Capítulo 4: El hombre que estuvo allí desde el principio – News

Capítulo 4: El hombre que estuvo allí desde el principio

Capítulo 4: El hombre que estuvo allí desde el principio

Capítulo 4: El hombre que estuvo allí desde el principio

No podía apartar los ojos de aquella fotografía.

El hombre del fondo llevaba la misma chaqueta.

La misma postura.

La misma forma de observar a Nora.

Pero la fotografía había sido tomada ocho años atrás.

El día en que mi hija desapareció.

—¿Quién tomó esta foto? —pregunté.

Clara negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Y cómo llegó hasta aquí?

—Nora me la dio.

Miré a mi marido.

—¿Cuándo?

—Hace seis meses.

Clara señaló una pequeña caja sobre la mesa.

—Me pidió que guardara todo esto hasta que apareciera su madre.

Abrí la caja.

Había fotografías, recibos, dos teléfonos viejos y varias hojas dobladas.

Pero entonces vi algo que me hizo detenerme.

Un recibo de una gasolinera.

La fecha era la del día en que Nora desapareció.

La hora: 17:42.

Mi marido lo tomó.

—La vimos caminar hacia el puesto de helados alrededor de las cinco.

—Exactamente —dije.

Clara señaló el recibo.

—Nora lo encontró entre las cosas de aquel hombre.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué hombre?

—El que la seguía.

—¿Sabes quién era?

Clara negó.

—Pero Nora sí.

Tomé una de las hojas.

Había una lista de nombres.

Algunos estaban tachados.

Otros tenían fechas al lado.

Y uno de ellos no era desconocido para mí.

Rafael Valdés.

Mi apellido de soltera.

Me quedé paralizada.

—¿Quién es Rafael Valdés?

Mi marido me miró.

—No conozco a nadie con ese nombre.

Pero yo sí.

Rafael era mi primo.

Habíamos crecido prácticamente juntos.

Después de la desaparición de Nora, fue una de las primeras personas que se ofreció a ayudarme a buscarla.

Había distribuido fotografías.

Había hablado con periodistas.

Había acompañado a mi familia durante las primeras semanas.

Y había repetido una frase que jamás olvidaría:

“Tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde.”

Miré nuevamente el nombre.

—Rafael.

Clara asintió.

—Nora me habló de él.

—¿Qué dijo?

—Dijo que no confiara en nadie de su familia.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Por qué?

Clara sacó otra fotografía.

Era mucho más reciente.

Nora aparecía sentada en un banco.

Parecía tener unos veintidós años.

A su lado había una mochila.

Y detrás, escrito en una pared, había un número.

17.42

Mi marido frunció el ceño.

—La hora del recibo.

—Sí.

Entonces escuchamos un ruido afuera.

Los tres nos quedamos inmóviles.

Un automóvil acababa de detenerse frente a la casa.

Clara palideció.

—No puede ser.

—¿Qué pasa? —pregunté.

Se acercó a la ventana y miró discretamente.

—Es él.

—¿Quién?

Clara no respondió.

Mi marido se acercó a la puerta.

—Tenemos que llamar a la policía.

Pero Clara negó rápidamente.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si llaman ahora, él sabrá que ustedes encontraron a Nora.

—¡Eso es exactamente lo que queremos! —dije.

Clara me tomó del brazo.

—No entiende.

—Explícame.

—Nora no está escondiéndose de ustedes.

Miró hacia la ventana.

—Está escondiéndose de él.

Un automóvil volvió a arrancar.

Desapareció por la carretera.

Esperamos varios minutos antes de movernos.

Entonces Clara sacó un pequeño teléfono de la caja.

—Nora me pidió que se lo entregara solamente si usted encontraba la fotografía.

—¿Qué hay dentro?

—Un mensaje de voz.

Encendió el teléfono.

Durante unos segundos solo se escuchó ruido.

Después escuché una voz.

La voz de mi hija.

—Mamá…

Me llevé una mano a la boca.

Era ella.

Más madura.

Más grave.

Pero era Nora.

—Si estás escuchando esto, significa que finalmente encontraste la casa.

Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro.

—Sé que quieres venir a buscarme. Sé que llevas ocho años haciéndolo.

Hizo una pausa.

—Pero antes necesito que entiendas algo.

Respiró profundamente.

—No desaparecí porque quisiera dejarte.

Cerré los ojos.

—Desaparecí porque alguien me convenció de que si volvía a casa, tú serías la siguiente.

Mi marido se quedó completamente inmóvil.

La grabación continuó.

—El hombre que me siguió aquella tarde no trabajaba solo.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—Había alguien dentro de nuestra familia.

La grabación terminó.

Clara miró el teléfono.

—Hay otra parte.

La reprodujo.

Esta vez Nora hablaba más rápido.

—Mamá, si alguna vez encuentras mi ropa, significa que él sabe que estás cerca.

Miré la prenda turquesa que llevaba Elena en mi mente.

La misma que había iniciado todo.

Nora continuó:

—No busques a Rafael.

Mi respiración se detuvo.

—Él no es quien crees.

Mi marido me miró.

Entonces la voz de Nora bajó hasta convertirse casi en un susurro.

—El hombre que me llevó de aquella playa…

Pausa.

—…es alguien a quien tú misma viste después de mi desaparición.

La grabación terminó.

No pude hablar.

Mi marido fue quien preguntó:

—¿A quién?

Clara negó con la cabeza.

—No lo sé.

Miré nuevamente las fotografías.

Pensé en los primeros días.

La policía.

Los socorristas.

Los periodistas.

Los vecinos.

Los familiares.

Todos los que habían venido a nuestra casa.

Todos los que habían dicho que querían ayudar.

Y entonces recordé una persona.

Una persona que había estado allí el día después de la desaparición.

Una persona que había abrazado a mi marido.

Una persona que había llorado conmigo.

Una persona que incluso había participado en una rueda de prensa.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—No puede ser.

Mi marido me miró.

—¿Qué?

Le dije el nombre.

Él también se quedó pálido.

Porque ambos recordábamos perfectamente dónde estaba aquel hombre cuando Nora desapareció.

No estaba en la playa.

Estaba con nosotros.

En nuestra propia casa.

Entonces mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Solo había una fotografía.

Era reciente.

Nora aparecía sentada frente al mar.

Viva.

Mirando directamente a la cámara.

Debajo de la imagen había una frase:

“Ya sabe demasiado. Ahora depende de usted si quiere verla de nuevo.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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