Capítulo 3: La persona que entró conocía nuestro secreto – News

Capítulo 3: La persona que entró conocía nuestro secreto

Capítulo 3: La persona que entró conocía nuestro secreto

Capítulo 3: La persona que entró conocía nuestro secreto

Encendí la luz del pasillo.

Por un instante, nadie se movió.

Entonces apareció una figura al final de la escalera.

Mi hermano.

Ethan.

Llevaba una chaqueta oscura, tenía el cabello despeinado y respiraba con dificultad, como si hubiera venido corriendo desde su automóvil.

Maya soltó mi brazo.

—Dios mío…

Yo bajé lentamente las escaleras.

—¿Qué haces aquí?

Ethan levantó las manos.

—Necesito hablar contigo.

—¿A las doce y media de la noche?

—No podía esperar.

Miré hacia la puerta principal.

Estaba cerrada.

—¿Cómo entraste?

Ethan sacó un pequeño juego de llaves.

—Me las diste hace dos años. Para emergencias.

—Y esto no es una emergencia que justifique entrar en mi casa sin avisar.

Él tragó saliva.

—Sí lo es.

Daniel apareció detrás de mí.

Ethan lo vio y se quedó completamente quieto.

—¿Quién es él?

—Podría preguntarte lo mismo —respondió Daniel.

Maya bajó las escaleras.

—Ethan, ¿qué sabes?

Mi hermano la miró.

—Sé que alguien está usando el nombre de tu esposo para mover dinero.

Se me tensó la mandíbula.

—Eso ya lo sé.

Ethan me miró directamente.

—No. No sabes quién lo está haciendo.

—Entonces dímelo.

Silencio.

Ethan bajó la mirada.

—Todavía no puedo.

Me acerqué un paso.

—¿Por qué?

—Porque si te lo digo ahora, probablemente no me creerás.

Solté una risa seca.

—Después de esta noche, créeme, ya estoy preparado para cualquier cosa.

Ethan respiró profundamente.

—La empresa fantasma que aparece en esos documentos no pertenece a nadie desconocido.

Sacó su teléfono.

—Está vinculada a alguien de tu trabajo.

Sentí que algo encajaba dentro de mi cabeza.

—¿Quién?

Ethan levantó la mirada.

—Tu jefe.

Maya negó inmediatamente.

—No puede ser.

—¿Por qué no?

—Porque fue él quien me pidió que investigara las transferencias.

Ethan la miró con expresión seria.

—Precisamente.

Daniel cruzó los brazos.

—Eso explicaría muchas cosas.

Mi cabeza daba vueltas.

Mi jefe.

Mi esposa.

Mi hermano.

Un hotel.

Una tarjeta de crédito.

Fotografías de nuestra casa.

Nada parecía tener sentido.

—¿Y tú cómo sabes todo esto? —pregunté.

Ethan tardó demasiado en responder.

Ese silencio fue suficiente.

—Ethan.

—Porque yo también recibí un mensaje.

Sacó su teléfono y me mostró una fotografía.

Era la misma casa.

La misma ventana.

La misma perspectiva.

Pero esta vez la imagen había sido tomada desde otro ángulo.

En la foto aparecía mi esposa entrando en nuestro automóvil.

Debajo había una frase:

“Si tu hermano sigue buscando respuestas, perderá algo más que dinero.”

Sentí un frío en la espalda.

—¿Cuándo recibiste esto?

—Esta mañana.

—¿Y no me llamaste?

—Porque pensé que era una amenaza vacía.

Maya se acercó.

—¿Entonces por qué viniste?

Ethan la miró.

—Porque hace una hora alguien intentó entrar en mi apartamento.

Nadie dijo nada.

Daniel tomó el teléfono de Ethan y examinó la fotografía.

—¿Llamaste a la policía?

—Todavía no.

—¿Por qué?

Ethan señaló la pantalla.

—Porque antes de irse, dejaron esto debajo de mi puerta.

Abrió una fotografía diferente.

Era un sobre.

El mismo sobre blanco que Maya había encontrado en el hotel.

La misma frase.

“Él ya sabe.”

Mi esposa retrocedió.

—Esto no puede estar pasando.

—Está pasando —dije.

Y entonces entendí algo.

