PARTE 2: El secreto que el capitán reconoció en la mujer del asiento 8A
PARTE 2: El secreto que el capitán reconoció en la mujer del asiento 8A
La azafata caminaba tan deprisa que Emily tuvo que acelerar el paso para seguirla.
A ambos lados del pasillo, los pasajeros levantaban la mirada. Algunos susurraban. Otros observaban con incredulidad cómo aquella mujer de aspecto tranquilo, que unos minutos antes dormía junto a la ventanilla, era conducida directamente hacia la cabina de mando.
Al llegar a la puerta, la azafata llamó tres veces.
—Capitán, he encontrado a alguien.
La puerta se abrió.
Un hombre de unos cincuenta años, con el uniforme de comandante y el rostro pálido, apareció ante ellas.
—¿Es usted la piloto?
—Emily Carter. Antigua piloto de F-16 de la Fuerza Aérea estadounidense.
El capitán la miró durante unos segundos.
—¿Carter? ¿Emily Carter?
Ella frunció el ceño.
—Sí.
El hombre extendió la mano.
—Soy Robert Hayes. Capitán de este vuelo.
Emily se la estrechó.
—¿Qué está ocurriendo?
Robert miró rápidamente a la azafata y después volvió a dirigirse a ella.
—Tenemos un problema con nuestros sistemas de control. Hemos perdido parte de la instrumentación principal y el piloto automático está desconectándose repetidamente. Mi primer oficial está intentando estabilizar el avión, pero necesitamos una segunda opinión sobre lo que estamos viendo.
Emily miró hacia el interior.
—¿Puedo entrar?
El capitán se apartó.
La cabina estaba iluminada por decenas de indicadores. El primer oficial, un hombre joven llamado Daniel, tenía ambas manos ocupadas controlando el avión.
—Estamos a unos treinta y siete mil pies —explicó Robert—. Hemos recibido alertas contradictorias de los sistemas de navegación. Además, el avión ha comenzado a desviarse ligeramente de su trayectoria.
Emily observó los instrumentos.
No tocó nada.
Primero escuchó.
Después examinó las pantallas, las comunicaciones y las indicaciones de los sistemas.
—¿Cuándo comenzó el problema?
—Hace aproximadamente once minutos.
—¿Han perdido el control hidráulico?
—No. Los sistemas principales siguen respondiendo.
Emily se inclinó ligeramente hacia delante.
—Entonces no estamos ante una pérdida completa de control. Necesito saber exactamente qué alertas aparecieron y en qué orden.
Daniel le mostró el registro.
Emily comenzó a revisar los datos.
Entonces vio algo extraño.
Una advertencia relacionada con los sistemas de navegación aparecía repetidamente, pero no coincidía con el comportamiento de los instrumentos secundarios.
—¿Han comprobado si existe interferencia externa?
Robert asintió.
—Control de tráfico aéreo está investigándolo.
Emily volvió a mirar la pantalla.
—¿Y las comunicaciones?
—Tenemos problemas intermitentes con una de las frecuencias.
Ella permaneció unos segundos en silencio.
Después señaló una indicación.
—Esto no parece una simple avería aislada. Hay varias alertas que están apareciendo al mismo tiempo. Necesitamos seguir los procedimientos de emergencia del fabricante y evitar cualquier intervención innecesaria.
Robert la observó atentamente.
—Eso es exactamente lo que estamos intentando hacer.
Emily asintió.
Entonces una alarma diferente interrumpió la conversación.
Daniel miró inmediatamente los indicadores.
—Capitán, tenemos otra advertencia.
Robert se acercó.
—¿Qué ocurre ahora?
—La respuesta del sistema de control no coincide con la indicación que estamos recibiendo.
El rostro de Emily cambió.
Había visto situaciones parecidas durante su etapa militar.
No exactamente iguales, pero lo suficiente como para reconocer que algo no estaba funcionando como debía.
—Necesito que mantengan la comunicación con el centro de control y sigan el procedimiento correspondiente. No podemos asumir que una indicación es correcta solo porque aparece en la pantalla.
Robert tomó el intercomunicador.
—Damas y caballeros, les habla nuevamente el capitán. Estamos trabajando para resolver una incidencia técnica. Les pedimos que permanezcan sentados y mantengan abrochados sus cinturones de seguridad.
Mientras tanto, Emily volvió a examinar el registro de alertas.
Y entonces vio algo que le hizo contener la respiración.
