Capítulo 2: La fotografía reveló quién estaba detrás de aquella trampa – News

Capítulo 2: La fotografía reveló quién estaba detrás de aquella trampa

Capítulo 2: La fotografía reveló quién estaba detrás de aquella trampa

Capítulo 2: La fotografía reveló quién estaba detrás de aquella trampa

La fotografía mostraba el estacionamiento del hotel.

Reconocí el lugar inmediatamente.

El edificio de ladrillos oscuros, las luces amarillentas sobre la entrada y el letrero del hotel al fondo.

Pero no fue el hotel lo que hizo que se me secara la boca.

Fue la persona que aparecía en la imagen.

Mi esposa.

Estaba entrando al edificio con su bolso sobre el hombro.

Y detrás de ella había alguien más.

Un hombre.

No era el hombre con el que ella decía que iba a pasar la noche.

Era alguien que yo conocía.

Alguien en quien había confiado durante años.

Mi hermano menor, Ethan.

Me quedé mirando la fotografía durante varios segundos.

Después amplié la imagen.

Ethan llevaba una chaqueta oscura y una gorra que ocultaba parcialmente su rostro.

Pero no necesitaba verle la cara.

Reconocía perfectamente su manera de caminar.

Sentí una presión en el pecho.

¿Por qué estaba él allí?

¿Y por qué mi esposa había ido al mismo hotel?

Mi teléfono vibró otra vez.

Esta vez apareció un mensaje de un número desconocido.

No la detengas. Déjala entrar en la habitación.

Leí la frase dos veces.

Después una tercera.

No respondí.

Volví a mirar la fotografía.

La hora que aparecía en una esquina era las 9:47 p. m.

Eso significaba que la fotografía había sido tomada hacía apenas unos minutos.

Mi esposa todavía no había llegado a la habitación.

Todavía estaba a tiempo de intervenir.

Podía llamar a la policía.

Podía llamar a Ethan.

Podía conducir hasta el hotel.

Podía enfrentarla allí.

Pero algo me detuvo.

Si alguien estaba intentando tender una trampa, reaccionar demasiado rápido podía ser exactamente lo que esa persona esperaba.

Así que hice lo único que parecía tener sentido.

Llamé a Marcus.

Era un viejo amigo que trabajaba en seguridad privada y que, durante los últimos meses, me había ayudado discretamente a entender algunas cosas que no cuadraban en las actividades de mi esposa.

Contestó después del segundo tono.

—¿Qué pasó?

—Necesito que averigües algo.

Le envié la fotografía.

Hubo varios segundos de silencio.

—¿Ese es Ethan?

—Sí.

—¿Y ella está en el hotel?

—Está entrando ahora.

Marcus respiró profundamente.

—Entonces escucha con atención. No vayas allí.

—¿Por qué?

—Porque alguien quiere que vayas.

Miré nuevamente el mensaje.

Tenía razón.

—¿Puedes averiguar quién reservó la habitación?

—Dame unos minutos.

Colgamos.

Me senté en la silla frente al escritorio.

Por primera vez, pensé en lo que había desaparecido del cajón.

No era dinero.

No eran joyas.

Era una pequeña memoria USB.

Una que contenía copias de documentos financieros que había descubierto tres semanas antes.

Documentos relacionados con una cuenta que mi esposa nunca me había mencionado.

Al principio pensé que podía tratarse de una cuenta de la empresa.

Pero después encontré varias transferencias que no tenían ninguna explicación.

Grandes cantidades de dinero.

Todas enviadas a la misma persona.

Ethan.

Aquello había sido precisamente lo que me hizo sospechar de él.

Pero cuando revisé las fechas, descubrí algo extraño.

Las transferencias habían comenzado mucho antes de que Ethan supiera siquiera que yo estaba investigando.

Y algunas habían sido realizadas utilizando información que solamente mi esposa, yo y el contador de la familia conocíamos.

Por eso había preparado una carpeta.

No para divorciarme.

No para vengarme.

Sino para descubrir quién estaba manipulando a todos nosotros.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Marcus.

—Ya tengo la reserva.

—¿Quién la hizo?

—Aquí está la parte extraña.

Esperé.

—La habitación fue reservada hace cinco días.

—¿A nombre de quién?

—De tu esposa.

Cerré los ojos.

