Capítulo 2: El Padre Que No Debía Entrar – News

Capítulo 2: El Padre Que No Debía Entrar

Capítulo 2: El Padre Que No Debía Entrar

Capítulo 2: El Padre Que No Debía Entrar

El tirón de la puerta volvió a sacudir todo el marco.

Charlotte se estremeció.

Delilah se llevó una mano a la boca y cerró los ojos.

Terrence levantó un dedo frente a sus labios.

—Tranquilas. Estáis a salvo aquí.

Al otro lado del cristal, Douglas golpeó la puerta.

—¡Oficial! ¡Abra! ¡Soy el padre de las niñas!

Terrence no respondió.

En lugar de eso, tomó el teléfono interno y llamó a su supervisora.

—Tenemos dos menores en la comisaría. Una presenta síntomas después de ingerir una sustancia desconocida. El padre está intentando entrar y las niñas han pedido protección.

—¿El padre está armado?

Terrence miró a Douglas.

—No lo sé.

—Entonces no abras la puerta.

—No pensaba hacerlo.

Colgó y volvió junto a las niñas.

—Charlotte, necesito que me digas algo. ¿Tu padre sabe que viniste aquí?

La niña negó con la cabeza.

—¿Cómo llegasteis?

—Caminando.

—¿Desde casa?

Asintió.

—¿Por qué?

Charlotte miró a Delilah.

—Porque ella ya no podía caminar bien.

Terrence se acercó un poco más.

—Hiciste lo correcto al traerla.

—Papá dijo que no debíamos hablar con nadie.

—Lo sé.

—También dijo que si contábamos lo que hacía, nos separaría.

Terrence sintió un escalofrío.

—¿Os ha hecho daño antes?

Charlotte permaneció en silencio.

Entonces Delilah habló por primera vez.

—A mamá.

Terrence se quedó quieto.

—¿Qué pasó con vuestra madre?

Las gemelas se miraron.

Charlotte respondió:

—Mamá murió.

—¿Cuándo?

—Hace seis meses.

Terrence tomó aire lentamente.

—¿Y vuestro padre dijo qué le pasó?

Charlotte negó con la cabeza.

—Dijo que estaba enferma.

Delilah apretó los labios.

—Pero mamá nos dijo que no le creyéramos.

Terrence intercambió una mirada con el paramédico que acababa de entrar.

—¿Qué os dijo?

Delilah comenzó a llorar.

—Que si alguna vez nos obligaba a tomar algo y ella no estaba, teníamos que ir a la policía.

Terrence sintió que el caso acababa de cambiar por completo.

La ambulancia llegó a la entrada lateral.

Los paramédicos entraron y comenzaron a examinar a Delilah.

—Necesitamos llevarla al hospital —dijo Megan—. Su presión está baja y sigue bastante somnolienta.

Charlotte inmediatamente tomó la mano de su hermana.

—Voy con ella.

—Por supuesto —respondió Megan.

Douglas volvió a golpear la puerta principal.

—¡Quiero ver a mis hijas!

Terrence se dirigió hacia el cristal.

—Doctor Sinclair, aléjese de la entrada.

—¡Son mis hijas!

—Y están siendo atendidas por personal médico.

—¡La niña tiene una enfermedad! ¡Necesita su medicación!

Terrence sostuvo la mirada.

—¿Qué medicamento?

Douglas vaciló.

Fue solo un segundo.

Pero Terrence lo notó.

—Su medicamento habitual —respondió finalmente.

—¿Nombre?

Douglas no contestó.

—¿Dosis?

Nada.

Terrence miró el registro de la farmacia.

—Curioso.

Douglas frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

—La receta que aparece registrada hoy fue emitida por usted.

—Sí.

—Entonces dígame qué medicamento recibió.

Douglas comenzó a ponerse nervioso.

—No tengo por qué explicárselo.

—Tiene razón.

Terrence se apartó de la puerta.

—Pero tendrá que explicárselo al hospital.

Los paramédicos sacaron a Delilah en una camilla.

Charlotte caminaba a su lado.

Antes de salir, miró a Terrence.

—Oficial.

