Capítulo 4 — La persona en quien más confiaba – News

Capítulo 4 — La persona en quien más confiaba

Capítulo 4 — La persona en quien más confiaba

Capítulo 4 — La persona en quien más confiaba

Elias permaneció inmóvil frente a la ventana abierta.

El aire frío de la noche entraba en la habitación y movía lentamente la cortina. Sobre la cama seguía la pequeña manta de unicornio de Matilda.

La tomó entre sus manos.

Todavía estaba tibia.

—No pueden haber ido lejos —dijo Bevis detrás de él—. La sacaremos de aquí.

Elias no respondió.

Volvió a mirar la nota.

“Llegaste demasiado tarde.”

No era una amenaza improvisada.

Era una frase preparada.

Alguien había estado esperando exactamente ese momento.

—Dijeron que estaba con alguien en quien confío —murmuró Elias.

Bevis frunció el ceño.

—¿Quién podría ser?

Elias cerró los ojos.

Y entonces recordó algo.

El día que había salido de Denver, antes de subir al avión, Matilda le había preguntado:

—Papá, ¿el tío Marcus todavía es tu amigo?

Elias había sonreído y contestado que sí.

Marcus Reed había sido uno de los hombres que más había respetado durante su carrera.

Había estado presente cuando Elias recibió una de sus primeras condecoraciones. Había conocido a Matilda cuando era apenas un bebé. Incluso había llevado un pequeño caballo de madera a su primer cumpleaños.

Durante años, Elias había considerado a Marcus parte de su familia.

Pero ahora todo encajaba demasiado bien.

—Marcus —dijo finalmente.

Bevis levantó la cabeza.

—¿Estás seguro?

—No.

Elias miró la fotografía de Matilda que habían encontrado dentro de la caja negra.

—Pero alguien quiere que piense en él.

Bevis se acercó.

—Entonces tenemos que averiguar si es una trampa o si realmente está detrás de esto.

En ese momento, uno de los agentes entró corriendo.

—Coronel Williams, encontramos algo.

Elias salió de la habitación.

En la pantalla del ordenador aparecía una grabación de una cámara de tráfico.

Un vehículo oscuro avanzaba por una carretera secundaria.

La matrícula había sido parcialmente cubierta, pero el sistema había logrado reconstruir varios caracteres.

Bevis introdujo la información.

La pantalla mostró un resultado.

Northstar Protective Services.

Elias apretó los dientes.

—¿Hacia dónde va?

—Al aeropuerto privado de Hampton.

Elias sintió un escalofrío.

—¿Cuándo pasó?

—Hace diecisiete minutos.

Todo el grupo se puso en movimiento.

Pero antes de salir, el teléfono de Elias vibró.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Dónde está mi hija?

Silencio.

Después escuchó una respiración tranquila.

—Si quieres volver a verla, ve solo.

—No.

—Entonces nunca volverás a escuchar su voz.

Elias apretó el teléfono.

—Si le haces daño…

Una pequeña voz apareció al otro lado.

—Papá…

Elias dejó de respirar.

Era Matilda.

—¡Matilda! ¿Dónde estás?

—Tengo miedo.

—Escúchame, cariño. No hagas nada. Papá va a encontrarte.

La voz masculina regresó.

—Tienes veinte minutos.

—¿Dónde?

—El viejo hangar militar de Chesapeake.

La llamada terminó.

Bevis miró a Elias.

—No vas solo.

—Eso fue exactamente lo que pidió.

—Y precisamente por eso no debes hacerlo.

Elias guardó el teléfono.

—Entonces iremos juntos.


El viejo hangar llevaba años abandonado.

Cuando Elias llegó, las luces del vehículo se apagaron antes de entrar en la propiedad.

Bevis y los agentes se quedaron a distancia.

Elias avanzó solo.

La puerta del hangar estaba entreabierta.

—¡Matilda!

Su voz rebotó en las paredes.

Nada.

Entonces escuchó un sollozo.

—Papá…

Corrió hacia el interior.

Matilda estaba sentada en una silla, con una manta sobre los hombros.

Elias sintió que el corazón se le rompía.

—¡Matty!

Corrió hacia ella y cayó de rodillas.

La abrazó con fuerza.

—Estoy aquí. Estoy aquí.

La niña comenzó a llorar.

—Pensé que no ibas a venir.

—Siempre voy a venir por ti.

Elias revisó rápidamente sus brazos, su rostro y sus piernas.

No parecía herida.

Pero había algo extraño.

Matilda dejó de llorar y miró detrás de él.

—Papá…

Elias se giró.

Un hombre salió lentamente de las sombras.

Marcus Reed.

Llevaba un abrigo oscuro y no parecía sorprendido de verlo.

—Hola, Elias.

Bevis apareció inmediatamente detrás de Elias con dos agentes.

Marcus levantó las manos.

—Tranquilos.

Elias se puso delante de Matilda.

—Aléjate de mi hija.

Marcus suspiró.

—No entiendes lo que está ocurriendo.

