Capítulo 2: El vientre vacío – News

Capítulo 2: El vientre vacío

Capítulo 2: El vientre vacío

Capítulo 2: El vientre vacío

La mano de Todd no acarició el vientre de mi hermana.

Lo agarró.

Del borde, como quien agarra una mentira por la esquina. Y tiró.

Se oyó un sonido pequeño, de velcro y de tela cediendo. Y entonces la enorme barriga de Becky —la que había acariciado durante toda la cena, la que llevaba meses creciendo delante de nuestras narices— se desprendió entera y cayó sobre la mesa.

Junto a la mantita rosa.

Junto al nombre de mi hija bordado en hilo dorado.

Era una prótesis. De silicona, color piel, con sus correas. El vientre falso de una mujer que debajo de la blusa ajustada tenía la cintura plana y vacía de siempre.

Nadie habló. Mi madre miraba la prótesis como se mira un cuerpo. Mi esposo, de pie, tenía la mano todavía en el aire, a medio camino de protegerme de algo que ya había explotado.

Becky se abrazó el vientre plano y empezó a llorar sin hacer ruido.

—No hay bebé —dijo Todd, con una voz que le salía rota—. Nunca lo hubo. No desde la semana nueve.

—Todd —susurró Becky—. Por favor.

—Te lo advertí anoche —dijo él—. Te dije: o lo cuentas tú, o paras esta crueldad esta noche. Y has sacado la manta. La manta, Becky. Con su nombre.

Se volvió hacia nosotros. Hacia mí. Y vi que el hombre pálido que se había levantado de la mesa estaba llorando también.

—Perdió al bebé al principio —dijo—. Antes incluso del funeral de Elsie-Rose. Un aborto silencioso, de esos que no dan ni tiempo a despedirse. Se lo contó a una sola persona. —Miró a mi madre—. A su madre. Y entre las dos decidieron… no decirlo.

Mi madre bajó la vista hacia su copa caída.

—Mamá —dije, y mi voz sonó lejana, como si fuera de otra—. ¿Es verdad?

—Tu hermana estaba destrozada —dijo mi madre, rápido, demasiado rápido—. Acabábamos de perder a tu niña. La familia no podía con otro golpe. Pensamos que en unas semanas se lo diríamos a todos, pero luego la gente empezó a felicitarla, a traerle cosas, y ella… ella por fin era la que…

—¿La que qué? —dije.

—La que tenía algo que tú no tenías —dijo Todd.

El silencio se lo tragó todo.

—Ayer llegó un paquete a casa —siguió Todd—. Estaba trabajando y firmé yo. Era la siguiente talla. —Señaló la prótesis sobre la mesa—. Porque las barrigas falsas también crecen por tallas, resulta. Abrí la caja pensando que era una pieza del coche. Y me quedé mirando aquello una hora entera, en el garaje, entendiendo de golpe los meses de ecografías a las que nunca pude acompañarla. De análisis que no podía ver. De «no me toques la tripa, que me da náuseas».

—Te habría dejado —dijo Becky de pronto, mirándome a mí, con la cara descompuesta—. ¿Lo entiendes? Si decía la verdad, volvía a ser la hermana pequeña que todo lo pierde. La que no llega. Contigo siempre fue al revés: la buena, la fuerte, la que mamá presume. Y luego perdiste a tu hija, y por una vez… por una vez la que iba a tener lo que tú no tienes era yo.

—¿Y el nombre? —pregunté. Me temblaba todo el cuerpo—. De todo lo que podías fingir, Becky. ¿Por qué el nombre de mi hija?

—Porque era lo único tuyo que podía quitarte entero —dijo. Y se tapó la cara.

Mi esposo me rodeó con el brazo. No dije nada. No había nada. Me incliné sobre la mesa, entre los platos de la cena, y recogí la mantita rosa. La doblé despacio, con el nombre hacia dentro, contra mi pecho.

—Esto me lo llevo yo —dije—. El nombre no lo va a usar nadie para un disfraz. Era de mi hija. Es de mi hija.

—Nadie te lo está quitando —empezó mi madre.

—¿Nadie? —la corté—. Tú le gritaste a una madre en el funeral de su bebé que dejara de arruinar la felicidad de su hermana. Sabiendo que no había bebé. Sabiendo que no había felicidad ninguna. Solo una prótesis y tu nieta muerta.

El llanto de Becky se hizo más fuerte. Se levantó de golpe, tirando la silla, y antes de salir corriendo del comedor se volvió hacia nuestra madre con un odio que no le había visto nunca, ni siquiera contra mí.

—¡Díselo tú! —gritó—. ¡Diles quién me compró la primera barriga cuando yo quería contarlo todo!

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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