Capítulo 4: Descubrí que la muerte de mi padre también era mentira
Capítulo 4: Descubrí que la muerte de mi padre también era mentira
Volví a leer el mensaje de Marcus una y otra vez.
“Tu padre no murió cuando te dijeron que murió.”
No podía ser verdad.
Yo había estado allí.
Había visto el ataúd.
Había asistido al funeral.
Había acompañado a mi madre durante las semanas posteriores.
Había llorado junto a ella.
¿Cómo podía todo aquello haber sido una mentira?
Miré a Natalie.
—Llámalo.
—¿A Marcus?
—Sí.
Ella tomó el teléfono.
Marcus respondió inmediatamente.
—¿Viste el mensaje?
—Sí.
—Entonces explícame.
—No puedo hacerlo por teléfono.
—¿Dónde estás?
—En camino a tu casa.
—Ven ahora.
Veinte minutos después, Marcus apareció frente a nuestra puerta.
Entró con una carpeta gruesa bajo el brazo.
La dejó sobre la mesa.
—Antes de abrir esto, necesito que entiendas algo.
—¿Qué?
—Lo que vas a ver puede cambiar todo lo que recuerdas de los últimos nueve años.
—Ya lo ha cambiado.
Marcus abrió la carpeta.
Sacó un certificado.
—Este es el certificado de defunción de tu padre.
Lo reconocí.
El nombre.
La fecha.
El hospital.
Todo parecía correcto.
—Entonces, ¿qué tiene de extraño?
Marcus sacó otro documento.
—Este es el informe médico original.
Lo abrió.
Sentí que el corazón se me detenía.
La fecha de ingreso no coincidía.
—Esto dice que murió dos días antes.
—Exactamente.
—Pero eso es imposible.
—No si el cuerpo que enterraste no era el suyo.
No pude hablar.
Natalie se acercó a mí.
—Daniel…
Levanté una mano.
Necesitaba silencio.
—¿De quién era el cuerpo?
Marcus negó con la cabeza.
—Todavía no lo sabemos con certeza.
—¿Entonces cómo sabes que mi padre estaba vivo?
Marcus sacó una fotografía.
Era la misma que me había enviado.
Mi padre estaba junto a una mujer.
Su hermana.
Y detrás de ellos aparecía un edificio.
—Esta fotografía fue tomada hace seis meses.
—¿Dónde?
—En Portugal.
Miré la imagen.
Mi padre parecía mayor.
Más delgado.
Pero era él.
No había ninguna duda.
—¿Por qué nadie me lo dijo?
Marcus respondió:
—Porque tu padre no quería que supieras que estaba vivo.
—¿Por qué?
—Porque estaba escondiéndose de la misma persona que había intentado matarlo.
Miré a Natalie.
—¿Tú sabías esto?
Ella negó rápidamente.
—No.
—¿Entonces qué sabías?
—Sabía que tu padre había dejado información para nosotros.
—¿Para nosotros?
—Para ti y para mí.
Marcus intervino.
—Tu padre no confiaba en muchas personas.
—Pero confiaba en mi esposa.
Natalie bajó la mirada.
—Más de lo que imaginas.
Aquella frase me confundió.
Marcus abrió otra carpeta.
—Tu padre descubrió que alguien había estado robando dinero durante años.
—Richard.
—No.
Lo miré sorprendido.
—¿No fue mi tío?
—Richard estaba involucrado, pero no era el responsable principal.
—Entonces, ¿quién?
Marcus sacó una fotografía.
La colocó sobre la mesa.
Era una imagen de una cena familiar.
Mi padre.
Mi madre.
Richard.
Mi hermano.
Y una mujer que no reconocía.
La mujer de la fotografía del hotel.
La hermana de mi madre.
—¿Quién es ella?
—Su nombre es Laura Bennett.
Natalie habló en voz baja.
—La hermana de tu madre.
Asentí lentamente.
—¿Y qué tiene que ver con mi padre?
Marcus señaló la fotografía.
—Laura descubrió que alguien estaba utilizando la identidad de tu madre para crear cuentas secretas.
—¿Mi madre?
—Sí.
—¿Quién lo hacía?
