CAPÍTULO 4: EL VERDADERO ENEMIGO ESTABA DENTRO DE LA EMPRESA
CAPÍTULO 4: EL VERDADERO ENEMIGO ESTABA DENTRO DE LA EMPRESA
No dormí aquella noche.
A las 10:47 había recibido un correo anónimo que amenazaba con destruir mi carrera si entregaba el informe de auditoría el lunes.
Lo leí tantas veces que terminé memorizando cada palabra.
«Si el lunes entregas ese informe, no serás la única persona que perderá su trabajo».
Al principio pensé que era una broma de mal gusto. Después recordé la segunda grabación de Tessa y comprendí que alguien estaba intentando utilizarla para conseguir información que no debería tener.
A las siete de la mañana del sábado llamé a Adrian López.
—He recibido una amenaza.
Le envié el correo y la fotografía adjunta.
Adrian tardó unos minutos en responder.
—Lauren, no contestes al remitente. No abras ningún otro archivo que te envíe y conserva el mensaje original. Voy a trasladarlo al equipo correspondiente.
—¿Crees que está relacionado con el video de mi hermana?
—Es una posibilidad. Pero hay algo que debes saber. Hemos revisado los registros de acceso y encontramos una actividad inusual en tu expediente de trabajo.
Me incorporé en la cama.
—¿Qué actividad?
—Alguien intentó consultar el informe de compensaciones desde una cuenta interna que no pertenecía a tu equipo.
—¿Cuándo?
—El viernes, aproximadamente veinte minutos después de que Tessa publicara el video.
Sentí un escalofrío.
Alguien había aprovechado el caos para intentar acceder a información confidencial.
Y mi hermana, sin saberlo, había proporcionado una oportunidad perfecta.
El lunes por la mañana llegué a Ellison Risk Group a las ocho y media.
Adrian me esperaba en recepción.
Me condujo a una sala de reuniones donde estaban presentes Margaret Collins, directora de recursos humanos, y el señor Richard Ellison, fundador y director ejecutivo de la compañía.
Nunca había estado en una reunión con ambos al mismo tiempo.
Richard cerró la puerta.
—Lauren, antes de empezar, quiero que sepas que no estás aquí para defenderte de una acusación. Estamos investigando una posible filtración y necesitamos tu colaboración.
Margaret colocó una carpeta sobre la mesa.
—Hemos revisado tu historial laboral. Tus evaluaciones son excelentes y no existe ninguna evidencia de que hayas compartido información sin autorización.
Solté el aire que llevaba conteniendo desde el viernes.
Entonces Richard abrió otra carpeta.
—Pero hemos descubierto algo preocupante. El informe que preparabas contiene hallazgos sobre pagos irregulares en una de nuestras filiales.
Reconocí inmediatamente el nombre de la empresa.
Era una filial que había aparecido repetidamente en mis análisis durante los últimos seis meses.
—¿Qué tiene que ver esto con el correo que recibí?
Richard intercambió una mirada con Margaret.
—Creemos que alguien de esa filial está intentando impedir que los resultados de la auditoría lleguen a la dirección.
—¿Y Brandon?
Adrian respondió:
—Estamos intentando determinar qué información recibió y de quién. La segunda grabación podría ser una pieza importante para reconstruir lo ocurrido.
En ese momento, Richard sacó una hoja de la carpeta.
—Hay algo más. Tu trabajo ha permitido identificar una discrepancia de casi 2,4 millones de dólares en pagos y bonificaciones que no están correctamente justificados.
Me quedé helada.
—¿Dos millones cuatrocientos mil?
—Exactamente.
Durante meses había seguido pequeñas diferencias entre presupuestos, nóminas y registros contables. Al principio parecían simples errores administrativos.
Pero cuando reuní toda la información, descubrí que las discrepancias se repetían en los mismos departamentos y beneficiaban a determinadas personas.
—¿Han identificado a los responsables? —pregunté.
Richard negó con la cabeza.
—Todavía no podemos hacer afirmaciones definitivas. Pero hay un nombre que aparece varias veces en las autorizaciones.
Giró la hoja hacia mí.
Leí el nombre.
Brandon Mitchell.
El socio de mi hermana.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Trabaja para esa filial?
—Es consultor externo. Ha participado en varios proyectos relacionados con sus operaciones financieras.
Ahora todo tenía sentido.
