Capítulo 3: El secreto que Marcus buscaba
Capítulo 3: El secreto que Marcus buscaba
No dormí aquella mañana.
Me quedé sentada junto a la cama de Chloe, observando cómo respiraba mientras el sol comenzaba a entrar por la ventana del hospital.
Cada cierto tiempo, ella se despertaba sobresaltada.
Cada vez que abría los ojos, buscaba mi mano.
Y cada vez que la encontraba, volvía a cerrar los ojos.
A las diez de la mañana, el detective que llevaba el caso entró en la habitación.
—Señora Eleanor, necesitamos hablar.
Salí al pasillo.
—¿Encontraron algo?
Me entregó una carpeta.
—Las cámaras de la terminal muestran a Marcus dejando a Chloe en el andén a las 5:31.
Sentí que la mandíbula se me tensaba.
—¿Solo?
—No.
El detective colocó una fotografía sobre la mesa.
Marcus aparecía junto a otro vehículo.
Y detrás de él estaba una mujer.
Vanessa.
—Ella llegó diez minutos antes —continuó—. Entró en la terminal, habló con Marcus y después se marchó.
—¿Y Chloe?
—Fue abandonada allí después de esa conversación.
Miré la fotografía.
—¿Hay grabaciones de audio?
—Estamos trabajando en ello.
Entonces el detective sacó otra fotografía.
Era de la casa.
—También encontramos algo en la habitación de Chloe.
Me mostró una pequeña cámara escondida dentro de un detector de humo.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién la instaló?
—Todavía no lo sabemos.
—Marcus.
—Probablemente.
—No —respondí—. Si hubiera querido vigilar a Chloe, habría colocado una cámara donde pudiera verla directamente.
El detective me miró.
—¿Entonces qué cree?
—Que alguien estaba vigilando otra cosa.
Regresé a casa.
Abrí cada cajón.
Cada armario.
Cada archivador.
Busqué hasta que recordé aquella conversación con Chloe.
“Un documento con tu nombre.”
No estaba en mi casa.
Porque nunca había guardado allí el documento que Marcus buscaba.
Lo había mantenido en otro lugar durante nueve años.
Fui hasta el garaje.
Detrás de unas cajas antiguas había una pequeña caja metálica.
La misma que había sacado aquella madrugada.
Dentro estaban mi placa, algunas fotografías y un sobre sellado.
En el sobre había una sola palabra:
PROTEGIDO.
Lo abrí.
Dentro había documentos relacionados con el último caso federal que dirigí antes de retirarme.
El caso involucraba una empresa financiera que había sido investigada por fraude, lavado de dinero y falsificación de documentos.
Y uno de los nombres aparecía repetidamente.
Marcus Whitmore.
Me quedé completamente inmóvil.
No el marido de mi hija.
El hombre que Marcus había sido nueve años atrás.
Había trabajado como asesor financiero para aquella empresa.
Nunca fue acusado formalmente porque un testigo clave desapareció antes de declarar.
Pero yo había conservado copias de ciertos documentos porque sabía que el caso no había terminado.
Y ahora comprendía por qué Marcus había estado tan interesado en mi pasado.
No buscaba mi dinero.
Buscaba esos documentos.
Mi teléfono sonó.
Número desconocido.
Contesté.
—¿Eleanor?
—¿Quién habla?
—Alguien que debería haberte advertido hace años.
Reconocí la voz.
Era Vanessa.
—¿Por qué me llamas?
—Porque Marcus cometió un error.
—¿Cuál?
—Pensó que yo estaba de su lado.
Guardé silencio.
—¿Qué quieres?
—Quiero protección.
—Entonces habla con la policía.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque ellos saben dónde vive mi madre.
La amenaza era clara.
—¿Qué sabe Marcus?
Vanessa respiró profundamente.
—Sabe que tú conservaste las pruebas.
Mi mano se cerró alrededor del teléfono.
—¿Qué pruebas?
—Las transferencias.
—¿Qué transferencias?
—Las que demuestran que Marcus pagó a alguien para alterar los registros del caso federal.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién recibió el dinero?
Vanessa no respondió inmediatamente.
—Tu antiguo compañero.
Mi corazón se detuvo.
—Eso es imposible.
—No lo es.
—Mi compañero murió hace seis años.
—Exactamente.
La llamada terminó.
Me quedé mirando el teléfono.
Mi antiguo compañero, Daniel Harris, había muerto en un accidente de carretera.
O eso decía el informe.
Pero si Vanessa decía la verdad, quizá aquella muerte tampoco había sido accidental.
Regresé al hospital.
Chloe estaba despierta.
—Mamá.
Me senté junto a ella.
—Tenemos que hablar.
—¿Encontraste algo?
Asentí.
—Tu marido me conoce desde hace mucho más tiempo del que te ha contado.
Chloe frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Le expliqué todo.
El antiguo caso.
Los documentos.
El nombre de Marcus.
La investigación.
Chloe escuchó en silencio.
Cuando terminé, comenzó a llorar.
—Dios mío…
La abracé.
—No es culpa tuya.
—Me casé con él.
—Y él te mintió.
Chloe se secó las lágrimas.
—Entonces no quería mi dinero.
—No solamente tu dinero.
—¿Qué quería?
La miré.
—Lo que yo tenía.
Esa noche, el detective Reed regresó.
—Tenemos una orden para registrar la casa de Marcus.
—¿Encontraron a Vanessa?
—No.
—¿Y Marcus?
El detective negó con la cabeza.
—Desapareció.
Sentí que aquello no era una buena señal.
—¿Qué encontramos en su casa?
El detective abrió una bolsa de pruebas.
Dentro había un sobre.
Tenía mi nombre.
—Lo encontramos en su caja fuerte.
Abrí los ojos.
—¿Qué dice?
El detective me entregó una fotografía.
Era una imagen tomada nueve años atrás.
Yo aparecía frente al tribunal federal.
A mi lado estaba Daniel Harris.
Pero había alguien más detrás de nosotros.
Un hombre que conocía perfectamente.
Marcus.
Mucho antes de convertirse en mi yerno.
El detective sacó otra fotografía.
—Hay más.
En esta, Marcus aparecía reunido con Daniel.
La fecha era dos días antes del supuesto accidente que acabó con la vida de mi antiguo compañero.
Debajo de la fotografía había una nota escrita a mano.
“Eleanor todavía tiene el original.”
Miré al detective.
—¿El original de qué?
Antes de que pudiera responder, el teléfono de Chloe comenzó a sonar.
Era Marcus.
Ella contestó sin decir una palabra.
Su voz llegó desde el otro lado.
—Chloe, escucha con atención.
Mi hija apretó el teléfono.
—¿Dónde estás?
—No importa.
—¿Qué quieres?
—Que tu madre me entregue los documentos.
Chloe me miró.
—¿Y si no?
Hubo una pausa.
—Entonces tu madre nunca sabrá quién mató a Daniel.
La llamada terminó.
Y el detective recibió un mensaje en su teléfono exactamente en ese momento.
Lo leyó.
Su rostro cambió.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
Levantó la mirada.
—Acaban de encontrar el coche de Marcus.
—¿Dónde?
—En un almacén abandonado.
Hizo una pausa.
—Y dentro encontraron a alguien.
—¿A Marcus?
Negó lentamente.
—A Daniel Harris.
Mi corazón dejó de latir.
—Eso es imposible.
—Está vivo.
Y entonces comprendí que el caso que creía cerrado nueve años atrás acababa de abrirse de nuevo.
Solo que esta vez, el hombre que todos habían dado por muerto podía contar exactamente lo que Marcus había hecho.