—¿Sí?

—No deje entrar a papá.

Terrence asintió.

—No lo haré.

Las puertas de la ambulancia se cerraron.

El vehículo desapareció bajo la lluvia.

Douglas se quedó mirando desde el estacionamiento.

Luego sacó el teléfono.

Terrence observó cómo realizaba una llamada.

Poco después, su propio teléfono comenzó a sonar.

—Callahan.

—Soy la central. El doctor Sinclair acaba de denunciar que sus hijas han sido secuestradas.

Terrence cerró los ojos un instante.

—Las niñas llegaron por sus propios medios.

—Lo sé.

—¿La denuncia fue antes o después de que aparecieran aquí?

—Siete minutos antes.

Terrence miró a Douglas.

—Entonces sabía que habían escapado.

—Parece que sí.

Colgaron.

Douglas seguía allí.

Pero ahora Terrence entendía algo.

No había venido a buscar a sus hijas.

Había venido a asegurarse de que no hablaran.

Charlotte permanecía sentada en una habitación segura.

Terrence entró y cerró la puerta.

—¿Recuerdas la fotografía que me enseñaste?

Charlotte asintió.

—¿Quién es la mujer?

—No sé su nombre.

—¿Dónde la viste?

—En nuestra casa.

—¿Qué hacía allí?

Charlotte bajó la voz.

—Le daba cosas a Delilah.

—¿Qué cosas?

—No lo sé.

—¿Y tu padre estaba presente?

—Sí.

Terrence sintió un nudo en el estómago.

—¿Cuándo empezó?

Charlotte miró sus manos.

—Después de que mamá murió.

—¿Y por qué guardaste la jeringa?

—Porque mamá nos enseñó a esconder pruebas.

Terrence se quedó completamente inmóvil.

—¿Tu madre os enseñó eso?

Charlotte asintió.

—Antes de morir, me dijo que papá estaba mintiendo.

—¿Sobre qué?

La niña sacó algo de su bolsillo.

Era una pequeña llave metálica.

—Me dijo que si alguna vez teníamos miedo, buscara una caja azul.

Terrence tomó la llave.

—¿Dónde está esa caja?

Charlotte respondió:

—En la habitación de papá.

Antes de que Terrence pudiera hacer otra pregunta, su radio crepitó.

—Callahan, tenemos resultados preliminares del hospital.

Terrence levantó el dispositivo.

—Adelante.

La voz al otro lado respondió:

—La sustancia encontrada en la sangre de Delilah no corresponde con el medicamento que figura en la receta.

Terrence cerró los ojos.

—¿Qué es?

—Todavía no lo sabemos. El laboratorio está trabajando en ello.

Hubo una pausa.

—Pero hay algo más.

—¿Qué?

—La receta utilizada para retirar el medicamento fue emitida con la identidad profesional de un médico fallecido hace cuatro años.

Terrence miró hacia la ventana.

Douglas seguía en el aparcamiento.

Pero ya no estaba hablando por teléfono.

Estaba mirando directamente hacia la habitación donde Charlotte se encontraba.

Entonces Charlotte se acercó a la puerta.

—Oficial.

Terrence se volvió.

—¿Qué pasa?

La niña tenía lágrimas en los ojos.

—Hay algo que no le dije.

—Puedes decírmelo.

—Papá no quería que Delilah se enfermara.

Terrence frunció el ceño.

—Entonces, ¿qué quería?

Charlotte apretó la pequeña llave entre sus dedos.

—Quería comprobar cuánto tiempo tardaba en hacer efecto.

Terrence sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—¿Comprobar qué?

Charlotte respondió con una voz casi inaudible:

—Una medicina que todavía no ha sido aprobada.

En ese instante, todas las piezas comenzaron a encajar.

La jeringa.

La receta falsa.

La muerte de su madre.

La mujer desconocida.

Y las niñas.

No eran pacientes.

Eran parte de un secreto que alguien había intentado mantener oculto.

Y si Charlotte decía la verdad, Delilah no era la primera niña a la que Douglas Sinclair había utilizado.

Era simplemente la primera que había logrado escapar.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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