Durante toda la noche había estado buscando una explicación para el cargo de 487 dólares.

Pero quizá ese nunca había sido el verdadero problema.

El cargo solo había sido una pieza de algo mucho más grande.

—Daniel —dije—, ¿qué pasó realmente en el hotel?

Él miró a Maya.

Maya cerró los ojos.

—No quería contártelo.

—Ya no importa lo que querías.

Ella respiró profundamente.

—Cuando llegué a la habitación 614, había una persona esperándome.

Mi corazón se aceleró.

—¿Quién?

—Una mujer.

Ethan levantó la cabeza.

—¿Qué mujer?

Maya continuó.

—No la conocía. Nunca la había visto antes.

—¿Qué quería?

—Me entregó un sobre.

—¿Y después?

Maya se quedó en silencio.

—Después me dijo algo.

—¿Qué?

Sus ojos se encontraron con los míos.

—Dijo que tú estabas en peligro.

Sentí que mi cuerpo se tensaba.

—¿Qué más?

—Dijo que alguien cercano a nosotros estaba ayudando a la persona que estaba detrás de todo.

Miré a Ethan.

Luego a Daniel.

Nadie hablaba.

—¿Y cómo sabía mi nombre?

Maya negó lentamente.

—No lo sé.

—¿Qué había dentro del sobre?

Ella miró a Daniel.

Daniel sacó otro documento de su carpeta.

—Esto.

Me lo entregó.

Era una fotografía.

Esta vez no era de nuestra casa.

Era de una oficina.

Reconocí el lugar inmediatamente.

Era mi antiguo despacho.

La fotografía mostraba a un hombre sentado frente a una computadora.

No se le veía el rostro.

Pero había algo familiar en su postura.

Algo que me hizo sentir incómodo.

Volteé la fotografía.

En la parte posterior había una fecha.

Tres meses atrás.

Y debajo, una dirección.

La dirección de un almacén que pertenecía a una empresa que yo conocía.

La empresa de mi jefe.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

Daniel respondió:

—Significa que alguien llevaba meses vigilándote.

Maya añadió:

—Y probablemente vigilándome a mí también.

Me quedé mirando la fotografía.

Entonces Ethan habló.

—Hay algo que todavía no les he contado.

Lo miré.

—¿Qué?

Mi hermano metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta.

Sacó una pequeña memoria USB.

La colocó sobre la mesa.

—Encontré esto dentro de mi automóvil esta noche.

Daniel la tomó.

—¿La revisaste?

—No.

—¿Por qué?

Ethan me miró.

—Porque tiene una etiqueta con tu nombre.

Sentí que el corazón se me detenía.

Daniel conectó la memoria a su computadora portátil.

La pantalla se iluminó.

Había una sola carpeta.

El nombre de la carpeta era simplemente:

“FAMILIA”.

Daniel hizo clic.

Aparecieron decenas de archivos.

Fotografías.

Documentos.

Registros bancarios.

Mensajes.

Y entonces apareció un video.

La fecha del archivo era de hacía seis meses.

Daniel lo abrió.

La imagen tardó unos segundos en aparecer.

Era una cámara de seguridad.

Mostraba un estacionamiento.

Reconocí inmediatamente el lugar.

Era el estacionamiento de nuestra casa.

La grabación avanzó.

Un automóvil entró lentamente.

Se detuvo frente a nuestra puerta.

Un hombre bajó.

La cámara captó su rostro durante apenas unos segundos.

Yo me acerqué a la pantalla.

Y dejé de respirar.

Porque conocía a ese hombre.

Todos lo conocíamos.

Maya se llevó una mano a la boca.

Ethan susurró:

—No puede ser…

Daniel pausó el video.

El rostro quedó congelado en la pantalla.

Y entonces comprendí por qué aquella persona había estado tan segura de que yo no descubriría la verdad.

El hombre del video era la última persona en el mundo a la que habría sospechado.

Mi propio jefe.

Pero había un detalle todavía más inquietante.

El video había sido grabado seis meses atrás.

Y en ese momento, yo todavía no tenía ninguna razón para desconfiar de él.

Eso significaba que todo esto había comenzado mucho antes de aquella noche.

Y alguien había estado preparando el final desde hacía meses.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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