Capítulo 3: La grabación que podía destruir a los Vance
Capítulo 3: La grabación que podía destruir a los Vance
A las once y veinte de la mañana, Marcus llegó a mi despacho con un ordenador portátil y una expresión preocupada.
—Elena, encontramos la grabación.
Me levanté inmediatamente.
—¿La del despacho de Julian?
Asintió.
—Está almacenada en el servidor privado de la empresa. Alguien intentó eliminarla esta mañana, pero nuestro equipo recuperó una copia.
Mi abogada, Rebecca Collins, cerró la puerta de la sala de reuniones.
—Antes de escucharla, quiero que quede claro que todo el material debe conservarse correctamente. No podemos permitir que los Vance aleguen que las pruebas fueron manipuladas.
Marcus conectó el ordenador.
La pantalla mostró una habitación que reconocí inmediatamente: el despacho privado de Julian en la mansión.
La grabación tenía fecha de tres semanas antes de nuestra boda.
Julian estaba sentado frente a su escritorio. Malcolm permanecía junto a la ventana y Victoria ocupaba uno de los sillones.
—¿Estás seguro de que ella no sospecha nada? —preguntó Malcolm.
Julian soltó una carcajada.
—Elena está demasiado ocupada creyendo que me ama.
Victoria sonrió.
—Siempre supe que esa muchacha tenía algo extraño. No tiene familia importante, no tiene conexiones y, sin embargo, aparece con una fortuna que nadie conoce.
Julian abrió una carpeta.
—Por eso quiero casarme con ella. Sus sociedades controlan tres contratos que necesitamos para mantener la financiación. Cuando tengamos acceso a sus autorizaciones, podremos reorganizar las operaciones.
Sentí que se me tensaba el estómago.
No había sido un matrimonio por amor.
Había sido una adquisición.
La grabación continuó.
Malcolm preguntó:
—¿Y el acuerdo prenupcial?
Julian respondió:
—Está firmado. Ella cree que protege su patrimonio, pero hay documentos adicionales que todavía no ha revisado.
Victoria se inclinó hacia delante.
—¿Y si descubre lo que estamos haciendo?
Julian sonrió.
—Para entonces será mi esposa. Y si intenta marcharse, tendremos suficiente información para hacerla parecer responsable de las irregularidades.
Rebecca detuvo la grabación.
Nadie habló durante varios segundos.
Yo permanecí mirando la pantalla.
Había pasado seis meses escuchando a Julian hablar de amor, de futuro y de construir una familia.
Mientras tanto, él estaba preparando mi ruina financiera.
—Continúa —pedí.
La grabación volvió a reproducirse.
Entonces escuchamos algo todavía peor.
Malcolm abrió otro documento.
—¿Y qué hacemos con Daniel?
Julian dejó de sonreír.
—Daniel cometió el error de pensar que podía enfrentarse a nosotros.
—Su familia sigue haciendo preguntas —dijo Victoria.
—No tienen nada. El informe desapareció y los registros fueron modificados.
Me incliné hacia la pantalla.
Daniel Mercer.
Mi antiguo socio.
El hombre que había desaparecido después de descubrir el fraude de los Vance.
Julian continuó:
—Si Elena encuentra el informe original, estaremos en problemas. Por eso necesito que firme la transferencia antes de que empiece a investigar.
Marcus pausó el vídeo.
—Elena, hay algo que debes saber. Daniel no desapareció voluntariamente.
Lo miré.
—¿Qué quieres decir?
—Nuestro equipo localizó una comunicación suya de hace dos años. Estaba intentando entregar pruebas a las autoridades cuando perdió contacto con todos.
Rebecca abrió inmediatamente una carpeta.
—Necesitamos encontrar esa comunicación y entregarla a los investigadores.
Marcus asintió.
Pero yo ya había comprendido que la historia era mucho más grave de lo que imaginaba.
Los Vance no solo habían manipulado contratos.
Habían intentado destruir a cualquiera que se acercara demasiado a la verdad.
