Capítulo 2: Margaret creyó que había ganado, pero Daniel ya había preparado todo
Capítulo 2: Margaret creyó que había ganado, pero Daniel ya había preparado todo
Elena se quedó sentada en el sofá de mi oficina mientras yo escuchaba la grabación.
Al principio solo se oía estática.
Después apareció la voz de mi madre.
—Llévenla al segundo piso. No quiero que nadie la vea.
Sentí que el cuerpo se me tensaba.
La grabación continuó.
—Y asegúrense de que el niño…
Mi madre hizo una pausa.
—De que la niña permanezca con ella. Es la única manera de mantenerla obediente.
Miré a Elena.
Ella bajó la mirada hacia Lily.
La niña seguía dormida.
No sabía nada de lo que había ocurrido.
No sabía que había pasado su primer año de vida escondida en una granja.
No sabía que su padre llevaba dos años creyendo que su madre estaba muerta.
Apagué la grabadora.
—¿Cuánto tiempo estuviste allí?
—Desde que desaparecí hasta anoche.
—¿Todo ese tiempo?
Elena asintió.
—Al principio pensé que tu madre quería asustarme. Después entendí que hablaba en serio.
—¿Por qué no intentaste llamar?
Una lágrima recorrió su mejilla.
—No tenía teléfono. No tenía dinero. No sabía dónde estaba. Y cada vez que intentaba preguntar por ti, me decían que tú habías firmado los papeles para declarar que no querías volver a verme.
Sentí una presión en el pecho.
—Yo nunca hice eso.
—Ahora lo sé.
Elena levantó los ojos.
—Pero durante mucho tiempo pensé que me habías abandonado.
No supe qué responder.
Había pasado dos años llorando a una mujer que creía muerta.
Mientras tanto, ella había pasado dos años creyendo que yo la había dejado atrás.
Mi madre había conseguido exactamente lo que quería.
Había separado nuestras vidas.
Y casi había destruido nuestra familia antes de que Lily pudiera siquiera conocerme.
Me levanté y caminé hasta la ventana.
Desde allí podía ver la entrada de la Fundación Mercer.
Personas entrando y saliendo.
Guardias.
Empleados.
Cámaras.
Todo parecía normal.
Pero yo sabía que nada volvería a ser normal.
—Elena, necesito que hagas algo por mí.
Ella se puso rígida.
—¿Qué?
—No vas a salir de este edificio todavía.
—¿Por qué?
—Porque si mi madre descubre que escapaste, enviará a alguien a buscarte.
Elena abrazó con más fuerza a Lily.
—¿Entonces qué hacemos?
La miré.
—La dejamos creer que todavía tiene el control.
Saqué mi teléfono.
Primero llamé a mi socio de confianza.
—Necesito que vengas a la fundación inmediatamente.
—¿Ha ocurrido algo?
—Sí. Y necesito que no le digas nada a nadie.
Después hice una segunda llamada.
Esta vez a un investigador privado con el que había trabajado durante años.
—Necesito información sobre una propiedad.
Le di los datos de la empresa que aparecía en los documentos de Elena.
—Quiero saber quién la compró, quién paga los impuestos y quién ha estado entrando y saliendo durante los últimos dos años.
—¿Algún nombre en particular?
Miré a Elena.
—Margaret Mercer.
Hubo un breve silencio.
—Entendido.
Colgué.
Elena me observaba.
—¿Estás seguro de que puedes enfrentarte a ella?
—No.
Ella pareció sorprendida.
—¿No?
Negué con la cabeza.
—No estoy seguro.
Me acerqué y tomé su mano.
—Pero sí estoy seguro de que no volveré a dejar que te haga daño.
Por primera vez desde que había aparecido frente a la Fundación Mercer, Elena respiró con algo de alivio.
Entonces sonó mi teléfono.
Era mi madre.
Miré la pantalla.
Mamá.
Elena palideció.
—No contestes.
La miré.
—Tengo que hacerlo.
Deslicé el dedo por la pantalla.
—Hola, mamá.
Su voz sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
—Daniel, ¿dónde estás?
Miré a Elena.
—En la fundación.
—¿Solo?
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
—Sí.
Mi madre guardó silencio durante un segundo.
—¿Seguro?
—Claro.
—Me alegra. Quería preguntarte si cenamos juntos esta noche.
Miré nuevamente a Elena.
—Por supuesto.
—Perfecto —respondió mi madre—. Tengo algo importante que contarte.
La llamada terminó.
Elena me miró con preocupación.
—¿Qué significa eso?
—Que todavía no sabe que escapaste.
—¿Y si lo descubre?
Guardé el teléfono en el bolsillo.
—Entonces tendrá que descubrirlo cuando ya sea demasiado tarde.
En ese momento recibí un mensaje de mi investigador.
Había encontrado la propiedad.
Y había encontrado algo más.
Una lista de nombres.
Tres hombres habían trabajado allí durante los últimos dos años.
Uno de ellos seguía trabajando para mi madre.
Otro había desaparecido hacía tres semanas.
Y el tercero…
Era un exagente de seguridad de la Fundación Mercer.
Abrí el archivo adjunto.
Había una fotografía.
Reconocí al hombre inmediatamente.
Era el mismo guardia que, según Elena, había dejado de aparecer.
Pero debajo de su fotografía había una fecha.
La fecha en que había abandonado la propiedad.
La noche anterior a la fuga de Elena.
Levanté la mirada.
—Elena.
—¿Qué?
Le mostré la pantalla.
—Creo que alguien te ayudó a escapar.
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