Capítulo 3: La Caja Azul – News

Capítulo 3: La Caja Azul

Capítulo 3: La Caja Azul

Capítulo 3: La Caja Azul

Terrence permaneció en silencio durante varios segundos.

La frase de Charlotte seguía resonando en su cabeza.

“Era la primera que había logrado escapar.”

No quería asustarla más, pero necesitaba saber la verdad.

—Charlotte, ¿cómo sabes eso?

La niña se secó las lágrimas con la manga de su sudadera.

—Porque había otros niños.

Terrence sintió un escalofrío.

—¿Dónde?

—En las fotos de papá.

—¿Qué fotos?

—Las que guarda en su despacho.

Terrence se agachó frente a ella.

—¿Cuántos niños viste?

Charlotte cerró los ojos, tratando de recordar.

—No sé. Muchos.

—¿Y qué tenían en común?

—Todos estaban enfermos.

Terrence se quedó inmóvil.

En ese momento, uno de los agentes que acababa de llegar entró en la habitación.

—Callahan, necesitamos hablar.

Terrence salió al pasillo.

—¿Qué ocurre?

—La policía estatal está revisando los antecedentes de Sinclair.

—¿Y?

—No encontramos nada criminal a su nombre.

Terrence frunció el ceño.

—¿Nada?

—Nada.

—Entonces busca a la clínica donde trabaja.

El agente dudó.

—Ya lo hicimos.

—¿Y?

—La clínica cerró hace ocho meses.

Terrence sintió que algo no encajaba.

—¿Por qué?

—Problemas financieros.

—¿Quién era el propietario?

El agente le entregó una hoja.

Terrence la leyó.

El propietario era una empresa llamada Sinclair Medical Research.

Y debajo aparecía el nombre de un segundo director.

Dr. Evelyn Harper.

Terrence reconoció inmediatamente el nombre.

Era la mujer de la fotografía.

—Encuéntrala.

—Ya lo estamos intentando.

Terrence volvió a entrar.

Charlotte estaba mirando fijamente la pequeña llave.

—¿Es esta la llave de la caja azul?

Ella asintió.

—Mamá me la dio.

—¿Te dijo dónde estaba?

—En el armario de papá.

Terrence sabía que no podía registrar la casa sin autorización, pero ya había suficientes indicios para solicitar una orden urgente.

Mientras esperaba, recibió una llamada del hospital.

—Callahan.

—Soy la doctora Patel. La niña está estable.

Terrence respiró aliviado.

—¿Han identificado la sustancia?

—Todavía no definitivamente.

—¿Pero?

—Tenemos una pista.

Terrence guardó silencio.

—La sustancia parece formar parte de un compuesto experimental.

—¿Experimental?

—Sí. Y lo más preocupante es que no debería estar disponible fuera de un laboratorio autorizado.

Terrence miró hacia Charlotte.

—¿Puede haber sido administrada intencionadamente?

La doctora tardó unos segundos.

—No puedo afirmarlo todavía. Pero la exposición no parece accidental.

Terrence agradeció la información y colgó.

Poco después llegó la autorización de registro.

Él y otros agentes fueron a la casa de Douglas.

Charlotte no tuvo que acompañarlos.

Permaneció en un lugar seguro mientras Terrence entraba con el equipo.

La casa estaba impecable.

Demasiado impecable.

No había fotografías familiares en las paredes.

No había juguetes.

No había dibujos infantiles.

Parecía más una oficina que un hogar.

Entraron en el despacho.

Los cajones estaban cerrados.

Un agente abrió el armario.

Dentro había carpetas perfectamente organizadas.

Terrence comenzó a revisarlas.

Nombres.

Fechas.

Resultados médicos.

Pero no eran pacientes adultos.

Eran niños.

Decenas de expedientes.

Todos con edades comprendidas entre cinco y diez años.

Terrence sintió que se le helaba la sangre.

—Tenemos algo.

Otro agente había encontrado una caja metálica.

Pero no era azul.

—Buscad una caja azul —ordenó Terrence.

Revisaron el armario.

Nada.

El escritorio.

Nada.

Finalmente, uno de los agentes encontró una pequeña puerta detrás de una estantería.

La abrió.

Dentro había una habitación oculta.

Y allí estaba.

Una caja azul.

Terrence la abrió con la llave de Charlotte.

Dentro había fotografías, documentos y una pequeña grabadora.

Encima de todo había una nota escrita a mano:

“Si alguien encuentra esto, ya es demasiado tarde.”

Terrence reconoció la letra.

Era de la madre de las niñas.

Tomó la grabadora.

Presionó el botón.

La voz de una mujer llenó la habitación.

—Si estás escuchando esto, significa que Douglas no pudo detenerme.

Terrence cerró los ojos.

La grabación continuó.

—Mi nombre es Laura Sinclair. Soy la esposa de Douglas y madre de Charlotte y Delilah.

Su voz temblaba.

—Durante meses pensé que mi marido estaba trabajando en nuevos tratamientos médicos. Después descubrí que no eran tratamientos.

Hubo una pausa.

—Eran experimentos.

Terrence miró las carpetas.

—Douglas estaba utilizando a niños vulnerables cuyos padres no podían pagar tratamientos. Les prometía atención gratuita y después los incorporaba a pruebas no autorizadas.

La voz comenzó a quebrarse.

—Intenté denunciarlo.

Un golpe se escuchó en la grabación.

Después Laura continuó:

—Pero él descubrió lo que estaba haciendo.

Terrence apretó los puños.

—Me dijo que si hablaba, haría desaparecer a nuestras hijas.

La grabación terminó durante unos segundos.

Después se escuchó una última frase.

—Si no consigo protegerlas, al menos conseguiré que algún día alguien conozca la verdad.

La grabación se detuvo.

Nadie habló.

Entonces uno de los agentes abrió otra carpeta.

—Callahan.

Terrence se acercó.

En la portada aparecían los nombres de Charlotte y Delilah.

Dentro había registros médicos.

Pero había algo extraño.

Las fechas de las pruebas comenzaban seis meses antes de la muerte de Laura.

Y algunas páginas habían sido modificadas.

Terrence pasó una hoja.

Al final aparecía una firma.

Dr. Evelyn Harper.

La misma mujer de la fotografía.

En ese momento sonó su teléfono.

Era la central.

—Callahan, encontramos a Evelyn Harper.

—¿Dónde?

—En el hospital donde está Delilah.

Terrence sintió un escalofrío.

—¿Qué está haciendo allí?

La respuesta tardó unos segundos.

—No lo sabemos.

Terrence miró las carpetas.

—¿Está detenida?

—No.

—Entonces que nadie la deje acercarse a la niña.

—Demasiado tarde.

Terrence se quedó helado.

—¿Qué quieres decir?

—La doctora Harper ya está dentro de la habitación de Delilah.

Terrence salió corriendo.

Mientras bajaba las escaleras, su radio volvió a sonar.

—Callahan.

La voz de una enfermera llegó entrecortada.

—¡Oficial, venga rápido!

—¿Qué ocurre?

—La niña acaba de despertarse.

Terrence aceleró el paso.

—¿Y?

La enfermera respiró profundamente.

—Está señalando a la doctora Harper y diciendo una sola cosa.

—¿Qué cosa?

Hubo un silencio.

—“Ella fue quien me dio la primera jeringa.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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