Una referencia técnica.
Un código de identificación asociado a un incidente anterior.
Un incidente que ella conocía demasiado bien.
Se acercó a la pantalla.
—¿Puede ampliar este registro?
Daniel lo hizo.
Emily leyó los caracteres una vez.
Después otra.
Su rostro perdió el color.
—¿De dónde han obtenido esta actualización del sistema?
Robert respondió:
—Del último mantenimiento. El avión pasó una revisión hace tres semanas.
Emily no apartó los ojos de la pantalla.
—¿Qué empresa realizó el trabajo?
El capitán consultó sus documentos.
—AeroDyne Systems.
Emily cerró los ojos durante un instante.
AeroDyne.
Era el nombre de la empresa que había aparecido en los informes técnicos del accidente que había puesto fin a su carrera militar.
Dieciocho meses atrás, durante una misión de entrenamiento, su avión había sufrido una serie de fallos inesperados.
Emily había conseguido abandonar la aeronave antes de que se estrellara.
Pero su compañero, el teniente Michael Reeves, no tuvo la misma suerte.
Murió aquel día.
La investigación oficial concluyó que el accidente se había producido por una combinación de errores operativos y condiciones técnicas desfavorables.
Emily nunca estuvo convencida.
Había señalado inconsistencias en los registros.
Había solicitado una investigación adicional.
Había entregado informes.
Pero sus superiores terminaron cerrando el caso.
Y ella abandonó el servicio poco después.
Ahora, delante de aquella pantalla, estaba viendo una referencia relacionada con el mismo proveedor.
—Capitán —dijo lentamente—, necesito saber si este avión ha recibido alguna actualización extraordinaria de software durante el último mantenimiento.
Robert la miró.
—¿Por qué?
Emily señaló el código.
—Porque este identificador aparece en un informe técnico relacionado con un accidente militar en el que estuve involucrada.
Daniel dejó de mirar los controles por un instante.
—¿Está diciendo que el avión tiene el mismo problema?
—Estoy diciendo que necesitamos comprobarlo antes de sacar conclusiones.
Robert tomó el teléfono y solicitó información al equipo de mantenimiento en tierra.
Mientras esperaban, Emily pidió que se mantuvieran los procedimientos establecidos y que no se realizaran cambios improvisados.
Los minutos siguientes parecieron interminables.
En la cabina de pasajeros, la preocupación empezaba a extenderse.
Una azafata caminaba entre los asientos comprobando que todos permanecieran sentados.
Toby, un niño de unos siete años que viajaba con su madre en la fila 12, preguntó en voz baja:
—Mamá, ¿vamos a morir?
Su madre lo abrazó inmediatamente.
—No, cariño. Los pilotos saben lo que hacen.
Pero su voz temblaba.
En la cabina de mando, Robert recibió finalmente una respuesta.
Escuchó durante varios segundos.
Después su expresión cambió.
—¿Está seguro de eso? —preguntó.
Hubo otra pausa.
—Entendido. Envíeme toda la documentación disponible.
Colgó lentamente.
Emily lo miró.
—¿Qué han encontrado?
Robert se pasó una mano por el rostro.
—La empresa que realizó el mantenimiento ha comunicado que hubo una anomalía durante la instalación de una actualización. Según sus registros, el problema quedó resuelto.
—¿Quién autorizó la instalación?
Robert consultó el documento.
—Un ingeniero llamado Thomas Reed.
Emily sintió que el corazón le daba un vuelco.
Conocía aquel nombre.
Thomas Reed había formado parte del equipo técnico que revisó el accidente de Michael Reeves.
También había sido una de las personas que firmaron el informe que descartaba cualquier defecto relacionado con el software.
—Necesito ver ese informe —dijo Emily.
Robert se lo entregó.
Ella lo examinó rápidamente.
Había varias referencias técnicas, fechas y códigos de mantenimiento.
Entonces encontró una firma electrónica.
La misma que había aparecido en los documentos de la investigación militar.
No podía ser una coincidencia tan sencilla.
—Capitán, no estoy diciendo que exista una relación directa. Pero este documento merece una revisión independiente. No permitan que nadie dé por resuelta la incidencia sin verificar los datos.
Robert asintió.
—Confío en su criterio.
Emily miró hacia Daniel.
—¿Cómo están respondiendo los sistemas ahora?
—Tenemos una mejora parcial, pero las alertas siguen apareciendo.
