CAPÍTULO 3: EL SEGUNDO VIDEO QUE PODÍA DESTRUIRLO TODO – News

CAPÍTULO 3: EL SEGUNDO VIDEO QUE PODÍA DESTRUIRLO TODO

CAPÍTULO 3: EL SEGUNDO VIDEO QUE PODÍA DESTRUIRLO TODO

CAPÍTULO 3: EL SEGUNDO VIDEO QUE PODÍA DESTRUIRLO TODO

No aparté los ojos de Tessa.

—Te lo voy a preguntar una sola vez. ¿Grabaste algo más en mi ordenador?

Mi hermana apretó los labios.

—Ya te he dicho que no.

Pero su teléfono seguía iluminándose con notificaciones. Cada pocos segundos aparecía un nuevo mensaje y ella lo ocultaba rápidamente.

Papá se acercó.

—Tessa, por favor. Ya has causado suficientes problemas. Si hay algo más, este es el momento de decirlo.

—¡No hay nada más!

El oficial Harris regresó a la sala acompañado de su compañero.

—Señorita Bell, necesitamos que nos acompañe en la revisión de los hechos. También queremos dejar constancia de que se le ha pedido que conserve cualquier grabación relacionada con este incidente.

Tessa empezó a llorar.

—¡No pueden tratarme como si fuera una delincuente! ¡Solo publiqué un video!

Adrian López volvió a llamarme.

Esta vez contesté delante de todos.

—Lauren, hemos terminado una primera revisión de las imágenes —dijo—. Hay algo que necesitamos aclarar inmediatamente.

—¿Qué encontraron?

—El video original no es el único archivo que se ha compartido. Hemos localizado una segunda grabación de mayor duración que parece proceder del mismo dispositivo.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Dónde está publicada?

—Todavía no tenemos confirmación de que sea pública. Pero alguien ha enviado una copia a nuestra dirección de seguridad corporativa.

Miré a Tessa.

Su expresión cambió por completo.

—¿Quién la envió? —pregunté.

—Estamos investigándolo. Lauren, hay algo más. En esa grabación aparece una sección de un informe relacionado con una revisión de riesgos salariales que todavía no se ha presentado oficialmente.

Cerré los ojos.

Durante seis meses había trabajado en aquel proyecto. Mi equipo había identificado irregularidades en los sistemas de compensación de varias filiales y estábamos preparando un informe para la dirección ejecutiva.

No era simplemente una hoja de cálculo.

Contenía información financiera interna, procedimientos de auditoría y datos que debían permanecer estrictamente protegidos.

—Adrian, yo no compartí ese informe.

—Lo sabemos. Por eso necesitamos tu declaración y toda la información que puedas aportar sobre quién utilizó el equipo.

Cuando terminé la llamada, Tessa estaba mirando al suelo.

—¿Qué hiciste? —pregunté.

—Nada.

—Entonces, ¿por qué estás tan asustada?

Mi hermana empezó a llorar de nuevo.

Finalmente, desbloqueó su teléfono y abrió una conversación.

Era un grupo privado con sus dos socios del estudio de producción.

Había mensajes del viernes por la tarde.

Uno de ellos decía:

«Tessa, ¿conseguiste la captura de la computadora de tu hermana?».

Otro respondía:

«Necesitamos algo que demuestre que tienes experiencia con empresas importantes. Eso podría ayudarnos a conseguir patrocinadores».

Me quedé inmóvil.

—¿Qué significa esto?

Tessa intentó recuperar el teléfono.

—¡No leas mis mensajes!

Pero el oficial Harris intervino.

—No borre ni altere ninguna conversación relacionada con el incidente.

Papá se llevó una mano a la frente.

—Tessa, ¿tus socios te pidieron que entraras en el ordenador de tu hermana?

Ella no contestó.

Y aquel silencio fue suficiente para hacerme comprender que el asunto era mucho peor de lo que había imaginado.

—¿Planeaste utilizar mi trabajo para conseguir patrocinadores? —pregunté.

—¡No era así!