Marcus miró a Natalie.
Ella respondió:
—La empresa de tu esposa.
La miré.
—¿Qué?
—No directamente —aclaró Marcus—. Una empresa que tu esposa ayudó a investigar hace años.
Todo comenzó a encajar.
Mi esposa había mentido sobre su viaje.
Mi hermano había reservado una habitación.
Una mujer desconocida había dejado un sobre.
Mi padre podía seguir vivo.
Y todo parecía regresar al mismo punto.
North Ridge.
—¿Qué había dentro del sobre? —pregunté.
Natalie sacó un pequeño sobre de su bolso.
—Esto.
Lo abrió.
Dentro había una memoria USB.
Marcus conectó la memoria a su computadora.
Solo había un archivo.
Un vídeo.
Lo abrimos.
La imagen tardó unos segundos en aparecer.
Entonces apareció un hombre sentado frente a una cámara.
Mi corazón se detuvo.
Era mi padre.
Más viejo.
Pero vivo.
—Daniel —dijo.
Me quedé sin palabras.
—Si estás viendo esto, significa que finalmente descubriste la verdad.
Mi padre respiró profundamente.
—Sé que estás enojado.
Me reí sin humor.
—Claro que estoy enojado.
Natalie me tomó de la mano.
No la aparté.
Mi padre continuó.
—Nunca quise que creyeras que te había abandonado.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
—Porque la persona que estaba detrás de North Ridge conocía todos mis movimientos.
La pantalla mostró varios documentos.
—Si me quedaba contigo, te convertía en un objetivo.
Mi padre hizo una pausa.
—Por eso tuve que desaparecer.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Pero hay algo que debes saber.
La imagen cambió.
Apareció un documento con varios nombres.
Uno de ellos me resultó familiar.
Ethan.
Mi hermano.
Lo miré inmediatamente.
—¿Qué significa esto?
Marcus se quedó inmóvil.
Natalie tampoco respondió.
El vídeo continuó.
—Tu hermano no sabe toda la verdad —dijo mi padre—. Pero ha estado siguiendo las pistas correctas.
Respiré lentamente.
Entonces mi padre dijo algo que me dejó completamente confundido.
—Y Natalie nunca fue enviada para destruir tu matrimonio.
Miré a mi esposa.
—Ella fue enviada para protegerte.
La pantalla se quedó en negro.
Durante varios segundos nadie habló.
Entonces escuchamos un automóvil detenerse frente a nuestra casa.
Marcus miró por la ventana.
—Hay alguien afuera.
Me acerqué.
Un hombre salió del vehículo.
Era Ethan.
Mi hermano miró hacia nuestra casa.
Después levantó el teléfono.
El mío vibró.
“Daniel, no confíes en nadie que esté dentro de esa casa.”
Levanté lentamente la mirada.
Ethan estaba afuera.
Marcus estaba a mi lado.
Natalie estaba detrás de mí.
Y de repente comprendí que no sabía en quién confiar.
Entonces llegó otro mensaje.
Esta vez de un número desconocido.
“Tu padre quiere verte.”
Sentí un escalofrío.
—¿Dónde? —escribí.
La respuesta llegó inmediatamente.
Una dirección.
Y una hora.
11:30 p. m.
Miré el reloj.
Faltaban menos de dos horas.
Natalie me miró.
—¿Vas a ir?
Guardé el teléfono.
—Sí.
—Entonces voy contigo.
La miré.
—¿Por qué?
Ella tomó mi mano.
—Porque esta vez no voy a esconderte nada.
Miré a Marcus.
—¿Puedes acompañarnos?
Él asintió.
—Sí.
Antes de salir, volví a mirar la pantalla donde había aparecido el rostro de mi padre.
Durante nueve años había pensado que estaba muerto.
Ahora sabía que estaba vivo.
Y que había pasado todo ese tiempo intentando protegerme.
Pero todavía no sabía quién había destruido nuestra familia.
Ni por qué mi esposa había sido obligada a mentirme.
Ni qué papel había desempeñado mi hermano.
Y, sobre todo, no sabía si aquella reunión sería el comienzo de la verdad…
o el final de todo lo que todavía me quedaba.
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