Eso significaba que aquella noche no había sido una decisión impulsiva.

Ella llevaba días planeándola.

Pero Marcus todavía no había terminado.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—La reserva fue pagada con una tarjeta corporativa.

—¿La de su empresa?

—No exactamente.

—Entonces, ¿de quién?

Marcus tardó unos segundos en responder.

—De la empresa donde trabaja Ethan.

Me puse de pie.

Aquello no tenía sentido.

Si Ethan y mi esposa estaban trabajando juntos, ¿por qué necesitaban esconderlo?

Y si estaban teniendo una aventura, ¿por qué utilizarían cuentas corporativas?

Había demasiadas piezas que no encajaban.

Entonces recibí otro mensaje.

Esta vez no era un número desconocido.

Era Ethan.

No confíes en ella.

Mi corazón dio un vuelco.

Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje.

Y tampoco confíes en mí.

Me quedé inmóvil.

Entonces apareció una tercera línea.

Porque alguien está usando nuestros nombres para destruirte.

Leí el mensaje una y otra vez.

Por primera vez aquella noche, comprendí que tal vez había cometido un error.

Había pasado semanas pensando que mi esposa estaba engañándome.

Después pensé que Ethan era su amante.

Pero quizá ambos estaban atrapados en algo mucho más grande.

Marcus me llamó de nuevo.

—Necesitas escuchar esto.

—Habla.

—Acabo de conseguir acceso a las cámaras exteriores del hotel.

—¿Qué viste?

—Tu esposa llegó sola.

Fruncí el ceño.

—Eso no coincide con la fotografía.

—Espera. Entró sola a las 9:42. Cinco minutos después, Ethan apareció.

—¿Y después?

—Entró detrás de ella.

—Entonces sí estaban juntos.

—No.

La respuesta de Marcus fue inmediata.

—Ethan no entró a la habitación con ella.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

—Tu esposa subió al cuarto. Ethan entró al hotel, pero tomó el ascensor del otro lado.

—¿Adónde fue?

Marcus guardó silencio.

—Al sótano.

Me quedé mirando la oscuridad de mi oficina.

—¿Qué hay en el sótano?

—El centro de mantenimiento del hotel. Y una entrada de servicio.

Mi respiración se volvió más lenta.

—Marcus, necesito que revises algo más.

—¿Qué?

—Quiero saber quién salió por esa entrada durante la última hora.

Hubo una pausa.

Entonces escuché su voz.

—Ya lo estoy viendo.

Pasaron unos segundos.

—Hay una persona.

—¿Quién?

—Una mujer.

—¿La reconoces?

—No.

Marcus me envió una nueva fotografía.

La abrí.

Era una mujer de unos cincuenta años, vestida con un abrigo gris.

Estaba saliendo por la puerta de servicio.

Pero había algo en su rostro que me resultaba familiar.

No sabía dónde la había visto.

Hasta que Marcus amplió la imagen.

Entonces reconocí el pequeño colgante que llevaba alrededor del cuello.

Un círculo de plata con una estrella grabada en el centro.

Sentí que se me helaba la sangre.

Porque yo había visto ese mismo colgante toda mi infancia.

Mi madre lo llevaba todos los días.

Incluso después de que murió.

Y yo mismo lo había enterrado con ella.

Miré la fotografía otra vez.

La mujer ya había desaparecido de la pantalla de seguridad.

—Marcus…

—¿Qué?

—Averigua quién es esa mujer.

—¿Por qué?

Tragué saliva.

—Porque lleva algo que pertenecía a mi madre.

En ese mismo instante, escuché un ruido detrás de mí.

Me giré.

La puerta de mi despacho estaba abierta.

Yo recordaba perfectamente haberla cerrado.

Y sobre mi escritorio había algo que no estaba allí unos minutos antes.

Una pequeña memoria USB.

La misma que mi esposa había tomado de mi cajón.

Debajo de ella había una nota escrita a mano.

Solo decía:

Si quieres saber la verdad, no vayas al hotel.

Y debajo había una segunda línea.

Ve a casa de tu madre.

Me quedé mirando aquellas palabras.

Mi madre llevaba muerta doce años.

Y, sin embargo, alguien acababa de utilizar su nombre para decirme dónde encontrar la verdad.

👇✨ ¡Mira el siguiente capítulo de la historia aquí abajo! 📖❤️

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles