Capítulo 2: El pastel que nadie esperaba – News

Capítulo 2: El pastel que nadie esperaba

Capítulo 2: El pastel que nadie esperaba

Capítulo 2: El pastel que nadie esperaba

La madre de Derrick entró en el salón como si todavía fuera la dueña de aquella boda.

Sus tacones resonaron sobre el suelo mientras recorría con la mirada las mesas ocupadas, los platos de rosbif y los invitados que, apenas unos minutos antes, habían estado esperando en una iglesia para presenciar el matrimonio que nunca ocurrió.

Entonces me vio.

Yo seguía detrás de la mesa del bufé, con mi vestido blanco, las zapatillas deportivas y el ramo descansando en una jarra de agua junto a las servilletas.

Su expresión cambió.

—¿Qué demonios estás haciendo?

Dejé la cuchara de servir sobre la bandeja.

—Dándole de comer a nuestros invitados.

—¡Estos invitados vinieron a una boda, no a una comida benéfica!

Algunas conversaciones se apagaron. Mi padre, que estaba ayudando a Harold a encontrar una silla, se volvió lentamente hacia ella.

Yo respiré hondo.

—Tenían hambre. La comida estaba pagada. ¿Qué otra cosa se suponía que debía hacer?

La mujer apretó los labios y levantó el sobre que llevaba en la mano.

—¿Y el anillo? ¿Dónde está el anillo que mi hijo te dio?

Me miré la mano izquierda. El diamante seguía allí, brillando bajo las luces fluorescentes del salón.

—Aquí.

—Quítatelo.

No gritó. No lo necesitaba. Estaba acostumbrada a dar órdenes y a esperar que los demás obedecieran.

Pero aquella tarde yo había terminado de obedecerla.

—¿Por qué?

Su rostro se endureció.

—Porque mi hijo no se presentó en la boda. Está pasando por un momento difícil y no necesita que tú compliques más las cosas. Devuelve el anillo y los nueve mil dólares que nuestra familia ha gastado.

Desde una mesa cercana, la abuela June soltó una carcajada seca.

—¡Qué curioso! El novio desaparece y la factura se la entregan a la novia.

Varias personas asintieron.

La madre de Derrick se volvió hacia ella.

—Esto es un asunto familiar, June.

—Entonces deberías haberlo resuelto en familia antes de humillar a esta muchacha delante de ciento cuarenta personas.

La mujer se quedó inmóvil durante un segundo.

Después volvió a mirarme.

—Derrick necesita tiempo. Tú sabes cómo es. Cuando se siente presionado, se cierra. No deberías tomártelo como algo personal.

Aquellas palabras me hicieron más daño que cualquier insulto.

Porque yo sí sabía cómo era Derrick.

Sabía que se mordía el labio cuando estaba nervioso. Que dejaba las luces encendidas cuando llegaba tarde. Que me llamaba durante su descanso para preguntarme si había comido.

O, al menos, eso creía saber.

Durante tres años había confundido sus pequeñas muestras de cariño con la seguridad de un compromiso verdadero.

Y ahora su madre pretendía convencerme de que abandonar a su prometida frente a ciento cuarenta invitados era simplemente una manera de gestionar el estrés.

—¿Dónde está? —pregunté.

Ella desvió la mirada.

Solo un instante.

Pero fue suficiente para que yo lo notara.

—En casa, descansando.

—Su hermano dijo que estaba junto al lago.

Su bolso resbaló ligeramente por su brazo.

—No tienes derecho a interrogarme.

—Y tú no tienes derecho a exigirme dinero como si yo hubiera sido quien desapareció.

Mi padre se acercó y se colocó a mi lado.

No levantó la voz. Ni siquiera parecía enfadado.

Eso era lo que más imponía.

—Señora, mi hija no le debe nueve mil dólares por una decisión que tomó su hijo.

—¡Su familia también ha gastado dinero!

—Mi familia pagó la cena, la iglesia y la música —respondió él—. Y nadie está pidiendo que nos devuelvan un centavo.

La madre de Derrick miró las bandejas vacías y las mesas llenas de invitados.

Entonces vio a Harold levantando su copa de limonada.

—Por la novia —dijo el anciano—. La única persona que ha tenido el valor de presentarse hoy.

Los invitados aplaudieron.

Yo sentí que se me cerraba la garganta.

No era el aplauso que había imaginado cuando elegí mi vestido. No era la música que había practicado para nuestro primer baile.

Pero era real.

