Capítulo 2: La Última Jugada – News

Capítulo 2: La Última Jugada

Capítulo 2: La Última Jugada

Capítulo 2: La Última Jugada

El contador apareció en la pantalla.

19 segundos.

Por primera vez en años, sentí algo que creía haber enterrado para siempre.

Miedo.

No por mí.

Por Marcus.

La cámara mostró su rostro golpeado, pero sus ojos seguían despiertos.

Seguía luchando.

Seguía esperando que yo encontrara una salida.

Julian sonrió desde la pantalla.

La misma sonrisa que había visto cientos de veces durante las cenas familiares.

La sonrisa de un hombre que creía haber ganado antes de que comenzara la batalla.

—Siempre fuiste inteligente, Linh —dijo—. Ese fue tu problema. Las personas inteligentes creen que pueden controlar todo.

Miré alrededor de la cámara acorazada.

Las paredes de acero.

El sistema de seguridad.

Los conductos del techo.

El combustible que comenzaba a caer lentamente.

Julian quería que entrara en pánico.

Quería que tomara una decisión desesperada.

Pero había olvidado algo.

Yo no había sobrevivido ocho años de traiciones siendo impulsiva.

Sobreviví porque aprendí a pensar cuando todos los demás estaban perdiendo la cabeza.

15 segundos.

Saqué la memoria USB negra de mi bolsillo.

La observé durante un instante.

Dentro estaba todo.

Los registros bancarios.

Las transferencias ilegales.

Los contratos falsificados.

Las pruebas de cómo Victoria y Julian habían construido un imperio sobre mentiras.

Todo lo que necesitaba para destruirlos.

Pero también sabía algo más.

Julian nunca me dejaría salir con eso.

No porque quisiera proteger la empresa.

Sino porque tenía miedo.

Miedo de que el mundo descubriera quién era realmente.

—Julian —dije mirando la cámara—.

Él levantó una ceja.

—¿Sí?

Sonreí.

—Cometiste un error.

Su expresión cambió ligeramente.

—¿Cuál?

Miré hacia arriba.

—Pensaste que mi plan dependía de que yo saliera viva.

Por primera vez, Julian dejó de sonreír.

Porque acababa de entender algo.

La memoria USB no era mi única copia.

Tres días antes, cuando entré al sistema de Vance Enterprises, no descargué los archivos.

Los envié.

A varios lugares.

A personas diferentes.

A periodistas.

A investigadores.

A una cuenta segura que solo se abriría si yo no confirmaba mi identidad en veinticuatro horas.

Julian podía destruirme.

Pero no podía destruir la verdad.

10 segundos.

El combustible seguía cayendo.

Marcus levantó la cabeza con dificultad.

Aunque estaba herido, logró hablar.

—Linh…

Su voz salió débil por los altavoces.

—No hagas lo que él quiere.

Cerré los ojos.

Marcus había sido la única persona que creyó en mí cuando todos pensaban que era una criminal.

Cuando Victoria presentó las pruebas falsas contra mí, todos se alejaron.

Mis antiguos amigos.

Mis socios.

Incluso personas que habían trabajado con mi padre.

Pero Marcus investigó.

Él descubrió las inconsistencias.

Él encontró las primeras pistas.

Por eso Julian lo secuestró.

Porque sabía que Marcus era la única persona capaz de devolverme mi nombre.

7 segundos.

Me acerqué al panel de seguridad.

El sistema tenía tres capas de bloqueo.

Julian estaba seguro de que nadie podía abrirlo desde dentro.

Pero había algo que él no sabía.

Mi padre había diseñado esa cámara.

Y antes de morir me enseñó una frase que nunca olvidé:

“Los sistemas más seguros siempre tienen una puerta que solo el creador conoce.”

Introduje una combinación.

Nada.

Segundo intento.

Nada.

La alarma comenzó a sonar.

Julian rió.

—Se acabó, Linh.

Miré la pantalla.

—No.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Qué dijiste?

Puse mi mano sobre el panel.

—Dije que cometiste otro error.

—¿Cuál?

Sonreí.

—Creer que conocías todos los secretos de mi padre.

3 segundos.

Introduje la última combinación.

La fecha de nacimiento de mi madre.

No la de mi padre.

No la de la empresa.

La de la mujer que Victoria intentó borrar de la historia.

El sistema parpadeó.

ACCESO AUTORIZADO.

Las puertas comenzaron a abrirse.

Julian dejó de reír.

—¡No!

Golpeó la mesa frente a él.

Por primera vez vi algo que nunca había visto en mi hermano.

Desesperación.

No estaba actuando.

Estaba aterrorizado.

Porque entendió que había perdido.

Corrí hacia Marcus.

La puerta de emergencia se abrió lentamente mientras las luces rojas seguían parpadeando.

El olor del combustible era insoportable.

Tomé un extintor de emergencia y rompí el cristal del sistema contra incendios.

El agua comenzó a caer.

No era suficiente.

Pero era suficiente para retrasar la ignición.

Suficiente para ganar segundos.

Suficiente para vivir.

Llegué hasta Marcus y corté las cuerdas que lo sujetaban.

—¿Puedes caminar?

Me miró y sonrió débilmente.

—Después de todo esto, ¿esa es tu pregunta?

Negué con la cabeza.

—Sigues siendo insoportable.

—Y tú sigues siendo demasiado dramática.

Por primera vez en meses…

Me reí.

Pero cuando salimos de la cámara, algo estaba mal.

Demasiado tranquilo.

El pasillo del piso 40 estaba vacío.

Ni guardias.

Ni empleados.

Ni alarmas de evacuación.

Entonces entendí.

Julian no había intentado solamente matarme.

Había preparado algo más grande.

Corrimos hacia el ascensor.

Pero las pantallas del edificio se encendieron.

La imagen de Julian apareció nuevamente.

Ya no estaba sonriendo.

Ahora parecía furioso.

—Felicidades, Linh.

Su voz llenó todo el piso.

—Lograste escapar.

Hice una pausa.

—Pero llegaste demasiado tarde.

Fruncí el ceño.

—¿Qué hiciste?

Julian miró directamente a la cámara.

—Mientras tú jugabas a ser una heroína, yo preparé mi último movimiento.

En la pantalla apareció una imagen.

La sede central de Vance Enterprises.

Cientos de empleados.

La junta directiva.

Los documentos de la empresa.

Y una cuenta regresiva.

30:00 minutos.

—Si no puedo tener el imperio de mi padre…

Julian sonrió.

—Nadie lo tendrá.

Marcus me miró.

—¿Qué significa eso?

Observé la pantalla.

Y sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

Porque finalmente comprendí la verdad.

Julian nunca quiso solamente quedarse con la empresa.

Nunca quiso solamente eliminarme.

Su verdadero plan era destruir todo aquello que mi padre había construido.

Incluyendo el legado que mi madre había protegido con su vida.

Tomé mi teléfono.

Abrí el archivo oculto que mi padre había dejado.

Y encontré un mensaje que nunca había visto.

Solo tenía una línea:

“Linh, si algún día Julian intenta destruirlo todo, significa que llegó el momento de revelar quién es realmente.”

Levanté la mirada.

La cuenta regresiva seguía avanzando.

27:42 minutos.

La primera parte de mi venganza había terminado.

Ahora comenzaba la guerra.

Continuará…

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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