Brandon no había pedido a Tessa que grabara mi ordenador únicamente para conseguir patrocinadores. Había visto una oportunidad para obtener información de una empleada que trabajaba directamente en una revisión que podía perjudicar sus intereses.
Y mi hermana había sido la persona que le abrió la puerta.
—¿Qué van a hacer? —pregunté.
Richard cerró la carpeta.
—Vamos a preservar las pruebas, revisar los accesos y remitir cualquier indicio de conducta irregular a las autoridades correspondientes. Mientras tanto, quiero que continúes trabajando con nuestro equipo de investigación.
Salí de aquella reunión con la cabeza llena de preguntas.
Pero la mayor sorpresa llegó esa misma tarde.
Tessa me llamó diecisiete veces.
Finalmente contesté.
—Lauren, necesito verte.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Brandon ha desaparecido.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué quieres decir?
—No responde a mis llamadas. Ha cerrado el estudio temporalmente y me ha enviado un mensaje diciendo que no vuelva a contactarlo.
—¿Y qué esperabas?
—¡Me dijo que todo estaba controlado! ¡Me aseguró que solo necesitábamos conseguir una imagen del portal para demostrar que teníamos contactos corporativos!
Respiré profundamente.
—¿Te pidió que grabaras algo específico?
Hubo un silencio.
—Sí.
—¿Qué?
Tessa empezó a llorar.
—Me dijo que buscara cualquier documento relacionado con las compensaciones. Que necesitaba demostrar que tu empresa estaba preparando cambios salariales importantes.
Apreté el teléfono.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—Porque pensé que solo quería información para una presentación. No sabía que estaba relacionado con una investigación.
—Tessa, ¿le enviaste más grabaciones?
No respondió inmediatamente.
Después susurró:
—Sí.
Cerré los ojos.
—¿Cuántas?
—Tres.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
La primera era la que había publicado para burlarse de mi nómina.
La segunda era la grabación que había llegado a seguridad corporativa.
¿Y la tercera?
—¿Qué aparecía en la última?
Tessa sollozó.
—Una carpeta abierta en tu pantalla. No sabía qué contenía. Brandon me pidió que se la enviara porque decía que podía ayudarlo a conseguir financiación.
—¿A quién se la enviaste?
—A él.
—¿Y después?
—Me dijo que la había reenviado a alguien de la filial.
No pude hablar durante varios segundos.
—Tessa, ¿conservas esos mensajes?
—Sí.
—No los borres. La empresa necesita saberlo todo.
Por primera vez, mi hermana no discutió.
Aquella noche, Adrian me confirmó que la tercera grabación había llegado a manos de un destinatario externo. El equipo estaba trabajando para determinar qué documentos aparecían y si la información había sido utilizada.
Pero el descubrimiento más importante llegó el martes.
Margaret me llamó a primera hora.
—Lauren, necesitamos que vengas a la oficina. Hemos encontrado algo en los registros de autorización.
Cuando llegué, Richard estaba esperándome con una expresión seria.
Sobre la mesa había una copia del informe de auditoría.
—Hemos identificado quién aprobó varias de las transferencias cuestionadas —dijo.
Me entregó una página.
Había tres firmas.
Dos pertenecían a responsables de la filial.
La tercera pertenecía a una persona que conocía desde hacía años.
Era alguien que había participado en mis evaluaciones laborales y que había recomendado mi ascenso.
Alguien que tenía acceso directo a mis proyectos.
Levanté la mirada.
—Esto no puede ser verdad.
Richard asintió lentamente.
—Por desgracia, los registros coinciden.
Entonces mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Tessa.
«Lauren, Brandon acaba de llamarme desde otro número. Dice que tiene pruebas de que tú sabías lo que estaba pasando y que, si no lo ayudas, va a entregar todo a la policía».
Leí el mensaje dos veces.
Después apareció otro.
«También dice que tiene una copia del documento que firmaste».
Miré a Richard.
—Creo que tenemos un problema.
Él se levantó, tomó la carpeta y pronunció unas palabras que jamás olvidaré:
—Lauren, no creo que Brandon esté intentando salvar su negocio. Creo que está preparando a alguien para que cargue con toda la responsabilidad.
Y entonces comprendí algo terrible.
Mi hermana había sido utilizada para abrir una puerta.
Pero alguien dentro de mi propia empresa llevaba mucho tiempo esperando para cruzarla.