CAPÍTULO 3: EL PLAN QUE HABÍAN PREPARADO A MIS ESPALDAS
CAPÍTULO 3: EL PLAN QUE HABÍAN PREPARADO A MIS ESPALDAS
Durante varios minutos, no pude apartar los ojos de aquella frase.
«Cuando Claire vuelva de su próxima misión, debemos asegurarnos de que Margaret ya no tenga ninguna influencia sobre los niños».
Volví a leerla.
Después miré a mi madre, que estaba sentada junto a Emma y Oliver en el comedor. Mi hija coloreaba un dibujo mientras mi hijo le enseñaba a la abuela su dinosaurio favorito.
Aquellas personas no solo habían maltratado a Margaret.
Habían intentado convertirla en una amenaza para mis propios hijos.
—Eleanor, quiero saber exactamente qué significa este documento.
Mi abogada abrió el archivo en su ordenador.
—Primero debemos verificar su autenticidad. Pero si estos mensajes son reales, podrían demostrar que Ryan y Vivian estaban preparando una estrategia para desacreditar a tu madre y posiblemente utilizarla en una disputa por la custodia.
—¿Y por qué aparece mi próxima misión?
Eleanor amplió la conversación.
—Porque conocían tus movimientos.
Sentí un escalofrío.
Mis asignaciones militares no eran información que compartiera con cualquiera. Ryan sabía que viajaba por motivos profesionales, pero nunca le había explicado detalles operativos.
—¿Crees que alguien de mi entorno les proporcionaba información?
—No podemos afirmarlo todavía. Pero vamos a investigarlo.
En ese momento recibí un mensaje de Daniel Foster.
«Hay algo que no le he contado. Ryan me pidió que consiguiera información sobre sus ingresos militares y sus beneficios. También quería saber qué ocurriría con sus propiedades si usted permanecía fuera del país durante varios meses».
Le respondí inmediatamente:
«¿Cuándo ocurrió eso?».
Su contestación llegó casi al instante.
«Hace ocho meses. Y no fue una conversación aislada».
A la mañana siguiente, Eleanor y yo nos reunimos con Daniel en una oficina privada.
Era un hombre de unos cincuenta años, antiguo empleado de una compañía de seguridad que había trabajado con Ryan en varios contratos.
Puso una memoria USB sobre la mesa.
—Guardé estos archivos porque algo me pareció extraño —explicó—. Ryan me dijo que necesitaba protegerse económicamente en caso de que su matrimonio terminara.
—¿Y qué tenía que ver mi información militar con eso? —pregunté.
Daniel bajó la mirada.
—Me dijo que usted ganaba mucho más de lo que aparentaba y que probablemente tenía propiedades que él desconocía.
Eleanor abrió uno de los archivos.
Apareció una hoja de cálculo con mis datos financieros, fechas aproximadas de mis misiones, propiedades y cuentas conocidas.
No todo era correcto, pero había suficiente información para demostrar que alguien había estado investigándome.
—¿Quién preparó esto? —preguntó Eleanor.
Daniel señaló una columna.
—Una empresa llamada Northbridge Advisory.
Eleanor dejó de mover el ratón.
—¿Northbridge? ¿La compañía que administra ciertos activos inmobiliarios?
—No lo sé. Ryan me dijo que era una consultora.
Mi abogada hizo una captura de pantalla.
—Voy a verificarla.
Entonces Daniel abrió otro archivo.
Era un correo enviado por Vivian a Ryan.
«No puedes seguir esperando. Si Claire continúa ausentándose, tenemos que demostrar que los niños necesitan una figura materna estable en casa. Margaret es demasiado mayor y su enfermedad nos ayudará a demostrarlo».
Sentí que la sangre me hervía.
Mi madre tenía sesenta y siete años, padecía artritis reumatoide y había dedicado toda su vida a cuidar de los demás.
Ellos pretendían utilizar precisamente su enfermedad como argumento para separarla de mis hijos.
—¿Hay más? —pregunté.
Daniel asintió.
—Sí. Este correo es posterior.
En la pantalla apareció una respuesta de Ryan.
«Primero necesitamos que Claire firme la autorización sobre la casa. Después podremos ocuparnos de Margaret. Si ella se niega, Vivian sabe cómo hacer que parezca incapaz de cuidar a los niños».
Eleanor imprimió ambos mensajes.