—Entonces explícame por qué mi hija fue secuestrada.

—No la secuestré.

—La sacaste de mi casa.

—Porque alguien iba a matarla.

El silencio cayó sobre el hangar.

Elias no bajó la mirada.

—¿Quién?

Marcus observó a Matilda.

—Las personas que estaban detrás de Northstar.

Bevis dio un paso adelante.

—Northstar estaba registrada a nombre de Josephine.

Marcus sonrió débilmente.

—Exactamente.

Elias sintió que algo no cuadraba.

—¿Quieres decir que Josephine no creó Northstar?

—Josephine no sabía quién estaba realmente detrás.

Marcus sacó una carpeta.

La lanzó al suelo.

Fotografías.

Transferencias bancarias.

Informes.

Nombres.

Fechas.

Y una fotografía que hizo que Elias se quedara helado.

Era él.

Durmiendo en una habitación de hotel.

Tomada desde el exterior de una ventana.

—Te estuvieron siguiendo durante años —dijo Marcus—. No por tu trabajo.

Elias levantó la mirada.

—¿Entonces por qué?

Marcus señaló a Matilda.

—Por ella.

Elias sintió que la sangre se le congelaba.

—Mi hija tenía cinco años cuando empezaron.

—No.

Marcus negó con la cabeza.

—Empezaron antes de que naciera.

Elias abrió la carpeta.

Había documentos médicos de Josephine.

Informes de embarazo.

Fotografías.

Y un nombre aparecía repetidamente.

Proyecto Aurora.

—¿Qué demonios es esto?

Marcus respiró profundamente.

—Tu esposa estaba involucrada en una investigación genética financiada por una empresa privada. Cuando quedó embarazada, alguien descubrió que el bebé tenía una característica genética que les interesaba.

Elias miró a Matilda.

—No.

—Sí.

—¿Me estás diciendo que persiguieron a una niña por sus genes?

—Estoy diciendo que ciertas personas estaban dispuestas a pagar millones por obtener muestras de ella.

Elias sintió una rabia que apenas podía controlar.

—Entonces ¿por qué Josephine hizo ese informe de custodia?

Marcus bajó la mirada.

—Porque la presionaron.

—¿Y los abusos?

Marcus tardó unos segundos en responder.

—Eso no lo sé.

Elias lo miró fijamente.

—Entonces averígualo.

Antes de que Marcus pudiera responder, Bevis recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos.

Su rostro cambió.

—Elias…

—¿Qué?

—Acaban de detener a alguien en la casa.

—¿Quién?

Bevis miró a Marcus.

—Bonnie.

Elias frunció el ceño.

—¿Mi suegra?

—No.

Bevis negó lentamente.

—La persona que estaba con ella.

Elias sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Bevis pronunció un nombre.

—Vanessa.

Elias miró hacia Matilda.

La niña había comenzado a temblar.

—Papá…

—¿Qué pasa?

Matilda apretó la mano de Elias.

—Ella no fue la única.

—¿Quién?

Matilda señaló la carpeta.

—La tía Josephine sabía.

Elias se quedó inmóvil.

—¿Sabía qué?

Los ojos de Matilda se llenaron de lágrimas.

—Ella fue quien abrió la puerta aquella noche.

Bevis palideció.

—¿Qué noche?

Matilda bajó la cabeza.

—La noche que vino el hombre.

Elias recordó inmediatamente la grabación de las 2:13 de la madrugada.

El hombre que había entrado en su oficina.

La caja negra.

La fotografía.

Y Josephine recogiendo el objeto.

—¿Qué hizo tu madre? —preguntó Elias con suavidad.

Matilda respiró entrecortadamente.

—Le dijo dónde dormías.

Elias sintió que el mundo se detenía.

En ese instante, el teléfono de Bevis volvió a sonar.

Esta vez era la policía.

Bevis escuchó.

Después miró a Elias.

—Josephine desapareció.

—¿Qué?

—Y encontraron su coche abandonado.

Hubo una pausa.

—Pero dejaron algo dentro.

Elias se acercó.

—¿Qué?

Bevis respondió con una voz casi inaudible.

—Una nota dirigida a ti.

Elias extendió la mano.

Bevis se la entregó.

Solo había una frase.

“Si quieres saber por qué Matilda nació, pregúntale a tu propia madre.”

Elias levantó lentamente la mirada.

Su madre había muerto hacía nueve años.

Y, hasta ese momento, jamás había pensado que ella pudiera tener algo que ver con Matilda.

Pero ahora comprendía algo mucho peor.

La historia no había comenzado con Josephine.

Ni con Marcus.

Ni siquiera con Northstar.

Había comenzado mucho antes.

Antes del nacimiento de Matilda.

Antes de su matrimonio.

Y quizá antes de que Elias supiera siquiera que existía un secreto en su propia familia.

Por primera vez, Elias comprendió que salvar a Matilda no significaba solamente encontrar a Josephine.

Significaba descubrir qué había ocurrido el día en que su hija nació.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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