Y, por primera vez en toda la tarde, no me sentí abandonada.

La madre de Derrick dejó el sobre sobre la mesa.

—Esto no ha terminado —murmuró.

—Lo sé —contesté—. Todavía falta el pastel.

Ella me miró como si acabara de insultarla.

—¿Qué?

Señalé la mesa del fondo, donde descansaba el pastel de tres pisos que mi padre había recogido aquella mañana. Estaba decorado con rosas blancas y pequeñas hojas de azúcar. En la parte superior, dos figuras de porcelana representaban a una novia y un novio.

—Mi padre pagó por él. La abuela June quiere bailar. Y ciento cuarenta personas merecen terminar el día con algo dulce.

—No pienso quedarme aquí para que te burles de mí.

—No me estoy burlando de usted.

Me acerqué un paso.

—Pero si se queda, quizá pueda explicarme por qué su hijo no tuvo el valor de decirme personalmente que no quería casarse conmigo.

Su rostro palideció.

Y entonces cometió un error.

Uno pequeño. Apenas una frase.

Pero aquella frase cambió todo.

—¡Porque sabía que ibas a reaccionar exactamente así!

El salón quedó en silencio.

Yo sentí un escalofrío.

—¿Exactamente así cómo?

Ella abrió la boca, pero no respondió.

Mi padre dejó lentamente la jarra que sostenía.

La abuela June se puso de pie, apoyándose en su bastón.

—Señora, será mejor que termine esa explicación.

La madre de Derrick miró a su alrededor y comprendió que ya no tenía una audiencia dispuesta a creer cualquier cosa que dijera.

Agarró su bolso.

—No voy a discutir esto delante de desconocidos.

—Entonces hablemos de algo que sí puede explicar —dije—. ¿Por qué la reserva del crucero de luna de miel fue cancelada hace dos semanas?

Se quedó paralizada.

Yo no había planeado hacer aquella pregunta. Ni siquiera sabía con certeza si el crucero estaba cancelado.

Pero recordé algo que Derrick había dicho durante la cena de ensayo. Había recibido una llamada, había salido al porche y, cuando regresó, me aseguró que la compañía naviera había cambiado nuestra fecha de embarque.

En aquel momento le creí.

Ahora, al ver el terror que cruzó el rostro de su madre, comprendí que había algo más.

—¿Quién te ha dicho eso? —susurró.

—Nadie. Acabo de preguntártelo.

Sus dedos se cerraron alrededor de las llaves del coche.

—No sabes de qué estás hablando.

—Entonces, ¿por qué estás tan asustada?

Ella retrocedió hacia la puerta.

Pero antes de que pudiera marcharse, la puerta volvió a abrirse.

Esta vez no era un invitado.

Era Michael, el hermano mayor de Derrick.

Tenía la camisa arrugada, el rostro agotado y el teléfono apretado en una mano.

Miró a su madre.

Después me miró a mí.

—Necesito hablar contigo —dijo—. A solas.

—Puedes hablar aquí.

Michael tragó saliva.

—Se trata de Derrick. Y de lo que ocurrió anoche.

Su madre se interpuso inmediatamente.

—Michael, ni se te ocurra.

Él la miró con una expresión que nunca le había visto.

—Ya he guardado silencio demasiado tiempo.

El corazón empezó a golpearme el pecho.

—¿Qué ocurrió anoche?

Michael bajó los ojos hacia su teléfono.

—Derrick no estaba solo cuando decidió no venir a la boda.

Nadie se movió.

Ni siquiera la abuela June.

—¿Con quién estaba? —pregunté.

Michael levantó la mirada.

—Con una mujer que nuestra madre conoce muy bien.

La madre de Derrick dejó caer las llaves.

El sonido metálico golpeó el suelo y rodó debajo de una mesa.

Michael no apartó los ojos de ella.

—Y eso no es lo peor. Porque cuando descubrí quién era esa mujer, encontré también los documentos que Derrick llevaba semanas escondiendo.

Sentí que las piernas me temblaban.

—¿Qué documentos?

Michael desbloqueó su teléfono.

—Los que demuestran que tu boda no fue el único compromiso que Derrick estaba dispuesto a abandonar.

La madre de Derrick se lanzó hacia él.

—¡Dame ese teléfono!

Mi padre se interpuso antes de que pudiera alcanzarlo.

Y entonces Michael pronunció un nombre.

Un nombre que yo conocía.

Un nombre que no debería haber tenido absolutamente nada que ver con mi prometido.

Continuará en el capítulo 3…

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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