Capítulo 4 — El dinero de la muerte – News

Capítulo 4 — El dinero de la muerte

Capítulo 4 — El dinero de la muerte

Capítulo 4 — El dinero de la muerte

No pude apartar los ojos del documento.

—¿Estás diciendo que alguien espera que mi hija muera?

Marissa comenzó a llorar.

—No sé si esperan que muera. Pero prepararon todo para beneficiarse si sucede.

Sentí que la rabia me quemaba el pecho.

—¿Quién?

Marissa miró hacia la puerta antes de responder.

—Trent.

—¿Y quién más?

Ella bajó la voz.

—Tu propio hermano.

Me quedé inmóvil.

Mi hermano, Caleb, llevaba años viviendo lejos de Montana. Siempre había mantenido una relación cordial conmigo, aunque rara vez hablábamos.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

Marissa abrió otra carpeta.

—Por eso tardé tanto en decirlo.

Me mostró correos electrónicos.

Caleb había estado comunicándose con Trent durante meses.

Habían hablado sobre la cuenta.

Sobre la póliza.

Sobre una transferencia programada.

Y en uno de los mensajes aparecía una frase que me revolvió el estómago:

«Cuando todo termine, Ethan no podrá reclamar nada.»

—¿Qué significa esto?

Marissa negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Dónde está Caleb?

—Viene hacia aquí.

—¿Cuándo?

—Esta noche.

Me levanté.

—No voy a esperar.

Marissa me agarró del brazo.

—Ethan, escucha.

Me volví.

—Hay algo que tienes que saber.

—¿Qué?

—La transferencia no depende únicamente de la muerte de Cassidy.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Entonces de qué depende?

—También puede activarse si Cassidy queda incapacitada permanentemente.

Me quedé sin palabras.

Recordé el accidente.

La caída.

El golpe.

La cesárea de emergencia.

De pronto, entendí por qué Trent había dicho que Cassidy se había caído.

No necesitaba que ella muriera.

Solo necesitaba que pareciera incapaz de administrar sus propios asuntos.

Y si conseguía convencer a alguien de que Cassidy ya no podía tomar decisiones, el dinero podía cambiar de manos.

—¿Quién tendría el control?

Marissa señaló un nombre.

Trent Huxley.

Pero había otra línea debajo.

Administrador alternativo: Caleb Huxley.

Sentí que todo encajaba.

Mi hermano y mi yerno estaban conectados.

No sabía todavía hasta dónde llegaba su acuerdo, pero sí sabía que no podía dejar que se acercaran nuevamente a Cassidy.

Salí de la oficina con Brock.

—Necesito protección para mi hija.

—Ya la tiene.

—No es suficiente.

Brock asintió.

—Lo sé.

Me miró.

—Y hay algo más.

—¿Qué?

—Encontramos a Trent.

Me detuve.

—¿Dónde?

—En un hotel a cuarenta minutos de aquí.

—¿Lo arrestaron?

—Todavía no. Estamos esperando una orden.

—¿Por qué?

Brock respiró profundamente.

—Porque la agresión es clara, pero necesitamos conectar los documentos financieros con él.

Le entregué la carpeta.

—Aquí está la conexión.

Brock comenzó a leer.

Su expresión cambió página tras página.

—Esto puede ser suficiente para ampliar la investigación.

—Entonces hazlo.

Mientras Brock hablaba con otros agentes, regresé junto a Cassidy.

Ella seguía dormida.

Lydia estaba sentada en una silla junto a la cama.

La enfermera había conseguido una manta para ella.

Me acerqué.

—¿Cómo está mamá?

—Dormida.

—¿Y el bebé?

—También.

Lydia levantó la mirada.

—Abuelo.

—¿Sí?

—¿Papá va a volver?

Me quedé en silencio.

—No lo sé.

Ella apretó su elefante.

—No quiero que vuelva.

La abracé.

—No volverá a hacerte daño.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

En ese momento, Cassidy abrió los ojos.

—Papá…

Me acerqué.

—Estoy aquí.

—¿Lydia está bien?

—Sí.

Cassidy respiró con dificultad.

—Tengo que decirte algo.

—Dime.

—Antes de que Trent me atacara, vi algo en su teléfono.

—¿Qué?

—Un mensaje.

—¿De quién?

Cassidy cerró los ojos para recordar.

—De Caleb.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué decía?

—«Hazlo esta noche. Mañana será demasiado tarde.»

Miré a Brock.

Él inmediatamente tomó nota.

—¿Estás segura?

Cassidy asintió.

—Sí.

—¿Qué quería decir con «hazlo»?

Ella me miró.

—No lo sé.

Entonces recordé la transferencia.

Mañana por la mañana.

—Sí lo sé —dije.

Cassidy me miró.

—¿Qué?

—La transferencia.

Le expliqué todo.

Su rostro se puso pálido.

—¿Papá…?

—No voy a dejar que pase.

Ella me tomó la mano.

—Ten cuidado.

—Lo tendré.

A las 4:20 de la madrugada, Brock recibió una llamada.

La orden había sido aprobada.

La policía se dirigió al hotel.

Treinta minutos después, recibimos la noticia.

Trent había sido detenido.

Pero Caleb no estaba allí.

Había desaparecido.

Brock revisó los registros.

—Su teléfono acaba de aparecer cerca del hospital.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué?

—Está aquí.

Me levanté inmediatamente.

—Tenemos que encontrarlo.

Corrimos por el pasillo.

Las luces de emergencia seguían encendidas.

El personal de seguridad revisaba las puertas.

Entonces Lydia gritó.

—¡Abuelo!

Me giré.

Ella estaba señalando hacia la habitación de Cassidy.

La puerta estaba abierta.

Entré corriendo.

Cassidy seguía en la cama.

El bebé estaba bajo vigilancia médica.

Pero sobre la mesa había algo que no estaba allí antes.

Un sobre.

Lo abrí.

Dentro había una sola fotografía.

Era una imagen de Cassidy entrando al hospital aquella noche.

En la parte posterior alguien había escrito:

«Todavía puedes detener la transferencia.»

Debajo había una hora.

5:00 a. m.

Miré el reloj.

4:53.

Faltaban siete minutos.

Brock sacó su arma reglamentaria y ordenó evacuar el pasillo.

Yo me acerqué a Cassidy.

—Tenemos que movernos.

—¿Qué ocurre?

—No hay tiempo para explicarlo.

La enfermera comenzó a preparar la cama.

Entonces escuchamos pasos.

Alguien venía por el pasillo.

Lentos.

Tranquilos.

Como si supiera exactamente adónde iba.

Brock levantó una mano.

Todos nos quedamos quietos.

La sombra apareció bajo la puerta.

Y entonces una voz conocida susurró desde el otro lado:

—Ethan.

Reconocí la voz inmediatamente.

Era Caleb.

Pero cuando abrió la puerta, no estaba solo.

Llevaba una carpeta bajo el brazo.

Y detrás de él había un hombre que yo jamás había visto.

Caleb me miró.

—Todavía podemos arreglar esto.

Miré el reloj.

4:59.

Un minuto para que la transferencia se ejecutara.

Y entonces comprendí que la verdadera pregunta no era quién había preparado aquel plan.

Era qué estaba dispuesto a hacer Caleb para asegurarse de que nadie pudiera detenerlo.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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