Capítulo 3 — La cuenta secreta – News

Capítulo 3 — La cuenta secreta

Capítulo 3 — La cuenta secreta

Capítulo 3 — La cuenta secreta

Brock tomó el sobre de mis manos.

Lo examinó por delante y por detrás.

—¿Lo tocó alguien más?

—No.

Lo abrió con cuidado.

Dentro solo había una hoja.

DEJA DE BUSCAR LA CUENTA.

Nada más.

Brock levantó la mirada.

—Esto cambia las cosas.

Lo observé.

—¿Ahora sí me cree?

—Ahora tengo que considerar que alguien está intentando intimidarlo.

—No solo a mí.

Miré hacia Lydia.

—También está asustando a mi nieta.

Brock guardó el papel en una bolsa de evidencia.

—Voy a solicitar las grabaciones de seguridad.

—Hazlo.

—Y necesito hablar nuevamente con Cassidy cuando los médicos lo permitan.

Asentí.

Pero antes de que pudiera alejarse, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

«La cuenta está a nombre de Cassidy, pero el dinero no le pertenece.»

Mi respiración se detuvo.

Brock vio mi expresión.

—¿Qué ocurre?

Le mostré la pantalla.

Su rostro cambió.

—¿Quién lo envió?

—No lo sé.

—No responda.

Guardé el teléfono.

—No pensaba hacerlo.

Poco después, un agente de seguridad confirmó que las cámaras del pasillo habían dejado de funcionar exactamente durante siete minutos.

Siete minutos.

El tiempo suficiente para que alguien entrara y saliera sin ser identificado.

Pero había algo más.

Una cámara exterior sí había continuado funcionando.

Y había captado una camioneta negra abandonando el estacionamiento.

Brock consiguió la matrícula.

La introdujo en su computadora.

Después levantó la vista.

—Está registrada a nombre de una empresa.

—¿Cuál?

Brock dudó.

—Huxley Logistics.

Sentí que el estómago se me encogía.

La empresa de Trent.

—Entonces ya lo tenemos.

Brock negó con la cabeza.

—No necesariamente.

—¿Por qué?

—Porque Trent no estaba conduciendo esa camioneta.

Me mostró la grabación.

La imagen era borrosa, pero podía distinguirse una persona bajando del vehículo.

No era Trent.

Era una mujer.

—¿Quién es? —pregunté.

Brock amplió la imagen.

No pudimos ver su rostro.

Pero cuando abrió la puerta del vehículo, algo cayó al suelo.

Un bolso.

En el bolso había un pequeño llavero.

Una figura de caballo plateada.

Lo reconocí.

—Ese llavero…

Brock me miró.

—¿Lo conoce?

—Sí.

Sentí un frío recorrerme.

—Es de Marissa.

Marissa era la hermana mayor de Trent.

Una mujer que llevaba años trabajando como contadora para la empresa familiar.

Y, según Cassidy, era la persona que había preparado todos los documentos financieros que Trent le había pedido firmar.

Brock se quedó pensativo.

—Necesitamos encontrarla.

Pero antes de hacerlo, la puerta de la habitación de Cassidy se abrió.

Una enfermera salió.

—Puede entrar ahora.

Fui inmediatamente.

Cassidy estaba despierta.

—Papá.

Me acerqué.

—¿Estás segura de que puedes hablar?

—Sí.

Me senté junto a ella.

—Encontramos una cuenta a tu nombre.

Cassidy cerró los ojos.

—Sabía que la encontrarías.

—¿Qué es?

—No lo sé exactamente.

—Entonces dime todo lo que sabes.

Cassidy respiró profundamente.

—Hace unas semanas encontré unos estados de cuenta en el despacho de Trent.

—¿Qué viste?

—Transferencias mensuales.

—¿De cuánto?

—Entre veinte y treinta mil dólares.

Me quedé helado.

—¿Cada mes?

Asintió.

—Y algunas cantidades eran mucho mayores.

—¿A dónde iba el dinero?

—No lo sé.

—¿Quién podía acceder a la cuenta?

Cassidy me miró.

—Trent.

Pausa.

—Marissa.

Y después añadió:

—Y tú.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Yo?

—Sí.

—Yo nunca tuve acceso a esa cuenta.

—Eso es lo que pensé.

Cassidy miró hacia la puerta.

—Por eso Trent se puso furioso cuando descubrí los documentos.

