Capítulo 5: Maya (Final) – News

Capítulo 5: Maya (Final)

Capítulo 5: Maya (Final)

Capítulo 5: Maya (Final)

—¿Falsificó mi firma? —pregunté.

—Sí —dijo mi abogada—. En préstamos por más de cuatrocientos mil.

—¿Cuatrocientos mil? —dije—. ¿A mi nombre?

—A su nombre —dijo—. Con su firma falsificada.

—¿Y eso qué significa? —pregunté.

—Que su esposo no solo la agredió —dijo—. La defraudó. Falsificación. Fraude. Más cargos.

—¿Va a ir a la cárcel? —pregunté.

—Va a ir a la cárcel —dijo.

La “oferta” de Julian desapareció. Su abogado llamó, nervioso.

—¿Retira los cargos? —preguntó el mío.

—No —dije.

—¿Segura? —dijo.

—Segura —dije.

Dos semanas después, rompí aguas. Un mes antes.

—¿Ya? —dijo Caleb, llevándome al hospital.

—Ya —dije, riendo y llorando.

—¿El brazo? —preguntó.

—Me lo quitan la semana que viene —dije—. ¿Y si…? ¿Y si no puedo?

—Puedes —dijo—. Ya lo hiciste todo.

El parto fue largo. Difícil. Pero al final, lloró. Fuerte. Sana.

—¿Niña? —pregunté.

—Niña —dijo la enfermera, poniéndomela en el pecho.

—¿Cómo se va a llamar? —preguntó Caleb.

—Maya —dije.

—¿Maya? —dijo.

—Maya —repetí—. Porque empieza con M. Como “mía.”

—¿Mía? —dijo, riendo.

—Mía —dije—. Por fin, algo mío.

Julian no estuvo. La orden lo impedía. No lo eché de menos.

El juicio fue rápido. Con la radiografía. Con mi declaración. Con las deudas falsificadas.

—¿Se declara culpable? —preguntó el juez.

—Sí —dijo Julian.

—¿De qué? —dijo el juez.

—De agresión —dijo—. De amenazas. De fraude.

—¿Sentencia? —dijo el juez.

—Cinco años —dijo el fiscal.

—¿Cinco? —susurró Julian.

—Cinco —dijo el juez.

—¿Y la niña? —preguntó su abogado.

—Custodia total para la madre —dijo el juez—. Sin visitas hasta cumplir condena. Y después, se verá.

—¿Clara? —dijo Julian, al salir—. ¿Puedo…? ¿Lo siento?

—No —dije—. Ya no.

—¿No me perdonas? —dijo.

—No —dije—. Pero tampoco te odio. Ya no me importas. ¿Entiendes? Eres… nada.

—Nada —repitió.

—Nada —dije.

Las deudas falsificadas se anularon. Fraude. La casa —bien ganancial— se vendió. Con mi parte, alquilé un apartamento. Pequeño. Mío.

—¿No la quieres? —preguntó Caleb—. ¿La casa?

—No —dije—. Esa casa tiene… no. Prefiero empezar.

—¿Y el trabajo? —preguntó.

—Volveré —dije—. A enseñar. Cuando Maya crezca un poco.

—¿Y ahora? —dijo.

—Ahora, esto —dije, mirando a Maya dormir.

Caleb viene cada día. Es el tío. El mejor.

—¿Tío Caleb? —le digo a Maya—. ¿Ves? Te quiere.

—¿Y papá? —preguntará algún día.

—Ya le contaré —digo—. La verdad. Toda.

Anoche, Maya me agarró el dedo. Con su manita sana. Fuerte.

Y supe que lo había ganado todo.

Me rompió el brazo.

Pero no me rompió.

Tengo a mi hija. Tengo a mi hermano. Tengo mi vida.

Mía.

FIN

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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