—Esto cambia bastante las cosas.
—¿En qué sentido?
—Ya no estamos investigando únicamente un posible caso de maltrato. Hay indicios de un plan financiero y de una posible estrategia para influir en una futura disputa familiar.
Miré a Daniel.
—¿Por qué decidió ayudarme?
Él tardó en contestar.
—Porque tengo una hija de la misma edad que Emma. Y porque Ryan me pidió una vez que encontrara una forma de hacer que usted pareciera inestable si se negaba a cooperar.
No dije nada.
Aquello era mucho peor de lo que había imaginado.
Al regresar a casa, encontré a Margaret en la cocina.
Estaba sentada en una silla, con una taza de té entre las manos.
—¿Cómo te encuentras, mamá?
—Mucho mejor.
Me acerqué y le besé la frente.
—Necesito preguntarte algo. ¿Vivian habló alguna vez contigo sobre los niños y mi trabajo?
Margaret dejó la taza sobre la mesa.
—Sí.
Me senté frente a ella.
—Cuéntamelo todo.
—Unos días después de que te marcharas, Vivian me preguntó cuánto tiempo solías estar fuera. Le dije que dependía de tus obligaciones. Entonces empezó a decir que los niños necesitaban una madre presente.
—¿Y qué le respondiste?
—Que tú siempre habías sido una buena madre, aunque tu trabajo te llevara lejos algunas veces.
Margaret respiró profundamente.
—Después me preguntó si yo estaría dispuesta a firmar unos documentos para que Ryan pudiera tomar decisiones por los niños mientras tú estuvieras fuera.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué documentos?
—No lo sé. Me dijo que eran papeles familiares. Pero cuando le pedí leerlos, se enfadó.
—¿Te obligaron a firmar algo?
—No. Me negué.
Me levanté lentamente.
—¿Y qué pasó después?
Mi madre comenzó a llorar.
—Vivian me agarró del brazo y me dijo que no olvidara quién pagaba la comida que yo estaba comiendo. Ryan estaba en la puerta. Le pedí que interviniera, pero simplemente se marchó.
Me arrodillé frente a ella.
—Mamá, lo siento muchísimo.
—No, Claire. Tú no tienes la culpa.
—Debí haberme dado cuenta antes.
Me abrazó con sus brazos doloridos.
—Solo quería que tus hijos tuvieran una familia feliz.
Cerré los ojos.
—La van a tener. Pero nunca más a costa de tu sufrimiento.
Esa misma tarde, Eleanor consiguió una respuesta sobre Northbridge Advisory.
La empresa estaba registrada a nombre de una sociedad privada cuyo beneficiario principal era Vivian.
Pero había otro nombre relacionado con ella.
Thomas Reed.
El abogado que había acompañado a Ryan a la mansión.
Eleanor revisó varios registros mercantiles y encontró una segunda sociedad vinculada a la misma dirección.
—Claire, esto no parece una simple consultora —dijo—. La empresa ha recibido transferencias de varias cuentas relacionadas con tu marido.
—¿Cuánto dinero?
Me mostró una tabla.
Las transferencias se habían realizado durante dieciséis meses.
No eran cantidades enormes individualmente, pero juntas superaban los ciento ochenta mil dólares.
—¿De dónde salió ese dinero?
—Estamos rastreándolo. Parte parece proceder de una cuenta conjunta. Otra parte podría proceder de fondos personales de Ryan.
—¿Y qué compraron?
Eleanor abrió un documento adicional.
Era una solicitud para constituir una sociedad inmobiliaria.
La dirección indicada correspondía a una propiedad que yo había comprado antes de casarme.
La propiedad estaba protegida legalmente y no pertenecía a Ryan.
Sin embargo, alguien había preparado documentos para intentar incluirla como activo de una futura empresa.
—Han estado intentando utilizar mis bienes sin mi autorización.
—Eso parece.
Entonces recordé algo.
—Ryan me pidió que firmara unos documentos hace cuatro meses. Dijo que eran actualizaciones de nuestro seguro y de los registros familiares.
Eleanor levantó la mirada.
—¿Los firmaste?
—No. Me pareció extraño que insistiera tanto y le dije que los revisaría después.
Mi abogada extendió la mano.
—¿Conservas esos documentos?
—Creo que sí. Están en el despacho de la otra casa.