La llamada de Julian
A las doce y cinco, mi teléfono comenzó a sonar.
Julian.
Dejé que sonara tres veces antes de contestar.
—¿Qué quieres?
Su voz era completamente diferente.
Ya no sonaba arrogante.
—Elena, necesitamos hablar. Lo de esta mañana fue un error.
—¿Un error?
—No debí levantarte la mano. Estaba bajo mucha presión.
Miré a Rebecca.
Ella me indicó que mantuviera la conversación documentada.
—¿Y los documentos falsificados también fueron un error?
Silencio.
—No sé de qué estás hablando.
—Tengo la grabación de tu despacho, Julian.
Su respiración cambió.
—¿Qué grabación?
—La conversación que tuviste con tu padre y tu madre hace tres semanas.
Durante unos segundos no escuché nada.
Después su voz se volvió fría.
—Escúchame con atención. No sabes con quién te estás metiendo.
—Creo que finalmente estoy empezando a saberlo.
—Mi familia tiene recursos que ni siquiera puedes imaginar.
—Y yo tengo pruebas que todavía no has visto.
Colgué.
Pero inmediatamente llegó un mensaje.
«Si entregas esa grabación, Malcolm hará público todo lo que sabe sobre tu padre».
Me quedé inmóvil.
Mi padre había muerto cuando yo era joven.
No entendía qué podía saber Malcolm sobre él.
Rebecca leyó el mensaje y frunció el ceño.
—No respondas. Esto debe incorporarse a la investigación.
Marcus abrió otro archivo.
—Elena, creo que hemos encontrado la conexión.
Era un antiguo registro de proveedores de la empresa Vance.
Entre los nombres aparecía una compañía que había pertenecido a mi padre.
Mi padre había trabajado durante años como asesor financiero para diferentes empresas antes de morir. Yo siempre había creído que su relación con los Vance había sido puramente profesional.
Pero el registro mostraba pagos realizados a su compañía durante varios años.
Y algunos de esos pagos coincidían con las fechas en las que habían desaparecido fondos de la empresa.
—¿Mi padre estaba involucrado? —pregunté.
Rebecca respondió cuidadosamente:
—No podemos sacar esa conclusión todavía. Los pagos podrían tener una explicación legítima. Necesitamos los contratos originales.
Marcus amplió el documento.
En la parte inferior aparecía una anotación:
«Expediente original transferido a archivo privado. Autorización: Malcolm Vance».
Rebecca se inclinó hacia la pantalla.
—¿Dónde está ese archivo?
Marcus revisó la información.
—En un almacén de documentación empresarial, a las afueras de Greenwich.
Me levanté.
—Quiero encontrarlo.
—Lo haremos por los canales legales correspondientes —respondió Rebecca—. Pero antes debemos protegerte y asegurarnos de que Julian no pueda utilizar tus documentos personales.
Asentí.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí que estaba recuperando el control.
Sin embargo, a las dos y media de la tarde recibimos una llamada de los investigadores.
Habían localizado una cuenta bancaria vinculada a la operación de los 12 millones de dólares.
El titular no era Julian.
Tampoco Malcolm.
Era Victoria Vance.
Y cuando revisaron las autorizaciones, encontraron algo que cambió completamente el rumbo de la investigación.
Victoria había recibido transferencias durante años de una sociedad vinculada a Daniel Mercer.
Eso significaba que la desaparición de mi antiguo socio y el fraude financiero de los Vance podían estar conectados.
Pero había un último detalle.
El investigador nos envió una fotografía del documento original.
En la parte inferior aparecía una firma que reconocí inmediatamente.
Era la de mi padre.
Me quedé sin palabras.
Rebecca me tomó suavemente del brazo.
—Elena, necesitamos averiguar por qué tu padre firmó este documento.
Miré la fotografía una vez más.
Y entonces descubrí la fecha.
Había sido firmado apenas tres días antes de su muerte.
Mi padre había dejado una prueba contra los Vance justo antes de morir. Y Malcolm llevaba más de veinte años intentando asegurarse de que nadie la encontrara.