El capitán se comunicó nuevamente con el centro de control.
Después informó a la tripulación de que estaban evaluando una desviación de ruta hacia el aeropuerto adecuado más cercano.
Emily permaneció junto a ellos, ayudando a interpretar la información dentro de los límites de su experiencia y sin interferir en las decisiones del comandante.
Pero su mente estaba en otro lugar.
Pensaba en Michael.
En el informe.
En Thomas Reed.
Y en los dieciocho meses que había pasado intentando convencerse de que todo aquello pertenecía al pasado.
Entonces el teléfono de emergencia de Robert comenzó a sonar.
El capitán respondió.
Escuchó unos segundos.
Después se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué ha dicho?
La persona al otro lado repitió la información.
Robert miró a Emily.
—Han encontrado algo en los registros de mantenimiento.
—¿Qué cosa?
El capitán tragó saliva.
—La actualización instalada en este avión fue autorizada utilizando una credencial que pertenecía a un ingeniero que murió hace seis meses.
Emily sintió un escalofrío.
—¿Está seguro?
Robert asintió.
—Y hay algo más.
Se acercó a ella y bajó la voz.
—El equipo técnico acaba de identificar una referencia a su antiguo accidente en los archivos internos de la actualización.
Emily dejó de respirar durante un instante.
—¿Mi accidente?
—Sí. Su nombre aparece en el registro.
Ella miró nuevamente la pantalla.
Allí estaba.
EMILY CARTER.
Debajo aparecía una fecha.
La fecha exacta en la que Michael Reeves había muerto.
Y, junto a su nombre, una anotación que no había visto en ninguno de los informes oficiales.
«EVENTO ORIGINAL: INVESTIGACIÓN NO CERRADA».
Emily retrocedió un paso.
Durante dieciocho meses había pensado que el accidente había terminado con su carrera.
Ahora empezaba a sospechar que alguien había utilizado aquella tragedia para ocultar algo mucho más grande.
Robert la miró.
—¿Qué significa esto?
Emily no respondió inmediatamente.
Tenía los ojos fijos en la pantalla.
Entonces el capitán recibió otra comunicación.
Esta vez no procedía del centro de mantenimiento.
Era una llamada directa desde una oficina militar estadounidense.
Robert escuchó atentamente.
Después extendió el teléfono hacia Emily.
—Quieren hablar con usted.
Ella lo tomó.
—Emily Carter.
Una voz masculina respondió inmediatamente.
—Coronel Carter, soy el general Harrison. Necesito que escuche atentamente lo que voy a decirle.
Emily frunció el ceño.
—Ya no pertenezco a la Fuerza Aérea, señor.
—Lo sé. Pero acabamos de recibir una alerta sobre el vuelo 412 y hemos visto su nombre en los registros.
Hubo una pausa.
Después el general pronunció una frase que hizo que Emily sintiera que volvía a estar dentro de aquella cabina militar, dieciocho meses atrás.
—Michael Reeves no murió por el fallo que figura en el informe oficial.
Emily apretó el teléfono.
—¿Qué está diciendo?
—La investigación original fue manipulada. Y acabamos de encontrar pruebas de que alguien ha intentado reproducir el mismo fallo en un avión comercial.
Emily miró al capitán Robert.
Después miró a Daniel.
Y finalmente volvió a observar la pantalla.
—General, ¿quién hizo esto?
La respuesta llegó acompañada de un silencio aterrador.
—La persona que firmó la autorización sigue trabajando para la empresa responsable del mantenimiento de este avión.
Emily cerró los ojos.
Ya sabía quién era.
Pero antes de que pudiera pronunciar el nombre, se escuchó una nueva alarma en la cabina.
Daniel levantó la voz:
—¡Capitán! ¡Tenemos otra advertencia crítica!
Robert se volvió hacia los instrumentos.
Emily dejó el teléfono sobre la consola y se acercó para observar los indicadores.
El vuelo 412 seguía sobre el Atlántico.
Casi trescientos pasajeros esperaban una respuesta.
Y, por primera vez en dieciocho meses, Emily comprendió que no podía permitirse huir de su pasado.
No cuando tantas vidas dependían de lo que sucediera durante los siguientes minutos.
Pero lo que todavía no sabía era que, entre los pasajeros del vuelo 412, había alguien que conocía la verdadera historia de la muerte de Michael Reeves… y que llevaba todo el viaje esperando que Emily despertara.