Capítulo 3: Mi hermano entró al hotel, pero no para verla
Capítulo 3: Mi hermano entró al hotel, pero no para verla
Me quedé completamente inmóvil después de escuchar las palabras de Marcus.
—¿Ella ya estaba dentro?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo antes?
—Aproximadamente cuarenta minutos.
Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza contra el pecho.
Durante unos segundos, no pude pensar.
Mi esposa había llegado al hotel antes que mi hermano.
Eso significaba que no habían llegado juntos.
Pero tampoco significaba que estuvieran haciendo algo inocente.
—¿Hay imágenes de cuando ella llegó? —pregunté.
—Sí.
—Necesito verlas.
—Puedo enviártelas.
Unos segundos después, mi teléfono vibró.
Abrí el archivo.
La primera imagen mostraba la entrada del hotel.
Mi esposa aparecía bajando de un automóvil.
Llevaba un abrigo oscuro y una pequeña bolsa.
Miré la hora.
7:14 p. m.
La siguiente imagen la mostraba entrando al vestíbulo.
7:17.
Después apareció otra.
Subiendo sola por el ascensor.
7:21.
Y finalmente, entrando en la habitación 417.
7:23.
Cuarenta y tres minutos después, Ethan apareció en el pasillo.
7:56.
Se detuvo frente a la puerta.
Miró hacia ambos lados.
Después entró.
Sentí una presión en el pecho.
—¿Cuánto tiempo estuvo dentro? —pregunté.
—Diecisiete minutos.
—¿Solo diecisiete?
—Sí.
Aquello no tenía sentido.
Si estaban teniendo una aventura, ¿por qué se había quedado solo diecisiete minutos?
—¿Qué ocurrió después?
—Ethan salió.
—¿Y ella?
—Permaneció en la habitación.
—¿Hasta cuándo?
Marcus hizo una pausa.
—Hasta las 6:42 de la mañana.
Cerré los ojos.
Había pasado toda la noche allí.
Pero Ethan no.
Entonces, ¿qué había ocurrido?
—¿Puedes conseguir las imágenes del pasillo después de que Ethan se fuera?
—Ya las tengo.
Marcus me envió otro archivo.
Lo abrí.
A las 8:13 p. m., Ethan salió de la habitación.
A las 8:16, tomó el ascensor.
A las 8:19, salió del hotel.
Después no apareció nadie más en el pasillo durante casi seis horas.
Excepto a las 2:34 de la madrugada.
Una mujer apareció frente a la puerta de la habitación 417.
No entró.
Simplemente dejó un sobre en el suelo.
Luego se marchó.
Me acerqué a la pantalla.
—¿Quién es ella?
—No lo sé.
—¿Puedes identificarla?
—Estoy trabajando en eso.
Me quedé mirando la imagen.
Entonces noté algo.
La mujer llevaba una pulsera plateada.
Una pulsera que había visto antes.
No en mi esposa.
En mi madre.
Sentí un escalofrío.
—Marcus.
—¿Sí?
—Amplía la imagen.
Lo hizo.
La pulsera era claramente visible.
Tenía un pequeño colgante en forma de estrella.
Mi madre había tenido exactamente la misma.
Pero mi madre llevaba tres años muerta.
—Eso es imposible.
—¿Qué pasa?
—Esa pulsera pertenecía a mi madre.
Marcus guardó silencio.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Miré nuevamente la fotografía.
La mujer tenía el rostro parcialmente cubierto.
Pero había algo en su postura.
Algo familiar.
—Necesito saber quién es.
—Lo averiguaré.
Colgué.
Me quedé sentado frente a la computadora.
Entonces recordé algo que mi madre me había dicho pocos meses antes de morir.
“Hay cosas sobre tu familia que algún día tendrás que descubrir.”
En aquel momento pensé que hablaba de algún problema antiguo.
Nunca imaginé que pudiera estar relacionado con mi esposa.
Me levanté y fui hasta el dormitorio.
La maleta de mi esposa ya no estaba allí.
Ella había regresado del trabajo.
Escuché sus pasos en la planta baja.
No bajé inmediatamente.
Quería pensar.
Finalmente, ella subió las escaleras.
—¿Estás en casa?
—Sí.
Entró en el dormitorio.
Me encontró sentado en la cama.
—¿Te pasa algo?
