Capítulo 4: La Mitad Que Faltaba – News

Capítulo 4: La Mitad Que Faltaba

Capítulo 4: La Mitad Que Faltaba

Capítulo 4: La Mitad Que Faltaba

—¿Qué significa eso, papá?

Durante varios segundos solo escuché su respiración.

—Significa que no sabes toda la historia.

Miré a Marcus.

El detective Brooks estaba de pie frente a mí, escuchando en silencio.

—Entonces cuéntamela —dije.

Mi padre soltó una risa nerviosa.

—No por teléfono.

—¿Por qué no?

—Porque hay cosas que no deben quedar grabadas.

El detective hizo una señal para que mantuviera la llamada.

—¿Dónde estás? —pregunté.

—En casa.

—¿Con mamá?

Silencio.

—Sí.

—¿Y Charlotte?

Otra pausa.

—También.

—¿Y por qué tienen el historial médico de Emma?

Mi padre respiró profundamente.

—Porque tu madre quería saber cuánto costaría su tratamiento.

Me quedé confundida.

—¿Qué?

—La caída de Emma no fue tan sencilla como crees.

Mi corazón se detuvo por un instante.

—¿Qué estás diciendo?

—Que alguien sabía que esa casa del árbol estaba dañada.

Miré a Marcus.

Él palideció.

—¿Quién?

Mi padre no respondió.

—Papá, dime quién.

—Tu hermana.

Sentí que el mundo se inclinaba.

—No.

—Charlotte sabía que la estructura estaba deteriorada.

—No.

—Te lo estoy diciendo porque ya no puedo seguir mintiendo.

El detective Brooks tomó una hoja y escribió rápidamente:

PREGUNTA POR LA CASA DEL ÁRBOL.

—¿Charlotte sabía que Emma iba a subir?

—Sí.

—¿Y no me avisó?

—No.

—¿Por qué?

Mi padre tardó unos segundos.

—Porque necesitaba que ocurriera un accidente.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Para qué?

Mi padre bajó la voz.

—Para conseguir el dinero del seguro.

No pude hablar.

Marcus me quitó el teléfono de la mano.

—¿Qué seguro?

—El seguro de vida de Emma.

Marcus se quedó completamente inmóvil.

El detective Brooks se levantó de golpe.

—Póngalo en altavoz.

Lo hicimos.

—¿Qué seguro? —preguntó el detective.

Mi padre reconoció su voz.

—No sabía que ella estaba con ustedes.

—¿Quién contrató la póliza?

—Charlotte.

Mi hermana.

Todo empezó a encajar.

La insistencia por el dinero.

Las exigencias.

La fiesta.

Las cuentas.

La obsesión con mis finanzas.

Pero había algo que no entendía.

—¿Por qué mi madre arrancó la mascarilla de Emma?

Mi padre guardó silencio.

—Papá.

—Porque…

Su voz se quebró.

—Porque sabía que si Emma sobrevivía, todo saldría a la luz.

Sentí náuseas.

El detective Brooks hizo una señal.

La llamada estaba siendo registrada.

—¿Qué sabía Emma? —preguntó él.

—Nada.

—Entonces ¿por qué sería un problema que sobreviviera?

Mi padre no respondió.

—¿Qué hicieron con ella?

Finalmente habló.

—No fuimos nosotros quienes causamos la caída.

Me quedé helada.

—¿Quién?

—Charlotte pagó a alguien para que aflojara la estructura.

Marcus golpeó la mesa con la palma.

—¡Dios mío!

Mi padre continuó:

—Pero no sabía que Emma estaría allí ese día.

—¿Entonces quién debía estar?

—Tú.

Silencio.

Sentí que mi cuerpo se quedaba frío.

La verdadera víctima debía haber sido yo.

Emma simplemente había estado en el lugar equivocado.

El detective Brooks tomó el teléfono.

—Señor Miller, necesito que permanezca donde está.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque Charlotte acaba de darse cuenta de que estoy hablando con ustedes.

Se escuchó un ruido.

Después una voz femenina.

