Capítulo 4: La conferencia (nueva versión)
Capítulo 4: La conferencia
—¿Sospecha qué, Mark? —pregunté, sirviéndome más vino para disimular.
—No sé —dijo—. Cosas de recién casados, supongo. Jenna dice que está… distante.
—Trabaja de noche —dije—. Está cansado. ¿Tú no estarías distante si durmieras de día?
—Supongo —dijo, y cambió de tema.
Pero aquella noche llamé a Daniel.
—Jenna sospecha —dije—. Ten cuidado.
—¿Qué hago? —preguntó.
—Sé más cariñoso —dije—. No menos.
—¿Más cariñoso? ¿Con ella?
—Si estás frío, confirmas sus sospechas —dije—. Si estás normal… la confundes.
—Dios, mamá —dijo—. ¿Cuándo te volviste tan…?
—¿Tan qué?
—Tan espía.
—Cuando mi marido me enseñó —dije.
El abogado Whitaker me dijo que con el video y los mensajes bastaba. Pero Daniel quería más.
—Quiero que no tenga escapatoria —dijo—. Ni ella ni él.
El viernes, Mark anunció:
—Me voy a Harrisburg. Conferencia de proveedores. Todo el fin de semana.
—¿Va Jenna? —pregunté, inocente.
—¿Por qué iba a ir Jenna? —dijo, demasiado rápido.
—Por nada —dije—. Que te vaya bien.
Daniel “trabajaba” el viernes por la noche. En realidad, conducía a Harrisburg.
A las once, sonó mi teléfono. Jenna.
—¿Carol? ¿Está Daniel contigo?
—¿Daniel? —dije, con el corazón desbocado—. ¿Por qué?
—Lo llamé al hospital —dijo—. Me dijeron que no está de turno. Que pidió la noche libre.
—Ah —dije—. Sí. Vino a ayudarme con unas cosas. Se quedó dormido en el sofá.
—¿A las once de la noche? —dijo—. ¿Dormido?
—Trabaja de noche, Jenna —dije—. Su horario… ya sabes.
Silencio.
—Dile que me llame —dijo, y colgó.
Llamé a Daniel, en pánico.
—Jenna llamó al hospital —susurré—. Sabe que no estás.
—Mierda —dijo—. ¿Qué le dijiste?
—Que estás dormido en mi sofá.
—¿Te creyó?
—No —dije—. ¿Los viste?
—Sí —dijo—. Están aquí. En el hotel. Tengo fotos. De los dos. Entrando juntos.
—¿Irrefutables?
—Irrefutables —dijo—. Mamá… ¿y ahora?
—Vuelve —dije—. Ahora. Y piensa en una excusa.
—¿Cuál?
—No lo sé —dije—. Pero piensa rápido. Porque Jenna no es tonta.
Llegó a casa a las dos de la mañana. Jenna estaba despierta. En el salón. Esperándolo.
—¿Dónde estabas? —preguntó.
—Trabajando —dijo—. Horas extra.
—Fui al hospital, Daniel —dijo—. Pregunté por ti.
—¿Y?
—Me dijeron que pediste la noche libre —dijo—. ¿Por qué?