Parte 2: Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Parte 2: Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Qué? —susurré.
La investigadora no cambió su expresión.
—Su hermana afirma que cuando dejó a Paige con usted, la bebé estaba completamente sana. Dice que usted la llamó horas después diciendo que había ocurrido un accidente.
Me quedé mirando la placa en su pecho sin entender las palabras.
—Eso no es verdad.
Mi voz salió quebrada.
—Yo la encontré así. Yo fui quien la trajo aquí.
La investigadora abrió una carpeta.
—Entonces tendrá la oportunidad de explicar todo con detalle.
El médico miró hacia la pantalla de las radiografías.
Su rostro seguía serio.
—La bebé tiene una fractura en el fémur.
Sentí que mi corazón se detenía.
Una fractura.
Una bebé de seis meses.
—Pero yo no hice esto —dije inmediatamente.
La investigadora me observó.
—Necesitamos determinar qué ocurrió.
—Mi hermana la dejó conmigo hace menos de una hora.
—¿Tiene pruebas?
La pregunta me golpeó.
Claro que tenía pruebas.
Había mensajes.
Había cámaras.
Había una historia completa.
Pero en ese momento sentí algo más aterrador que la acusación.
Mi hermana.
Kate.
Mi propia hermana estaba diciendo que yo había lastimado a su hija.
Mientras la investigadora tomaba notas, una enfermera salió de la habitación donde estaban atendiendo a Paige.
—La bebé está estable por ahora —dijo—. Pero necesitamos saber exactamente cuándo pudo ocurrir la lesión.
La investigadora me miró.
—Señora Ally, ¿a qué hora llegó Paige a su casa?
—A las nueve y veinte de la mañana.
—¿Y cuándo notó algo extraño?
—Unos veinte minutos después.
La investigadora levantó la mirada.
—¿Tan rápido?
Asentí.
—Sí. Ella empezó a llorar de una forma que nunca había escuchado.
La enfermera intervino:
—¿La niña lloraba cuando llegó?
Negué con la cabeza.
—No. Estaba tranquila.
Entonces ocurrió algo extraño.
El médico y la investigadora intercambiaron una mirada.
Una mirada rápida.
Pero la vi.
—¿Qué pasa? —pregunté.
El médico dudó.
—La fractura no parece reciente de minutos.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué quiere decir?
—Quiero decir que la lesión probablemente ocurrió antes de que llegara a su casa.
El silencio fue absoluto.
La investigadora cerró lentamente la carpeta.
—Entonces necesitamos revisar la línea de tiempo.
Por primera vez desde que entré al hospital, sentí que alguien empezaba a escucharme.
—Mi hermana dijo que fue de compras.
—¿Sabe dónde?
—No.
La investigadora tomó su teléfono.
—Vamos a verificarlo.
Mientras ella hacía una llamada, miré hacia la puerta donde estaba mi sobrina.
Una imagen seguía repitiéndose en mi cabeza.
La pequeña Paige.
El maquillaje.
El olor.
La piel inflamada.
Alguien había intentado esconder una lesión.
Pero ¿por qué?
¿Y por qué mi hermana había intentado culparme?
Media hora después, la investigadora recibió una llamada.
Su expresión cambió.
—¿Puede repetirlo? —preguntó.
Escuchó unos segundos más.
Luego colgó.
Me miró.
—Su hermana no estaba comprando.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué?
—La tienda que mencionó no tiene registro de que haya estado allí.
Sentí un vacío en el estómago.
—Entonces, ¿dónde estaba?
La investigadora no respondió inmediatamente.
Sacó otra hoja.
—Estamos revisando las cámaras de tráfico cercanas.
Hizo una pausa.
—Y hay algo más.
—¿Qué?
—El maquillaje encontrado en la pierna de la bebé coincide con un producto que aparece en una foto publicada por su hermana esta mañana.
No entendía.
—¿Una foto?
Me mostró la pantalla.
Era una publicación de Kate.
Una foto frente al espejo.
Ella sonreía.
En la mesa había varios productos de maquillaje.
El mismo corrector.
El mismo envase.
En ese momento, algo dentro de mí se rompió.
No porque estuviera siendo acusada.
No porque tuviera miedo de la investigación.
Sino porque empecé a entender una posibilidad terrible.
Kate no había ocultado la lesión porque estaba desesperada.
La había ocultado porque quería que alguien más pareciera culpable.
Y ese alguien era yo.
Horas después, mientras Paige dormía bajo supervisión médica, la investigadora volvió a entrar.
Esta vez su tono era diferente.
Más cuidadoso.
—Señora Ally, necesitamos mostrarle algo.
Me entregó una imagen tomada de una cámara de seguridad.
Era la entrada de mi casa.
Se veía claramente a Kate llegando esa mañana.
Pero había algo que no había notado antes.
Antes de bajar del coche, ella miraba hacia el asiento trasero.
Luego sacaba algo de una bolsa.
Algo pequeño.
Algo envuelto.
La investigadora amplió la imagen.
—Estamos intentando identificar qué es.
Miré la pantalla.
Y entonces recordé algo.
La frase que mi hermana me había dicho antes de irse.
“Eres la única persona en quien confío para tomar la decisión si ella se pone demasiado inquieta.”
En ese momento pensé que hablaba de cuidar a un bebé difícil.
Pero ahora sonaba diferente.
Como si hubiera estado preparando una historia.
Como si hubiera necesitado que yo fuera la última persona en tener a Paige en mis brazos.
La investigadora dejó la imagen sobre la mesa.
—Señora Ally…
Hizo una pausa.
—Necesitamos preguntarle algo.
—¿Qué cosa?
Me miró directamente.
—¿Su hermana alguna vez le pidió que cuidara a Paige antes y luego ocurrió algo extraño?
Sentí un frío recorrerme.
Porque de repente recordé algo.
Algo que había ignorado.
Tres semanas antes.
Una llamada de Kate.
Una llamada en la que lloraba.
Y una frase que ahora tenía un significado completamente distinto:
“Si alguna vez me pasa algo, prométeme que cuidarás de ella.”
En ese momento pensé que era una madre agotada.
Ahora me preguntaba…
¿Y si Kate sabía exactamente lo que estaba haciendo?