—Entonces, explícame cómo era.

Tessa respiró profundamente.

—Uno de mis socios dijo que necesitábamos demostrar que teníamos contactos en el mundo corporativo. Cuando vi tu computadora abierta, pensé que podía grabar algo que pareciera profesional.

—¿Y mi nómina?

—Fue una broma. No sabía que la gente se fijaría en los documentos del fondo.

La miré sin poder creerlo.

Había convertido mi privacidad en una herramienta publicitaria y ahora pretendía que todo había sido un accidente.

Pero todavía quedaba una pregunta.

—¿Quién tiene la segunda grabación?

Tessa se quedó completamente quieta.

Después susurró:

—Mi socio, Brandon.

El oficial Harris anotó el nombre.

—¿Tiene usted contacto con él?

—Sí.

—¿Y sabe si ha compartido ese material con alguien?

Tessa negó lentamente con la cabeza.

Entonces recibió otro mensaje.

Lo leyó y se puso blanca.

—¿Qué dice? —preguntó papá.

Ella no respondió.

Levantó el teléfono y me mostró la pantalla.

Era un mensaje de Brandon:

«No te preocupes. Ya envié el material al contacto que nos pidió información sobre Ellison. Si conseguimos que respondan, el estudio tendrá financiación».

Sentí un escalofrío.

—¿Qué contacto? —pregunté.

Tessa comenzó a temblar.

—No lo sé. Brandon dijo que era alguien interesado en invertir.

Adrian volvió a llamarme.

Contesté inmediatamente.

—Lauren, acabamos de identificar a la persona que recibió la segunda grabación. Necesitamos que escuches esto con atención.

—Te escucho.

—El destinatario no es un patrocinador ni un inversor. Es un representante de una empresa que actualmente está siendo examinada dentro de la revisión corporativa en la que has trabajado.

Me quedé sin palabras.

—¿Estás diciendo que alguien relacionado con la investigación recibió el video?

—Exactamente. Y parece que el material se utilizó para intentar obtener información adicional sobre nuestro proyecto.

Miré a mi hermana.

Por primera vez, Tessa parecía comprender que sus acciones podían haber puesto en peligro mucho más que su reputación en internet.

Adrian continuó:

—Lauren, necesito que vengas a nuestra oficina el lunes por la mañana. La dirección quiere hablar contigo y revisar los registros de acceso.

—¿Estoy en problemas?

Hubo una pausa.

—Por ahora, no hay indicios de que hayas compartido voluntariamente información. Pero debemos comprobarlo todo.

Cuando colgué, papá se sentó lentamente.

Tessa se acercó a mí.

—Lauren, tienes que ayudarme. Brandon fue quien me pidió que grabara. Yo no sabía nada de esa empresa.

La miré con tristeza.

—Tú elegiste entrar en mi computadora. Tú elegiste grabar mi información. Y tú elegiste publicarla.

—¡Pero no quería hacerte daño!

—Entonces debiste pensar en mí antes de apretar el botón de publicar.

Los agentes terminaron de tomar nota y le explicaron a Tessa los siguientes pasos de la investigación.

Antes de marcharse, el oficial Harris me entregó una tarjeta con los datos del expediente.

La guardé en el bolso.

Creía que aquella noche había terminado.

Hasta que, a las 10:47, recibí un correo de una dirección desconocida.

No tenía nombre de remitente.

Solo un asunto:

«Lauren Bell: sabemos quién eres realmente».

Abrí el mensaje.

Había una fotografía adjunta.

Era una imagen de una página de un documento corporativo que yo había visto meses atrás.

Debajo aparecía una frase:

«Tu hermana no fue la única que tuvo acceso a esa información».

Y entonces llegó otro mensaje.

Esta vez incluía mi nombre completo y una advertencia:

«Si el lunes entregas ese informe, no serás la única persona que perderá su trabajo».

Me quedé mirando la pantalla.

Porque acababa de descubrir que el video de Tessa podía haber sido solamente el comienzo de algo mucho más grande.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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