaste no representa su sueldo anual. Ni siquiera representa todo lo que recibe por su trabajo.
Tessa soltó una pequeña carcajada nerviosa.
—Papá, no empieces. Vi la cifra con mis propios ojos.
—Viste un depósito neto —respondí—. No mi salario bruto, no mis bonificaciones y mucho menos mi patrimonio.
Mi hermana bajó la mirada.
Pero papá todavía no había terminado.
—Y hay algo más que deberías saber. Tu hermana lleva años ayudándome a mantener esta casa y a pagar mis gastos médicos. Nunca te lo ha contado porque no quiere que nadie se sienta obligado a agradecerle nada.
Tessa me miró con incredulidad.
—¿Tú pagas las cosas de papá?
—No todo —respondí—. Pero sí bastante más de lo que imaginas.
Durante unos segundos, nadie habló.
Entonces el teléfono de Tessa vibró.
Una notificación apareció en su pantalla. Era un mensaje de uno de sus socios del estudio de producción.
Lo leyó y empezó a temblarle la mano.
—¿Qué pasa? —preguntó papá.
Ella giró el teléfono hacia sí misma, intentando ocultarlo.
Pero ya había visto el nombre de la empresa.
Su socio había escrito:
«Acabo de recibir una llamada. Han visto el video. No quiero que nuestro negocio aparezca relacionado con una filtración de información corporativa. Retira mi nombre de cualquier publicación y no vuelvas a mencionarme».
Tessa comenzó a llorar.
—Lauren, por favor. Ahora también voy a perder el estudio.
No sentí satisfacción.
Solo cansancio.
—Te advertí que tu plan de negocio tenía problemas. Te advertí que no debías gastar dinero que no tenías. Y ahora también te advertí que no debías utilizar mi información privada para conseguir visitas.
—¡No sabía que sería tan grave!
—Nunca te detuviste a pensar en las consecuencias.
El oficial Harris cerró su libreta.
—Señorita Bell, todavía necesitamos completar nuestra investigación. Le recomendamos que no elimine ningún otro archivo ni contacte a los testigos para modificar sus declaraciones.
Tessa asintió rápidamente.
Cuando los agentes salieron para hablar con mi padre, ella se levantó y se acercó a mí.
—¿Vas a denunciarme?
La miré durante un largo instante.
—No voy a mentir para protegerte. Tampoco voy a asumir la responsabilidad de algo que tú decidiste hacer.
—Pero somos hermanas…
—Precisamente por eso deberías haber respetado mi privacidad.
Tessa volvió a sentarse.
Pensé que aquello sería el final de la discusión, pero entonces mi teléfono vibró.
Era un correo de Adrian López, el responsable de seguridad corporativa.
El asunto decía:
«Actualización urgente: incidente de divulgación de información».
Abrí el mensaje.
Adrian explicaba que el equipo había revisado las imágenes publicadas y detectado algo que iba más allá de mi depósito bancario.
En una esquina del video aparecía una sección del portal que contenía información sobre una revisión interna de compensaciones.
No era información sobre mis compañeros, pero sí una referencia a un proyecto corporativo confidencial en el que yo había participado durante los últimos seis meses.
Y alguien había conseguido ampliar esa parte de la imagen.
Al final del correo había una última frase:
«Lauren, necesitamos hablar contigo personalmente. Hay indicios de que la persona que publicó el video pudo haber captado información adicional que todavía no ha aparecido en internet».
Leí aquella línea dos veces.
Después levanté lentamente la mirada hacia Tessa.
—¿Grabaste algo más cuando estabas en mi ordenador?
Ella negó inmediatamente con la cabeza.
—No.
Pero sus ojos se desviaron hacia su teléfono.
Y en ese instante comprendí que todavía no me había contado toda la verdad.
Porque mi hermana no solo había publicado un video para humillarme.
Había grabado más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Dale «me gusta» y comenta «SIGUIENTE» si quieres descubrir qué encontró la empresa en el segundo video de Tessa. 💛