Capítulo 5: Descubrí quién estaba detrás de toda aquella conspiración – News

Capítulo 5: Descubrí quién estaba detrás de toda aquella conspiración

Capítulo 5: Descubrí quién estaba detrás de toda aquella conspiración

Capítulo 5: Descubrí quién estaba detrás de toda aquella conspiración

El mensaje seguía iluminando la pantalla.

“Si quieres que tu esposo sobreviva, entrégame los documentos antes del amanecer.”

Lo leí una segunda vez.

Luego una tercera.

—Elena —dijo Maya—, no puedes hacerlo.

—¿Y si ya lo tienen?

—No tienen los originales.

—Pero tienen a Daniel.

Maya guardó silencio.

Tenía razón.

No sabía dónde estaba Daniel.

No sabía si seguía vivo.

Y tampoco sabía cuántos hombres estaban buscándolo.

El automóvil negro continuaba detrás de nosotros.

Maya tomó una calle lateral.

Luego otra.

Finalmente entró en un estacionamiento subterráneo.

Apagó las luces.

Nos quedamos en silencio.

—¿Qué hacemos? —pregunté.

Maya respiró profundamente.

—Primero tenemos que descubrir quién envió el mensaje.

Miró la pantalla.

—Y creo que sé cómo.

Sacó su computadora.

Conectó el teléfono a un pequeño dispositivo.

Esperamos.

Unos segundos después, apareció una ubicación.

Maya frunció el ceño.

—El mensaje fue enviado desde una red privada.

—¿Dónde?

Me mostró el mapa.

Sentí que el corazón se detenía.

La ubicación estaba registrada cerca de la casa de mi familia.

—Mi padre.

Maya negó lentamente.

—No necesariamente.

—¿Entonces quién?

Antes de que pudiera responder, recibimos otro mensaje.

Esta vez solo decía:

“Tu familia no te contó toda la verdad sobre la noche en que murió el padre de Daniel.”

Me quedé inmóvil.

Maya me miró.

—Elena…

—Quiero saberlo.

—Quizá no quieras.

—Quiero saberlo todo.

Maya abrió un archivo que llevaba años guardado.

—Tu abuela me pidió que conservara esto.

—¿Qué es?

—Una copia de una declaración que nunca llegó a la policía.

La abrió.

Comencé a leer.

La declaración había sido escrita por un antiguo empleado de Vale Construction.

Decía que, la noche del accidente, había visto a alguien discutiendo con el padre de Daniel.

No era Daniel.

No era mi padre.

Era Adrian.

Mi hermano.

Sentí que el estómago se me revolvía.

—No.

Maya continuó leyendo.

—El empleado desapareció tres días después.

—¿Desapareció?

—Nunca volvió a su casa.

Me quedé mirando el documento.

Toda mi vida había pensado que Adrian era simplemente egoísta.

Ahora comenzaba a preguntarme qué más había hecho.

—Tenemos que encontrarlo.

Maya negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

—Porque quizá él ya nos está buscando.

En ese instante, mi teléfono vibró.

Era Daniel.

Respondí inmediatamente.

—¡Daniel!

Su respiración sonaba pesada.

—¿Estás con Maya?

—Sí.

—Escúchame con atención.

—¿Dónde estás?

—No importa.

—¡Claro que importa!

Hubo silencio.

Luego dijo:

—Tu hermano sabe quién soy.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Adrian?

—Sí.

—¿Cómo?

—Porque fue él quien encontró los archivos de Maya.

Maya palideció.

—¿Qué?

Daniel continuó:

—Y fue él quien organizó el ataque contra mi casa.

Miré a Maya.

Todo empezaba a encajar.

Las transferencias.

Los documentos.

La vigilancia.

La fotografía.

Adrian había estado un paso por delante de nosotros.

—¿Dónde estás? —pregunté nuevamente.

—En un almacén abandonado.

—Voy por ti.

—No.

—Daniel…

—Elena, si vienes, te pondrás en peligro.

—Ya estoy en peligro.

Silencio.

—Y tú eres mi esposo —dije—. No voy a dejarte.

Daniel respiró profundamente.

—Hay algo que necesitas saber.

—¿Qué?

—Yo no elegí a tu familia únicamente por venganza.

Esperé.

—También quería descubrir quién había ordenado la muerte de mi padre.

Sentí un escalofrío.

—¿Y descubriste quién fue?

—Sí.

—¿Quién?

Daniel tardó varios segundos en responder.

—Tu padre.

Cerré los ojos.

Aunque ya había sospechado que mi familia estaba involucrada, escuchar aquellas palabras fue diferente.

—¿Estás seguro?

—Tengo pruebas.

—Entonces, ¿por qué no las entregaste a la policía?

—Porque las pruebas desaparecieron.

—¿Todas?

—Casi todas.

Maya intervino.

—¿Qué significa “casi”?

Daniel guardó silencio.

Después dijo:

—Tu abuela conservó una copia.

Miré la carta que todavía llevaba conmigo.

—La carta.

—Sí.

—¿Ella sabía quién había ordenado todo?

—Lo descubrió demasiado tarde.

Sentí que las lágrimas llenaban mis ojos.

Mi abuela había intentado protegerme.

Pero había muerto antes de poder contarme la verdad.

—Daniel —dije—, tengo la carta.

—¿Qué carta?

—La que dejó para mí.

Leí nuevamente la frase.

“Busca a Daniel Vale.”

Ahora entendía.

Mi abuela no me había enviado hacia Daniel para que él me protegiera.

Me había enviado hacia él porque sabía que juntos podríamos descubrir la verdad.

—¿Dónde estás? —pregunté.

Daniel finalmente me dio una dirección.

Maya arrancó el automóvil.

Condujimos durante casi veinte minutos.

Cuando llegamos, el almacén estaba completamente oscuro.

Bajé del automóvil.

—¡Daniel!

No hubo respuesta.

Entramos.

El lugar estaba vacío.

Hasta que escuchamos un sonido detrás de nosotros.

Nos giramos.

Adrian estaba allí.

Mi hermano.

Tenía las manos en los bolsillos y una expresión tranquila.

—Siempre fuiste demasiado curiosa, Elena.

Sentí que la sangre me abandonaba.

—¿Dónde está Daniel?

Adrian sonrió.

—Vivo.

—¿Dónde?

—Eso depende de ti.

Maya dio un paso atrás.

Adrian sacó un teléfono.

Presionó la pantalla.

Una grabación comenzó a reproducirse.

Era Daniel.

Estaba sentado en una silla, con las manos atadas.

Mi corazón se rompió.

—Adrian…

Él sonrió.

—Entrégame la memoria.

—No la tengo.

—Entonces dile adiós a tu nuevo esposo.

Miré a mi hermano.

Por primera vez en mi vida, no sentí miedo de él.

Sentí algo diferente.

Decepción.

—¿Fuiste tú?

Su sonrisa desapareció.

—¿Qué?

—¿Tú destruiste a la familia Vale?

Adrian no respondió.

—¿Tú causaste el accidente?

Silencio.

—¿Tú utilizaste mi nombre para pedir millones de dólares?

Adrian me miró fijamente.

Y entonces sonrió.

—Por fin empezaste a hacer las preguntas correctas.

Sentí que Maya tomaba discretamente mi mano.

Y en ese momento comprendí algo.

Adrian había cometido un error.

Había confesado.

Y no sabía que Maya estaba grabando cada palabra.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles