Capítulo 4: El seguro que podía convertir una traición en una tragedia
Capítulo 4: El seguro que podía convertir una traición en una tragedia
Dennis no apartaba los ojos del teléfono de Amy.
Durante varios segundos nadie dijo una palabra. El mensaje seguía iluminando la pantalla, pero lo que realmente había cambiado el ambiente era la expresión de mi padre.
No parecía sorprendido.
Parecía asustado.
—¿Qué significa eso? —preguntó Shane, señalándolo—. ¿Qué tiene que ver el seguro de la casa con todo esto?
Dennis tragó saliva.
—No sé quién envió ese mensaje.
—Entonces no tendrás problema en explicarnos por qué estás tan nervioso —respondió Amy.
Tammy recogió su bolso y caminó hacia la puerta.
—Esto es ridículo. Brandon, Kyle, suban las cajas al camión. Nos vamos.
Pero Shane se colocó frente a ella.
—Nadie va a borrar lo que acaba de pasar. Y antes de que te marches, quiero saber qué sabes sobre ese seguro.
Tammy levantó la barbilla.
—No tengo por qué responderte.
—Quizá no. Pero si tu nombre aparece en algún documento relacionado con esta propiedad, tendrás que explicárselo a un abogado.
Margaret se volvió hacia Dennis.
—¿Cambiaste el seguro sin decírmelo?
Mi padre guardó silencio.
Aquella vez, Margaret no esperó una respuesta.
Fue directamente al pequeño escritorio del salón, donde guardaba las facturas y los documentos de la casa. Sacó una carpeta azul y comenzó a revisar los papeles.
—Aquí está la póliza original —dijo finalmente—. La contratamos hace seis años.
Amy se acercó para ayudarla.
Revisaron las primeras páginas. La vivienda estaba asegurada a nombre de ambos propietarios: Margaret y Shane.
Pero al llegar a la última hoja encontraron una notificación reciente.
Era una solicitud de modificación.
La fecha era de hacía apenas dos semanas.
Margaret leyó el documento en voz alta:
—«Solicitud de actualización de beneficiario y persona autorizada para recibir comunicaciones».
Sus dedos comenzaron a temblar.
—¿Quién solicitó este cambio?
Amy señaló la línea inferior.
Allí aparecía el nombre de Dennis.
Y, junto a él, el nombre de Tammy como persona autorizada.
Shane golpeó la mesa con la palma de la mano.
—¡¿Qué demonios estabas intentando hacer?!
Dennis levantó las manos.
—Solo quería organizar las cosas. Tammy me ayudaba con los documentos.
—¿Organizar las cosas? —repitió Margaret—. ¡Has intentado hipotecar mi casa y ahora también has cambiado información de nuestro seguro!
—No cambié la propiedad del seguro —se defendió Dennis—. Solo hice una solicitud.
Amy examinó el papel.
—La compañía todavía no ha confirmado que el cambio haya sido aceptado. Pero tenemos que llamar inmediatamente y solicitar que bloqueen cualquier modificación no autorizada.
Shane tomó su teléfono y llamó al número de atención de la aseguradora.
Mientras esperaba, Tammy comenzó a ponerse cada vez más nerviosa.
—Dennis, diles que esto fue un malentendido.
Él no respondió.
—¡Diles que solo querías protegernos!
Margaret la miró directamente.
—¿Protegerlos de quién? ¿De nosotros? ¿De las personas que compraron esta casa para que Dennis no terminara en la calle?
Tammy apretó los labios.
En ese momento, Brandon dio un paso adelante.
—Mamá, creo que deberías contarles lo que pasó.
—No te metas.
—¡Ya basta! —respondió él—. Nos dijiste que Dennis tenía un acuerdo con la aseguradora. Dijiste que, si ocurría algo con la casa, recibiríamos dinero suficiente para empezar de nuevo.
El salón quedó completamente en silencio.
Shane bajó lentamente el teléfono.
—¿Qué acabas de decir?
Brandon miró a su madre y después a Dennis.
—Nos dijiste que había una forma de conseguir dinero incluso si el banco rechazaba el préstamo.
Tammy se puso pálida.
—Estás confundido.
—No, mamá. Estoy cansado de mentir por ti.
Margaret sintió un escalofrío.
—¿Qué clase de dinero?
Brandon respiró profundamente.
—Tammy dijo que Dennis había encontrado una manera de conseguir una indemnización del seguro.
Dennis se levantó de golpe.
—¡Cierra la boca!
Pero Shane ya había escuchado suficiente.
—Papá, siéntate.
—No tienes derecho a darme órdenes.
—Y tú no tienes derecho a poner en peligro a mi madre.
La discusión fue interrumpida por una voz al otro lado del teléfono.
La aseguradora había contestado.
Shane explicó la situación, proporcionó los datos de la póliza y pidió verificar cualquier cambio reciente.
La empleada le solicitó unos minutos.
Después regresó con una respuesta que hizo que todos contuvieran la respiración.
—Señor, tenemos registrada una solicitud de modificación presentada por el señor Dennis. Sin embargo, el cambio está pendiente de verificación porque uno de los titulares no confirmó su consentimiento.
—¿Qué modificación solicitaron exactamente? —preguntó Shane.
La respuesta fue todavía peor.
—Se solicitó añadir a la señora Tammy como beneficiaria autorizada para recibir cualquier pago relacionado con un siniestro cubierto por la póliza.
Margaret se llevó una mano al pecho.
—¿Y eso puede hacerse sin mi firma?
—No podemos divulgar más información sin completar el proceso de identificación, señora. Pero podemos registrar una alerta y suspender temporalmente las modificaciones hasta que se revise la documentación.
Shane aceptó inmediatamente.
Cuando terminó la llamada, miró a su padre.
—Has cruzado una línea que jamás debiste cruzar.
Dennis se dejó caer en una silla.
Por primera vez, no tenía ninguna excusa preparada.
Amy, mientras tanto, había recibido otro mensaje del mismo número desconocido.
Esta vez incluía una fotografía.
La imagen mostraba una hoja de papel sobre una mesa. Era un documento con el nombre de Dennis y una fecha escrita a mano.
Debajo aparecía una frase:
«Si quieres saber hasta dónde estaban dispuestos a llegar, pregunta por la visita que Tammy organizó para el próximo lunes».
Amy amplió la fotografía.
En la esquina inferior se distinguía el nombre de una empresa de tasación inmobiliaria.
Shane se acercó.
—¿Qué es eso?
—Parece una cita para inspeccionar la casa.
Margaret miró a Dennis.
—¿También habías organizado una tasación sin nuestro permiso?
Dennis cerró los ojos.
—Yo no quería que las cosas llegaran tan lejos…
—Pero llegaron —dijo Margaret—. Y tú nos trajiste hasta aquí.
Tammy intentó recuperar su bolso.
Esta vez fue Kyle quien la detuvo.
—Mamá, ¿qué está pasando realmente?
Tammy lo miró con furia.
—¡Vámonos ahora mismo!
Brandon negó con la cabeza.
—No. Quiero saber si nos metiste en algo ilegal.
Shane abrió la puerta y señaló el camión.
—Las cajas pueden quedarse ahí. Pero nadie va a entrar en esta casa ni a tocar ningún documento. Mañana hablaremos con el abogado.
Dennis se levantó lentamente.
—Margaret, por favor. Podemos arreglarlo entre nosotros.
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Durante seis años te dimos un techo, comida y tranquilidad. No te pedimos alquiler. Solo esperábamos que respetaras esta casa. Y tú utilizaste nuestra confianza para intentar quitárnosla.
Dennis quiso acercarse, pero Margaret retrocedió.
—No vuelvas a entrar en mi habitación. Y no vuelvas a tocar mis documentos.
Aquella noche, Shane y Amy se quedaron con Margaret. Guardaron los documentos, fotografiaron cada página y enviaron copias al abogado.
A las diez y media, el teléfono de Shane sonó.
Era el abogado.
Había revisado los primeros documentos que le habían enviado y necesitaba hablar con ellos urgentemente.
—He encontrado algo más —dijo con voz grave—. La solicitud del préstamo no es el único documento sospechoso. Alguien también presentó una autorización para vender la propiedad.
Shane se quedó helado.
—¿Quién la presentó?
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
—Dennis aparece como solicitante. Pero hay una segunda firma que no pertenece a Margaret.
Shane miró a su madre.
—¿De quién es?
El abogado respondió:
—De alguien que figura como testigo en el documento. Y cuando vean ese nombre, entenderán que esto llevaba mucho más tiempo planeándose.
Shane apretó el teléfono.
—Dígame quién firmó.
La respuesta cayó como una bomba:
—Brandon, el hijo de Tammy.
Margaret se quedó sin palabras.
Porque el hijo que acababa de fingir que desconocía los planes de su madre quizá había participado en ellos desde el principio.