Eleanor cerró la carpeta.
—No volverás allí sola. Mañana iremos acompañadas y recuperaremos todo lo que pueda servir como prueba.
A las nueve de la noche, Ryan apareció nuevamente.
Esta vez no gritó ni golpeó el portón.
Se quedó frente a la cámara con un ramo de flores.
—Claire, por favor. Solo quiero hablar contigo.
No respondí.
—Sé que estás enfadada. Mi madre cometió errores, pero no podemos destruir siete años de matrimonio por esto.
Miré la pantalla.
—¿Qué errores cometió Vivian?
—Ya sabes cómo es. Tiene un carácter difícil.
—¿Y los hematomas de mi madre también son un problema de carácter?
Ryan bajó la mirada.
—No sabía que estaba tan mal.
—La viste llorar. La viste trabajar con las manos hinchadas. La viste pedir ayuda.
—Claire, estaba intentando evitar discusiones.
—No. Estabas intentando evitar enfrentarte a tu madre.
Ryan dejó las flores en el suelo.
—He hablado con un abogado. Dice que no puedes impedirme ver a mis hijos.
—Eso lo decidirán los procedimientos legales y las autoridades competentes. Mientras tanto, cualquier contacto se organizará de forma apropiada y segura.
Su rostro se endureció.
—¿Vas a utilizar tu rango militar para intimidarme?
Me acerqué al micrófono.
—Mi rango no tiene nada que ver con esto. No necesito ser coronel para proteger a mis hijos.
Ryan guardó silencio.
Después dijo algo que me hizo comprender que todavía no había contado toda la verdad.
—Si sigues investigando Northbridge, vas a destruir a personas que no tienen nada que ver con lo que pasó en esa casa.
—¿Por qué te preocupa tanto esa empresa?
No contestó.
—Ryan, ¿qué hiciste con el dinero?
Él retrocedió un paso.
—No sabes de qué estás hablando.
—Entonces no tendrás ningún problema en explicárselo a los investigadores.
Su expresión cambió por completo.
—No sabes quién está detrás de todo esto, Claire.
La comunicación se cortó.
Eleanor llegó a mi lado unos minutos después.
—¿Has escuchado lo que acaba de decir?
Asentí.
—Sí. Y creo que tiene miedo.
—¿De ti?
Miré las flores abandonadas frente al portón.
—No. De alguien más.
Mi teléfono vibró.
Era Daniel.
Había enviado un último archivo que acababa de recuperar de una cuenta antigua de la empresa.
El asunto del correo decía:
«INSTRUCCIONES PARA LA FASE FINAL».
Lo abrí.
El remitente era Vivian.
El destinatario era Ryan.
Pero había una tercera persona copiada en el mensaje.
Thomas Reed.
El texto decía:
«Cuando Claire regrese, no debemos enfrentarnos directamente a ella. Primero conseguiremos que firme los documentos. Si se niega, utilizaremos la situación de Margaret para cuestionar su capacidad de tomar decisiones familiares. Ryan debe mantener la calma y fingir que solo quiere proteger a los niños».
Debajo aparecía una respuesta de Ryan:
«Entendido. Pero ¿qué hacemos si descubre quién financió realmente Northbridge?».
La respuesta de Vivian era breve:
«Entonces tendremos que asegurarnos de que nunca llegue a ver el contrato original».
Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza.
Eleanor leyó el mensaje por encima de mi hombro.
—¿Qué contrato original?
No lo sabía.
Pero, antes de que pudiera responder, Daniel envió una fotografía.
Era la imagen de un documento firmado por Ryan, Vivian y Thomas Reed.
En la parte superior aparecía el nombre de una institución financiera.
Y en la última página había una cláusula que me dejó sin aliento:
«En caso de ausencia prolongada o incapacidad de la coronel Claire Bennett, la administración temporal de determinados bienes y decisiones familiares podrá transferirse al señor Ryan Bennett».
Ryan no había estado esperando simplemente mi regreso.
Había preparado un mecanismo para aprovechar mi ausencia.
Y lo peor era que el documento llevaba una fecha de ocho meses atrás, justo tres semanas antes de que me enviaran al Pentágono.
Entonces comprendí algo terrible.
Mi última misión quizá no había sido una coincidencia para ellos.
Alguien llevaba meses esperando el momento en que yo desapareciera de casa.