Capítulo 2: El secreto que Daniel se llevó a la tumba
Capítulo 2: El secreto que Daniel se llevó a la tumba
No dormí aquella noche.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a escuchar el susurro de Emily en la playa.
«Mañana descubrirás quién he sido realmente todos estos años».
Y, sobre todo, no podía dejar de pensar en su reacción cuando mencioné a Daniel.
¿Por qué había cerrado los ojos de aquella manera?
¿Por qué parecía que mi pregunta le había causado tanto dolor?
A la mañana siguiente, Emily ya estaba despierta cuando bajé a desayunar. Tenía dos tazas de café preparadas y estaba sentada junto a la ventana, mirando el mar.
—Buenos días —dijo, intentando sonreír.
Me senté frente a ella.
—No vamos a pasar otro día fingiendo que no ocurrió nada.
Emily dejó lentamente su taza sobre la mesa.
—Lo sé.
—Anoche te pregunté si esto tenía algo que ver con Daniel. No respondiste, pero tu cara lo hizo por ti.
Se quedó mirando sus manos.
—Hay algo que debes saber sobre tu marido.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Qué hizo Daniel?
Emily respiró profundamente.
—Antes de morir, Daniel vino a verme. Me pidió que guardara un secreto.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué secreto?
—Me dijo que había descubierto algo que podía destruir todo lo que creías saber sobre vuestro matrimonio.
Una risa nerviosa escapó de mis labios.
—Eso no tiene sentido. Daniel y yo nos contábamos todo.
—Eso mismo pensaba yo.
—¿Estás diciendo que me engañaba?
Emily negó lentamente con la cabeza.
—No. No se trata de otra mujer.
Aquella respuesta no me tranquilizó.
—Entonces, ¿de qué se trata?
Emily sacó un sobre blanco de su bolso. Estaba arrugado por las esquinas y parecía haber sido abierto y cerrado muchas veces.
Lo deslizó sobre la mesa.
—Daniel me entregó esto tres semanas antes de morir. Me pidió que no te lo diera hasta que estuvieras preparada para conocer la verdad.
Miré el sobre sin tocarlo.
Mi nombre estaba escrito en la parte delantera.
Reconocí inmediatamente la letra de mi marido.
—¿Por qué lo tenías tú?
Emily se secó una lágrima.
—Porque Daniel confiaba en mí. Y porque yo sabía algo que tú no sabías.
Abrí el sobre con manos temblorosas.
Dentro había una fotografía antigua de Daniel junto a Emily. No era una fotografía de una fiesta ni de una reunión familiar. Estaban frente a un edificio que no reconocía, y ambos parecían mucho más jóvenes.
En el reverso había una fecha.
Era de hacía veintidós años.
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Emily no respondió.
Entonces encontré una hoja doblada en cuatro partes.
La primera línea decía:
«Si estás leyendo esto, significa que ya no puedo explicártelo personalmente. Hay algo que ocurrió antes de nuestra boda y que nunca tuve el valor de contarte».
Sentí que el mundo se inclinaba bajo mis pies.
Seguí leyendo.
Daniel explicaba que, muchos años atrás, Emily había acudido a él desesperada por un asunto que podía cambiar su vida. Él la había ayudado, pero ambos habían hecho una promesa: nunca hablarían de aquello conmigo.
Levanté la mirada.
—¿Qué ocurrió hace veintidós años?
Emily comenzó a llorar.
—Yo no quería que te enteraras así.
—¡Entonces explícame qué pasó!
Se llevó ambas manos al rostro.
—Antes de que tú y Daniel os conocierais, yo cometí un error terrible. Y él fue la única persona que me ayudó a salir de aquello.
—¿Qué clase de error?
Emily tardó unos segundos en contestar.
Después pronunció una frase que me dejó sin respiración:
—Daniel no fue solamente tu marido. Durante muchos años, también fue la persona que protegió mi secreto más grande.
Me levanté de golpe.
—¿Y por qué esperaste treinta y siete años para decírmelo?
Emily abrió la boca, pero no consiguió responder.
En ese instante, mi teléfono vibró sobre la mesa.
Era una notificación de un correo electrónico.
El remitente era una dirección que no reconocía. El asunto decía:
«No confíes en Emily. Daniel dejó otra prueba».
Abrí el mensaje.
Solo contenía una fotografía adjunta.
Era una imagen de Daniel entrando en una casa que jamás había visto, acompañado de una niña pequeña.
Debajo aparecía una fecha.
La misma fecha en que Emily me había dicho que estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo.
Levanté lentamente la mirada hacia ella.
Emily vio la fotografía en mi pantalla y se quedó completamente blanca.
—¿Quién es esa niña? —pregunté.
Emily empezó a temblar.
Y entonces, con la voz rota, confesó:
—Es la razón por la que Daniel y yo guardamos silencio durante tantos años. Y también es la razón por la que mañana tendrás que decidir si todavía puedes llamarme tu mejor amiga.