Parte 2 — Lo que había dentro del bolso
Desdoblé el papel.
Era una fotografía.
Al principio no entendí lo que estaba viendo.
Era una imagen de mi esposa, Elena, sentada en la mesa de nuestra cocina.
La fecha impresa en una esquina correspondía a la noche anterior.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué es esto?
Marlene no respondió.
Miré a Lily.
—¿Dónde encontraste esta foto?
—En el bolso de la abuela.
Marlene dio un paso hacia mí.
—Ethan, escucha—
—No.
Levanté una mano.
—Ahora vas a escucharme tú.
Volví a mirar la fotografía.
Elena aparecía profundamente dormida.
Pero había algo más.
Sobre la mesa, junto a su brazo, había un vaso.
Y al lado del vaso aparecía una pequeña caja blanca.
Reconocí inmediatamente el envase.
Era el medicamento que Elena tomaba algunas noches para dormir.
Sentí un frío repentino en el pecho.
—¿Por qué tienes una fotografía de mi esposa dormida?
Marlene se quedó callada.
Lily empezó a llorar.
—Papá, yo la vi.
Me giré hacia ella.
—¿Qué viste, cariño?
—A la abuela entrando en la habitación de mamá anoche.
Marlene cerró los ojos.
—Lily no entiende lo que vio.
—Entonces explícamelo.
Mi hija tragó saliva.
—La abuela tenía una taza.
La miré fijamente.
—¿Qué taza?
—La azul.
Sentí que se me erizaba la piel.
La taza azul era la que Elena usaba todas las noches.
—¿Y qué pasó después?
—Mamá se la tomó.
Lily comenzó a temblar.
—Después empezó a sentirse muy cansada.
Miré a Marlene.
—¿Qué había en esa taza?
—Nada.
—¿Nada?
—Era té.
—¿Y por qué estabas fotografiando a mi esposa mientras dormía?
Marlene no respondió.
Fue entonces cuando Lily señaló el fondo de la fotografía.
—Papá, mira ahí.
Me acerqué.
Detrás de la silla de Elena había una pequeña bolsa de farmacia.
La amplié con los dedos.
El logotipo se veía borroso, pero podía distinguir el nombre de una farmacia local.
Debajo aparecía una hora.
11:47 p. m.
Recordé aquella noche.
Elena se había ido a dormir temprano.
A la mañana siguiente me había dicho que se sentía extraña y que apenas recordaba haberse acostado.
Yo había pensado que simplemente estaba agotada.
Ahora comprendía por qué Lily estaba asustada.
—¿Qué hiciste, Marlene?
Mi suegra levantó la barbilla.
—Estás sacando conclusiones absurdas.
—Entonces llama a la policía.
Se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Llama a la policía y explícales por qué tienes fotografías de mi esposa dormida y por qué mi hija te encontró sujetándola mientras le decías que tu madre no despertaría.
Su rostro perdió color.
—No amenacé a Lily.
—Yo estaba aquí.
—Estaba intentando proteger a Elena.
La frase me dejó paralizado.
—¿Protegerla de quién?
Marlene miró hacia la puerta.
Luego miró a Lily.
—De ti.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿De mí?
—No sabes lo que está pasando en tu propia casa.
Lily negó con la cabeza.
—Papá, no le creas.
Marlene se volvió hacia ella.
—¡Cállate!
Di un paso adelante.
—No vuelvas a levantarle la voz.
Mi hija se escondió detrás de mí.
Marlene respiró profundamente.
Por primera vez, parecía verdaderamente asustada.
—Ethan, tu esposa lleva meses diciendo cosas que no son verdad.
—¿Qué cosas?
—Que alguien entra en la casa.
Me quedé en silencio.
Elena me había contado algo parecido.
Varias veces.
Había dicho que encontraba puertas abiertas, objetos cambiados de sitio y que algunas noches escuchaba pasos en el pasillo.
Yo siempre había pensado que estaba estresada.
Marlene continuó:
—Pensé que estaba imaginando cosas.
—¿Y entonces?
—Hasta que encontré esto.
Sacó otro papel de su bolsillo.
Lo dejó sobre la cama.
Era una copia de una receta médica.
La fecha era de dos semanas atrás.
El nombre de Elena aparecía en la parte superior.
Pero había algo extraño.
El medicamento recetado no coincidía con el que Elena tomaba habitualmente.
—¿Qué significa esto?
Marlene respondió:
—Que alguien cambió su medicación.
Miré a Lily.
Ella empezó a llorar.
—Papá, yo intenté decírtelo.
Me arrodillé frente a ella.
—¿Qué intentaste decirme?
—La abuela no era la que me daba miedo.
Señaló la fotografía.
—Era la persona que estaba detrás de ella.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué persona?
Lily señaló el espejo que aparecía reflejado en la fotografía.
Me acerqué.
Y entonces lo vi.
Una silueta.
Alguien estaba de pie detrás de la puerta del dormitorio.
No podía distinguir su rostro.
Pero reconocí la camisa.
Era una camisa que yo había visto muchas veces.
La camisa de mi propio hermano.
Mi hermano, Daniel.
Me quedé mirando la fotografía sin poder respirar.
Marlene habló en voz baja.
—Ahora entiendes por qué estaba intentando impedir que Lily hablara.
—No —respondí.
Guardé la fotografía en el bolsillo.
—Ahora entiendo por qué alguien quería que yo creyera que tú eras el problema.
Marlene levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Si Lily hubiera contado lo que vio, yo habría sospechado de ti.
Ella no respondió.
—Y mientras todos mirábamos hacia ti…
Miré nuevamente la silueta.
—Alguien más podía seguir entrando en mi casa.
En ese momento, escuchamos un ruido en el piso de abajo.
Un golpe seco.
Lily se aferró a mi camisa.
Marlene se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué fue eso? —susurró.
No respondí.
Saqué mi teléfono.
Llamé al 911.
Y mientras esperaba que contestaran, escuchamos pasos.
Lentos.
Pesados.
Subiendo por las escaleras.
Lily enterró el rostro contra mi pecho.
Marlene retrocedió hasta la pared.
Yo me coloqué delante de ambas.
Entonces una sombra apareció bajo la puerta.
Y una voz dijo:
—Ethan… tenemos que hablar.
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