Capítulo 4 — El hombre que recordaba demasiado – News

Capítulo 4 — El hombre que recordaba demasiado

Capítulo 4 — El hombre que recordaba demasiado

Capítulo 4 — El hombre que recordaba demasiado

Durante varios segundos, ninguno de los dos se movió.

Yo recordaba perfectamente aquel rostro.

El profesor Harris.

Había sido responsable del anuario durante mi último año.

También había sido la persona que me hizo sentir que mi aspecto era algo de lo que debía avergonzarme.

Él se acercó lentamente.

—No sabía que vendrías.

—Yo tampoco sabía que estaría aquí.

Miró hacia el panel.

Su expresión cambió al ver mi fotografía.

—Eso no debería estar ahí.

Jessica bajó la mirada.

—Yo lo puse.

El profesor Harris negó con la cabeza.

—No. No me refiero a la fotografía.

Señaló el texto que había debajo.

—Eso nunca debió imprimirse.

El salón quedó en silencio.

—¿Qué sabes de esto? —pregunté.

El profesor suspiró.

—Más de lo que debería.

Alison se cruzó de brazos.

—Entonces cuéntaselo.

Harris miró a todos.

—Hace veinte años, alguien utilizó el sistema del anuario para crear una página falsa.

—¿Una página falsa?

—Una página que nunca debía formar parte del anuario oficial.

Miré nuevamente mi fotografía.

—¿Esta?

—Sí.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién la creó?

Harris guardó silencio.

Jessica comenzó a llorar.

—Fui yo.

El profesor la miró.

—Tú creaste el archivo. Pero alguien lo modificó después.

Jessica levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Yo encontré la versión original antes de imprimir el anuario.

Todos se miraron.

—La fotografía de ella no tenía ningún comentario ofensivo.

Miré al profesor.

—Entonces, ¿quién añadió los textos?

Harris respiró profundamente.

—Un estudiante entró en mi ordenador.

Daniel dio un paso adelante.

—¿Quién?

Harris miró hacia el fondo del salón.

Todos siguieron su mirada.

Y entonces reconocí al hombre que estaba allí.

Thomas.

Uno de los chicos más populares del instituto.

En aquel momento había sido el capitán del equipo de fútbol.

Y también el chico que más se había burlado de mí.

Thomas negó con la cabeza.

—No.

Harris continuó:

—Lo vi aquella noche.

Thomas se quedó inmóvil.

—Entró al aula cuando todos se habían ido.

—Eso es mentira —respondió Thomas.

—No lo es.

El profesor sacó una carpeta que había llevado consigo.

—Guardé una copia del registro del ordenador.

La abrió.

—La modificación se realizó a las 10:43 de la noche.

Thomas dio un paso atrás.

—Eso no demuestra que fuera yo.

—No —dijo Harris—. Pero la cámara del pasillo sí.

Todos quedaron en silencio.

Thomas palideció.

—¿Tienes esa grabación?

—La escuela la conservó durante varios años.

—¿Y por qué nunca dijiste nada?

La pregunta salió de mi boca.

Harris me miró.

—Porque cometí un error.

—¿Qué error?

—Pensé que aquello terminaría después de la graduación.

Bajó la cabeza.

—No entendí cuánto daño podía causar.

Lo miré fijamente.

—Yo sí.

Thomas empezó a caminar hacia la puerta.

Pero Daniel se interpuso.

—No tan rápido.

Thomas lo miró con furia.

—Apártate.

—Durante veinte años pensaste que nadie sabría lo que hiciste.

Thomas soltó una risa amarga.

—¿Y qué quieres? ¿Que me arrodille?

—No.

Daniel señaló hacia mí.

—Queremos que le digas la verdad.

Thomas me miró.

Durante unos segundos pareció luchar consigo mismo.

Finalmente habló.

—Sí.

Su voz era apenas un susurro.

—Fui yo.

Nadie se movió.

—Yo hice los cambios.

Sentí un peso enorme en el pecho.

—¿Por qué?

Thomas bajó la mirada.

—Porque todos se reían de ti y yo quería que siguieran haciéndolo.

—¿Y la foto?

—La amplié.

—¿Y el texto?

—Lo escribí.

Respiré profundamente.

Había esperado ese momento durante veinte años sin saberlo.

Pensé que sentiría satisfacción.

Pero no.

Solo sentí cansancio.

—¿Sabes qué es lo más extraño? —le dije.

Thomas levantó la mirada.

—Durante años pensé que había algo malo en mí.

Él permaneció callado.

—Pensaba que si cambiaba mi cuerpo, mi ropa, mi cabello o mi forma de hablar, finalmente dejarían de odiarme.

Miré a todos.

—Pero ahora entiendo que nunca se trató de mí.

Alison sonrió ligeramente.

—Exactamente.

Tomé aire.

—Se trataba de ustedes.

Nadie respondió.

Entonces Thomas preguntó:

—¿Puedes perdonarme?

Lo miré.

No sentía que pudiera darle una respuesta sencilla.

—No sé.

Él asintió.

—Lo entiendo.

—Pero tampoco voy a seguir cargando con lo que hiciste.

Me acerqué al panel.

Arranqué mi fotografía.

El papel se rasgó por la mitad.

Después lo doblé y lo dejé sobre la mesa.

—Esta noche no vine para demostrarles nada.

Miré a Alison.

—Vine porque quería saber por qué nunca me invitaron.

Y ahora tenía mi respuesta.

Pero cuando estaba a punto de marcharme, Alison me sujetó suavemente del brazo.

—Espera.

—¿Qué ocurre?

Señaló una pequeña carpeta que había quedado debajo del panel.

—Eso estaba detrás de tu fotografía.

La recogí.

En la portada había una fecha.

Tres meses después de nuestra graduación.

La abrí.

Dentro había una carta.

Reconocí inmediatamente la letra.

Era del profesor Harris.

Y la primera línea decía:

“Si algún día ella vuelve a preguntar qué ocurrió aquella noche, tendrá derecho a conocer toda la verdad.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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