—¡Papá!

La llamada se cortó.

El detective actuó inmediatamente.

Dos agentes salieron de la habitación.

—Tenemos que irnos —dijo Brooks—. La prioridad es sacar a tu familia de esa casa.

Pero antes de salir, mi teléfono recibió una notificación.

Era un correo electrónico.

El remitente era mi madre.

El asunto decía:

“Antes de que sea demasiado tarde.”

Abrí el mensaje.

Solo contenía un archivo de vídeo.

Lo reproduje.

Mi madre aparecía sentada frente a una cámara.

No llevaba maquillaje.

Parecía agotada.

—Rebecca, si estás viendo esto, probablemente ya sepas que tu padre ha hablado.

Se secó una lágrima.

—No voy a pedirte perdón porque sé que quizá nunca puedas perdonarme.

La miré fijamente.

—Pero necesito que sepas una cosa.

Respiró profundamente.

—Yo no sabía que Charlotte iba a provocar la caída de Emma.

Sentí un extraño alivio.

Pero duró apenas un segundo.

—Cuando descubrí lo que había hecho, intenté detenerla.

Mi madre continuó.

—Entonces Charlotte me amenazó.

—¿Con qué?

La respuesta apareció en el vídeo.

—Con contarle a la policía algo que yo había hecho hace años.

El vídeo se detuvo.

Había otro archivo.

Lo abrí.

Era un documento financiero.

Mi madre había estado desviando dinero de una fundación infantil durante años.

Dinero que debía destinarse a tratamientos para niños con enfermedades graves.

Mi padre lo sabía.

Charlotte también.

Y habían utilizado ese secreto para controlarla.

De pronto comprendí por qué mi madre había estado tan desesperada por conseguir los 2.300 dólares.

No era por la fiesta.

Necesitaba dinero para cubrir un agujero financiero antes de que una auditoría lo descubriera.

Pero entonces apareció una última carpeta.

“Proyecto Emma.”

La abrí.

Había fotografías de mi hija.

Informes médicos.

Horarios.

Incluso fotografías de nuestra casa.

Una de ellas mostraba a Emma jugando en la casa del árbol.

Sentí que se me revolvía el estómago.

—Esto no puede ser real.

Marcus miró la pantalla.

—¿Quién tomó estas fotografías?

El detective Brooks se inclinó sobre el ordenador.

—El investigador privado.

—¿Por qué?

Brooks señaló una fecha.

—Estas fotografías comenzaron hace cuatro meses.

—¿Cuatro meses?

—Sí.

Miré a Marcus.

La caída de Emma había ocurrido hacía apenas dos días.

Entonces comprendí algo todavía peor.

La caída no había sido un plan improvisado.

Llevaban meses preparando algo.

Y justo cuando pensábamos que habíamos descubierto toda la verdad, el detective recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos.

Su rostro se puso serio.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Han localizado al hombre que vigilaba vuestra casa.

—¿Y?

—Está dispuesto a hablar.

—¿Sobre Charlotte?

—Sobre Charlotte, tus padres…

Hizo una pausa.

—Y sobre alguien más.

—¿Quién?

El detective me miró directamente.

—Tu esposo, Marcus.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—Eso es imposible.

Brooks negó lentamente con la cabeza.

—Eso es lo que él afirma.

Miré a Marcus.

Él parecía tan confundido como yo.

—¿Qué dice ese hombre?

El detective respondió:

—Dice que Marcus lo contrató primero.

El silencio fue absoluto.

Marcus dio un paso atrás.

—Eso es mentira.

Brooks lo miró.

—Entonces será mejor que averigüemos quién está diciendo la verdad.

Y mientras una ambulancia seguía iluminando la ventana de la UCI donde Emma luchaba por recuperarse, comprendí que el accidente que había destrozado nuestra familia quizá no hubiera comenzado con mis padres.

Quizá llevaba mucho más tiempo desarrollándose.

Y ahora la última pieza del rompecabezas estaba apuntando directamente hacia la persona en la que más confiaba.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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