—¿Qué te dijo?

—Me dijo que no debía hacer preguntas.

—¿Y después?

—Le pregunté por qué había una cuenta a mi nombre que recibía dinero de personas que yo no conocía.

Cassidy tragó saliva.

—Entonces dijo algo que me asustó.

—¿Qué?

—Dijo que si hablaba, tú perderías todo.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué significa eso?

Cassidy negó con la cabeza.

—No lo sé.

En ese momento, mi teléfono volvió a vibrar.

Otro mensaje.

«Busca el nombre de tu antiguo empleador.»

Miré la pantalla.

Mi antiguo empleador.

Una compañía para la que había trabajado muchos años atrás, antes de retirarme de las plataformas petrolíferas.

No entendía qué podía tener que ver con todo aquello.

Pero decidí comprobarlo.

Llamé a un viejo amigo que todavía trabajaba allí.

—Necesito que revises algo por mí.

Le di el nombre de la empresa de Trent.

Hubo silencio.

—¿Por qué?

—Solo hazlo.

Minutos después, me devolvió la llamada.

Su voz sonaba diferente.

—¿Dónde estás?

—En el hospital.

—No hables de esto por teléfono.

—¿Qué encontraste?

—Una póliza.

—¿De qué?

—De vida.

Sentí que se me congelaba la sangre.

—¿A nombre de quién?

Mi amigo tardó varios segundos en responder.

—Cassidy.

Miré a mi hija.

—¿Quién es el beneficiario?

Silencio.

—Trent.

Cerré los ojos.

Todo empezó a encajar.

La cuenta.

Los documentos.

El dinero.

La agresión.

La amenaza.

Pero había una pieza que no encajaba.

—¿Cuándo se contrató esa póliza?

Mi amigo respondió.

—Hace ocho meses.

Miré a Cassidy.

Estaba embarazada de casi ocho meses.

Y entonces recordé algo.

Ocho meses atrás, Trent había insistido en que Cassidy firmara unos documentos porque, según él, eran necesarios para «proteger a la familia».

No eran documentos familiares.

Eran documentos que podían convertir la tragedia en un negocio.

Me levanté.

—Papá, ¿qué pasa?

—No lo sé todavía.

Me acerqué a ella.

—Pero voy a descubrirlo.

Salí de la habitación.

Brock estaba esperando en el pasillo.

—Tenemos noticias.

—¿Qué pasó?

—Encontramos a Marissa.

—¿Dónde?

Brock me miró seriamente.

—En la oficina de Huxley Logistics.

—¿La arrestaron?

—No.

—¿Entonces?

—Estaba esperando.

—¿A quién?

Brock bajó la voz.

—A usted.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué quiere?

—Dice que puede explicar la cuenta.

—Entonces vamos.

Brock negó con la cabeza.

—Hay un problema.

—¿Cuál?

—Marissa afirma que Trent no creó esa cuenta.

—¿Quién lo hizo?

Brock me sostuvo la mirada.

—Dice que la persona que realmente controla el dinero es alguien de su propia familia.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Quién?

Brock abrió la puerta de la sala de entrevistas.

Marissa estaba sentada al otro lado de la mesa.

Cuando me vio, comenzó a llorar.

—Lo siento, Ethan.

Me senté frente a ella.

—Dime la verdad.

Marissa puso una carpeta sobre la mesa.

—Tu padre creó la cuenta.

Me quedé paralizado.

—¿Mi padre?

—Sí.

—Mi padre murió hace seis años.

—Lo sé.

Abrió la carpeta.

Dentro había documentos antiguos.

Todos llevaban la firma de mi padre.

Pero el último documento tenía una fecha reciente.

Y una firma que reconocí inmediatamente.

La mía.

Marissa me miró.

—Alguien ha estado usando tu identidad durante años.

Tragué saliva.

—¿Para qué?

Ella empujó la carpeta hacia mí.

—Para mover dinero.

—¿Cuánto?

Marissa bajó la mirada.

—Más de dos millones de dólares.

Me quedé sin palabras.

Entonces señaló la última página.

—Y hay una transferencia programada para mañana por la mañana.

—¿A dónde?

Marissa levantó los ojos.

—A una cuenta que solo se activa cuando Cassidy muere.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

Y comprendí que salvar a mi hija y descubrir la verdad ya no eran dos problemas distintos.

Eran el mismo problema.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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