La miré.
—¿Fuiste a Richmond el miércoles?
Su rostro cambió.
Solo durante un instante.
Pero lo vi.
—¿De qué estás hablando?
—El hotel Riverside.
Ella se quedó inmóvil.
—Daniel…
—No mientas.
Su expresión se volvió triste.
—¿Revisaste mi maleta?
—Encontré el recibo.
Cerró los ojos.
—Yo puedo explicarlo.
—Entonces explícame.
Se sentó lentamente.
—No fui allí para verme con otro hombre.
—¿Entonces para qué?
Ella tardó varios segundos.
—Para encontrarme con Ethan.
Sentí que la rabia volvía.
—¿Mi hermano?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque él descubrió algo.
—¿Qué?
Natalie comenzó a llorar.
—Sobre tu familia.
La miré sin decir nada.
—Tu madre no murió sabiendo toda la verdad.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué quieres decir?
—Ella descubrió que alguien había estado utilizando su identidad para mover dinero.
—¿Quién?
—No lo sabía.
—¿Y Ethan?
—Ethan encontró los registros.
Sentí que todo comenzaba a encajar.
—Entonces, ¿por qué me dijiste que estabas en Chicago?
—Porque alguien estaba vigilando nuestra casa.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Y el mensaje?
Ella levantó la mirada.
—¿Qué mensaje?
—El que recibiste anoche.
Su rostro perdió el color.
—¿Lo leíste?
—Sí.
Natalie comenzó a temblar.
—Daniel, ese mensaje no era de Ethan.
—Entonces, ¿de quién era?
Ella no respondió.
—¿Quién escribió “apenas podías caminar cuando te fuiste de mi casa”?
Natalie se cubrió el rostro con las manos.
—Era una advertencia.
—¿De quién?
—De alguien que sabe lo que estamos haciendo.
Me levanté.
—¿Qué están haciendo?
Ella me miró.
—Intentando descubrir quién está detrás de todo esto.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
—Porque tu hermano me pidió que no lo hiciera.
Aquella frase me hizo retroceder.
—¿Ethan sabía que estabas investigando esto?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace casi un año.
Me quedé en silencio.
Mi propio hermano llevaba casi un año investigando algo relacionado con mi familia.
Y mi esposa lo sabía.
Ambos me habían mantenido fuera.
—¿Qué encontraron en el hotel?
Natalie respiró profundamente.
—Una persona.
—¿Quién?
—La mujer que dejó el sobre.
Sentí un escalofrío.
—¿La conoces?
Natalie asintió.
—Sí.
—¿Quién es?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Tu madre.
No pude reaccionar.
—Mi madre está muerta.
—Lo sé.
—Entonces no puede ser ella.
Natalie negó con la cabeza.
—No era tu madre.
Sacó su teléfono y me mostró una fotografía.
La mujer de la imagen llevaba la misma pulsera.
Pero ahora podía ver su rostro.
Era una mujer mucho más joven que mi madre.
Sin embargo, se parecía muchísimo a ella.
—¿Quién es? —pregunté.
Natalie tragó saliva.
—Su hermana.
Me quedé helado.
—¿Mi madre tenía una hermana?
—Sí.
—Nunca escuché hablar de ella.
—Porque tu padre hizo que desapareciera de todos los registros familiares.
Sentí que mi cabeza daba vueltas.
—¿Por qué?
Natalie me miró.
—Porque ella fue la primera persona que descubrió quién estaba robando el dinero de tu familia.
Mi teléfono vibró.
Era Marcus.
Había encontrado algo.
Abrí el mensaje.
Solo decía:
“Daniel, ya sé quién es la mujer del hotel.”
Debajo había una fotografía.
La mujer aparecía de frente.
Y junto a ella estaba mi padre.
Pero la fotografía no tenía nueve años.
Tenía fecha de hacía apenas seis meses.
Sentí que la sangre se me helaba.
Mi padre llevaba cuatro años muerto.
Miré a Natalie.
—¿Qué demonios está pasando?
Ella no respondió.
Entonces llegó otro mensaje de Marcus.
“Hay algo más. Tu padre no murió cuando te dijeron que murió.”
Dejé caer el teléfono sobre la cama.
Por primera vez en nueve años, pensé que quizá todo lo que sabía sobre la muerte de mi padre también era una mentira.
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